La Verdad acerca de Elena de White y la Navidad

¿Estaba Elena G. de White contra la Navidad?
Por: Daniel A. Mora

En el mes de diciembre algunos grupos independientes y otros con tintes disidentes, traen el mismo problema a nuestras iglesias: “La Navidad es una festividad pagana”, “no debemos poner árbol o decoraciones navideñas en las iglesias”, entre otras cosas.  Y tratan de poner el asunto como un punto de doctrina, porque estos “maestros” creen tener el derecho de imponer pruebas de discipulado y parámetros de salvación que no están contenidos en las Escrituras o los Testimonios.

Sin embargo, cuando se revisan sus presupuestos y argumentos, se hace evidente los baches y los huecos que tienen. En este documento, se aportara la visión de lo que Elena G. de White dijo sobre esta festividad. Antes de esto, es necesario recordar algunos principios básicos de la hermenéutica: [1] Buscar TODO lo que el autor dijo sobre el tema, antes de llegar a una conclusión; [2] CONSIDERAR el contexto (interno y externo), para tener un panorama claro; e [3] intentar DETERMINAR si el consejo del profeta es para establecer un principio o un patrón variable de conducta (norma).

La Navidad

El término “Christmas” [Navidad] en los escritos de Elena G. de White, aparece unas 260 veces en inglés.[1] La mayoría de cartas con este término fueron escritas entre las décadas de 1860 a 1890, y otras pocas en 1900. Me enfocaré en las cartas que tienen un contenido específico sobre la festividad, ya que hay algunas que solo registran un acontecimiento en esa fecha, por ejemplo: White escribió que “en la noche de navidad” de 1866, recibió una visión sobre como Dios estaba guiando su trabajo misionero.[2]

A diferencia de aquellos que ven la navidad como una costumbre pagana, Elena G. de White tenía otra opinión. En un artículo publicado en la Review and Herald, con fecha del 11 de diciembre de 1879, ella escribió:

El día de Navidad, es un precioso recordatorio del sacrificio hecho en favor del hombre, no debe ser dedicado a la gula y la autocomplacencia, exaltándose así a la criatura por encima del Creador. Deje a quienes están participando de este gran espectáculo de la salvación que tenemos una cierta apreciación de este don, rindiendo a Dios nuestras ofrendas de agradecimiento.[3]

El contexto de este artículo, es sobre la festividad decembrina. White escribió sobre el verdadero sentido de la Navidad y aconsejo alejarse del despilfarro en ostentoso regalos y prendas de vestir innecesarias.[4] “Aconsejamos a todos nuestros hermanos y hermanas para hacer una reforma decidida en lo que respecta a estos días festivos.”[5] El objetivo debería ser que cada “joven y anciano” den ofrendas para el progreso del triple mensaje angélico. Ella, señala:

Busquemos representar fielmente a Cristo en los próximos días festivos imitando su ejemplo como él que anduvo haciendo el bien… Que en nuestros principios de acciones se eleven por encima de las costumbres y modas del mundo. Cristo vino a nuestro mundo para elevar las mentes de los hombres al nivel divino, y para ponerlas en simpatía con la mente de Dios.[6]

Nótese, que Elena G. de White no está condenando la navidad, sino definiendo su correcta celebración. No es para la complacencia propia, sino para recordar el sacrificio de Cristo, es decir, el don inmerecido del Hijo de Dios que vino a esta tierra para redimirnos: “El regalo de Dios y de Cristo al hombre llenó todo el cielo con asombro, e inspiró en su nacimiento la canción angelical, ‘Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.’”[7] Este es el principio que se delinea en este artículo de 1879, la idea se repetirá en otros manuscritos.

1.1. Alejarse del mundo

¿Qué significa alejarse del mundo? Algunos consideran que esto debe interpretarse como total abstinencia. En el caso de la Navidad, sería la supresión completa de la fiesta y la abstinencia de usar un árbol o decoraciones. Sin embargo, Elena G. de White tenía una definición más amplia y otro pensamiento diferente.

