El evangelio «gospel», el show de la profanación

Actualmente, ya es bastante común que las iglesias evangélicas tengan un «Ministerio de Danza». En estos bailes se usan canciones electrónicas, iluminación y sonido de discoteca. Una reunión sin predicación, danzas sensuales o bebida alcohólica, y que aún así, es éxito de público.

Los asistentes se dirigen a esos lugares, y bailan al sonido de rock, funk, salsa, y los famosos remixes de grandes éxitos de la música cristiana. Dicen los jóvenes, que el objetivo de estos bailes es la Evangelización, que la gente conozca a Dios a través de bandas o incluso a través de los DJs que tocan tales canciones.

Muchos cristianos (cristianos?) de nuestro tiempo han usado el adjetivo «gospel» para «santificar» actitudes, posturas, comportamientos, conductas y eventos que antes estaban relacionados a personas que no conocen el Evangelio. Se parte de la premisa de que el creyente tiene libertad para hacer lo que quiera y divertirse de la manera que entienda -a pesar de imitar el mundo-, y nadie tiene nada que ver con eso. Como se desprende de la lectura de este artículo, «gospelizar» es, supuestamente, «hacer evangélico». Una vez «gospelizado», lo que una vez era considerado pecaminoso puede ser practicado libremente, sin peso de conciencia. El lema de los creyentes de la «generación gospel» es: «Vamos a disfrutar de la vida. Al fin y al cabo, para Jesús no esta mal».

Los líderes y miembros de las iglesias «gospelizadas» se conformaron con el mundo. Sus cantantes se inspiran en astros mundanos, como declaró hace algún tiempo el integrante de una famosa banda gospel: «La gente escucha a Bob Marley, pero sólo para informarse». La tónica de los mensajes «evangelísticos» predicados en esas iglesias es: «Venga como está y quédese como quiera«.

Pero, ¿qué dice la Biblia acerca del espectáculo evangélico y clubes gospel?

¿Será éste el método de Dios para alcanzar a los jóvenes? Jesucristo descendió a la tierra, se mezcló con los peores pecadores, convivió con ellos, pero nunca rebajó sus normas y patrones para conquistarlos. A pesar del profundo respeto que merecen todos los cristianos adeptos de esas fiestas, debo decir que Dios reprueba el evangelio-show! ¿Por qué? En primer lugar, porque colocar una letra sacra en una música secular, a ejemplo del rock, pop, etc, y luego hacer que los jóvenes bailan es un sacrilegio, blasfemia, profanación. Desgraciadamente la inmensa mayoría de aquellos que hacen esta simbiosis, no son conscientes de que el resultado es un mensaje contradictorio. No entienden que la letra religiosa no santifica un estilo musical profano, ¿Dónde está el mensaje de la Biblia cuando rebajamos nuestras normas? ¿Podremos convertir el mundo trayendo música mundana a la iglesia? La mezcla de palabras religiosas con estilos musicales seculares, creados con un propósito contrario a los valores cristianos, es comparable al pecado de Nadab y Abiú, que introdujeron «fuego extraño» en el santuario (Levítico 10: 1, 2). El Señor no toleró tal proceder, y explicó que los líderes deben tener la mente lúcida «para discernir entre lo santo y lo profano» (Levítico 10:10). Aparentemente este texto sugiere de forma enfática que, si deseamos las bendiciones de Dios, no sólo debemos hacer una diferencia entre lo santo y lo profano, especialmente en la música, mas debemos apartarnos de lo que Dios no acepta. Me sorprendo con la claridad de las palabras de la escritora cristiana, Elena G. White.

«La conformidad a las costumbres mundanas convierte la iglesia al mundo; nunca convierte el mundo a Cristo»(El Gran Conflicto, página 509).