En un manuscrito titulado “How Shall We Celebrate Christmas and the New Year”,[8] White citó diferentes textos bíblicos para hablar sobre la imposibilidad de la relación entre un cristiano y el mundo (2 Co 6:17-18; Stg 4:4; Jn 15:18-20). La diferencia entre un cristiano al incrédulo es el motivo. Mientras el mundo hace de estas festividades un medio “para la complacencia personal”, los cristianos lo ven como un medio para ayudar a otros y un recordatorio de su verdadero significado. Por ejemplo, White comenta sobre Thanksgiving Day [Día de Acción de Gracias]:

…se desviaron de su debido rumbo y se hace un día de fiesta y gula. ¿Es un día para llenar sus mesas de lujos y cargarlas hasta abajo con dulces y condimentos para usted y los suyos? Cristo dijo: “Más cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.” Lucas 14: 13-14.[9]

¿Debe eliminarse la celebración de Acción de Gracias? ¡No! Ella, habla de seguir celebrado esta fecha, haciendo uso correcto de la misma y con los motivos más elevados: “En lugar de hartarse a sí mismos con las cosas buenas de esta vida, vamos a acercarnos a Dios y démosle, en ese día, un regalo en agradecimiento por su bondad, y así tener un día de acción de gracias genuino para Dios”.[10]

Respecto a la Navidad, en este mismo manuscrito, Elena G. de White señaló como es que nos alejamos del mundo en la forma como la celebramos:

¿Cuántos mantendrán correctamente la Navidad? Los ricos traen regalos a sus amigos, pero son ricos todavía. Entonces, ¿cómo puede ser esto un sacrificio para ellos? En ese caso, ¿qué debemos hacer para agradar a Dios? Te lo diré. Si desea guardar este día como se debe, llame a los pobres y necesitados, y si les falta algo, supla lo que ellos necesitan.[11]

El alejarse del mundo, significa celebrar la Navidad en su forma correcta. Es un día para recordar y exaltar la consumación del plan de salvación en Cristo:

Cristo debe ser el objeto supremo; pero en la forma en que se ha estado observando la Navidad, la gloria se desvía de él hacia el hombre mortal, cuyo carácter pecaminoso y defectuoso hizo necesario que el Salvador viniese a nuestro mundo. Jesús, la Majestad del cielo, el Rey del cielo, depuso su realeza, dejó su trono de gloria, su alta investidura, y vino a nuestro mundo para traer auxilio divino al hombre caído, debilitado en su fuerza moral y corrompido por el pecado.[12]

El contexto de los manuscritos y artículos que abordan el tema de la Navidad, arrojan claros principio, los cuales también son aplicables a otras celebraciones como los cumpleaños:

Nuestros cumpleaños, nuestra Navidad y las fiestas del Día de Acción de Gracias con demasiada frecuencia se dedican a la gratificación egoísta, cuando en cambio la mente debería dirigirse hacia las misericordias y la amante bondad de Dios. A Dios le desagrada que su bondad, su cuidado constante y su amor incesante no sean recordados en estas ocasiones.[13]

1.2. Acercarse al prójimo

Elena G. de White, consideraba la Navidad como un tiempo especial para compartir con familiares, amigos y aún desconocidos:

Se acerca la época de las fiestas con su intercambio de regalos, y tanto los jóvenes como los adultos consideran atentamente qué pueden dar a sus amigos en señal de afectuoso recuerdo. Por insignificantes que sean los regalos, es agradable recibirlos de aquellos a quienes amamos. Constituyen una demostración de que no nos han olvidado, y parecen estrechar un poco más los lazos que nos unen con ellos.[14]

Durante su vida, White disfrutaba enviar regalos a las familias de sus hijos, pastores, administradores, misioneros y amigos. El 14 de diciembre de 1867, ella envió un regalo navideño para su hijo Edson White –quien estaba pasando un mal momento económico y le aconseja no “gastar un centavo” en regalos que no podía costear- deseándole que en el nuevo año que va a comenzar, pueda estar asido en Cristo.[15] Unas semanas después, el 29 de diciembre, envió otros regalos.[16]