El método aprobado por Dios para el evangelismo es la «locura de la predicación» (1 Corintios 1:21). Él nos dio el ministerio de la reconciliación. (2 Corintios 5:18). Nuestra responsabilidad es no contaminar este mensaje con lenguajes mundanos, como la música rock. No hay necesidad de la manipulación y excitación de la música rock, en los clubes gospel, para salvar a la gente. El evangelismo ha sido grandemente auxiliado por una música semejante a Cristo presentada por ejecutantes semejantes a Cristo, pero al final es la proclamación de la Palabra de Dios, acompañada por el poder convincente del Espíritu Santo que trae a las personas a una relación de salvación con Jesús Cristo. Nuestros esfuerzos evangelísticos deben centrarse en la Roca Eterna, en lugar de la música rock de nuestra época.

Muchos adolescentes están tan inmersos en la música rock que un club gospel donde esta música es tocada les proporciona una salida para disfrutar de su música sin la condena de sus padres o de la iglesia.

Segundo, porque el Evangelio debe ser comunicado, no de la manera que la gente desea oírlo, sino de la manera que necesitan oírlo. El evangelio del entretenimiento no produce discípulos de Jesús, como ordena la Palabra del Señor, literalmente, en Mateo 28.19: «haced discípulos a todas las naciones». Los conciertos gospel populares no apelan mucho por un compromiso moral o espiritual. Principalmente ofrecen a los jóvenes lo que quieren – entretenimiento.

Abran sus Biblias en 2 Crónicas 20.18. ¿Vencómo Josafát se postró con el rostro en tierra, adorando a Dios? Ahora, abran en 2 Crónicas 29.29 y Nehemías 8.6. Después, en Job 1.20 y Salmos 95.6. Lean conmigo también Mateo 2:11, acerca de los magos de Oriente: «y, postrándose, lo adoraban«.

¿Dónde está la adoración extravagante, tan festejada por los seguidores del evangelio-show? En todos los pasajes citados acerca de la adoración, ella es acompañada de postración, quebrantamiento, llanto, humillación. «Es el verdadero producto del adorador, y no los espectáculos con luces coloridas, danzas, canciones de autoayuda, estrellato, «caer en el Espíritu «, gritos frenéticos, ritmos electrizantes, falsas profecías y otras futilidades!

Finalmente, el «nuevo placer» puede llevar a una adoración hedonista, que es otra forma de idolatría – adorando la experiencia, no a Dios. Por lo tanto, el hedonismo gospel es el evangelio de la profanación !!!

Dios reprueba el evangelio-show porque éste ofrece al pueblo lo que él desea, al igual que hizo Aarón (Éx. 32.1-6). Por influencia de este falso evangelio, los cultos no tienen más espacio para la exposición de la Palabra de Dios. Al menos dos tercios de las reuniones de «adoración» se rellenan con cántico, música e irreverencia. Pero el Señor ha levantado hombres y mujeres que, al igual que Moisés, han dado a su pueblo lo que él necesita (Éxodo 32.7-35).

¡Volvamos a adorar al Señor Jesús en nuestras iglesias! Con menos canción y más alabanza. Con menos triunfalismo y más predicación cristocéntrica. Con menos sofisticación y más simplicidad. Con menos comportamiento gestual y más quebrantamiento del corazón. Con menos relajación y más arrepentimiento.

El problema es que muchos hoy tienen ganas de saltar, bailar, gritar, correr… Y no tienen ganas de andar según las Escrituras. A ellos les gusta escuchar gritos frenéticos.. Pero cuando alguien los invita a abrir las Escrituras, tuercen la nariz y piensan: «Ahí viene con esa charla de lo bueno y malo».

¿Usted también está cansado de esa «charla» de lo bueno y lo malo, querido amigo? Dios quiere que nos humillamos ante Él: «si mi pueblo, que se llama por mi nombre, se humilla […] entonces yo oiré de los cielos» (2 Cr. 7.14).

SHOW significa dar a la gente lo que quieren: la satisfacción de la carne. Culto significa dar a Dios lo que le pertenece: toda la alabanza.

Por Ricardo André

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