En 1873, Elena G. de White lamentó no poder compartir con Lucinda y su familia en Navidad, por motivos de viaje. Pero, envió a los niños de este matrimonio regalos:

Manténte de buen ánimo, Lucinda. Espero que nos veas dentro de una semana, después del lunes. Ellos se aferraron a Jaime hasta el ultimo minuto, y nadie parecía más precupado que tu padre, a pesar de que me mantuve amonestándole sobre el asunto. Los hermanos Butler y Haskell todavía están en Battle Creek. Ellos permanecerán allí por varias semanas. Nosotros simplemente nos separamos de ellos. Yo quería estar contigo en Navidad, pero estaremos de viaje. Diles a los niños que sus regalos de Navidad están en camino. Lamento mucho que no podemos estar con ellos en Santa Rosa en esa ocasión.[17]

¿Es malo hacer regalos navideños? La respuesta es un evidente ¡No! Y al hacerlo ¿no es participar de esta fiesta? Por supuesto: “Está bien que nos otorguemos unos a otros pruebas de cariño y aprecio con tal que no olvidemos a Dios, nuestro mejor Amigo. Debemos hacer regalos que sean de verdadero beneficio para quienes los reciban.”[18]

2. Celebración de noche buena

¿Es correcto celebrar el 25 de diciembre? Elena G. de White, escribió sobre esta fecha, pero no con las connotaciones amarillistas y fanáticas con la que algunos lo hacen. Cuando ella se refirió a este día, dejo en claro que no era de su interés si era correcto o no:

El 25 de diciembre se ha conmemorado a lo largo del tiempo como el día del nacimiento de Jesús, y en este artículo no es mi propósito de afirmar o cuestionar la conveniencia de celebrar este evento en este día, sino para detenerme sobre la infancia y la vida de nuestro Salvador. Es mi propósito de llamar la atención de los niños a la humilde forma en que el Redentor vino al mundo.[19]

El 9 de diciembre de 1884, ella escribió un artículo titulado “Christmas is Coming” para la Review, en el cual abordo esta fecha y dio algunas orientaciones.

Se dice que el 25 de diciembre es el día en que nació Jesucristo, y la observancia de ese día se ha hecho costumbre popular. Sin embargo, no hay seguridad de que estemos guardando el día preciso en que nació nuestro Salvador. La historia no nos da pruebas ciertas de ello. La Biblia no señala la fecha exacta. Si el Señor hubiese considerado tal conocimiento como esencial para nuestra salvación, habría hablado de ello por sus profetas y apóstoles, a fin de dejarnos enterados de todo el asunto. Por lo tanto, el silencio de las Escrituras al respecto nos parece evidencia de que nos fué ocultado con el más sabio de los propósitos.[20]

En este párrafo resaltan algunos puntos interesantes: (1) El 25 de diciembre es un “costumbre popular”, (2) no hay evidencia bíblica o histórica, (3) la Biblia no define el día exacto porque no es un asunto de salvación. (4) El silencio tiene un propósito. White aclaró el porqué de este silencio. Para esto, ella da un pintoresco ejemplo, Dios oculto el lugar exacto donde Moisés resucito y fue llevado al cielo, con el fin de que los judíos no idolatraran aquel lugar. De la misma manera sucedió con el día en que Cristo nació:

Por el mismo motivo Dios ocultó el día preciso en que nació Cristo, a fin de que ese día no recibiese el honor que debía darse a Cristo como Redentor del mundo y el único que debía ser recibido y en quien se debía confiar por ser el único capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que se allegan a él. La adoración del alma debe tributarse a Jesús como Hijo del Dios infinito.[21]

Elena G. de White, entendía que el 25 de diciembre es solo un día “honorifico”, el cual carece de solemnidad. Es decir, no tiene ninguna bendición especial como el sábado, no es un día santo. En este contexto ella escribe: “No hay ninguna santidad divina descansando en el 25 de diciembre; y no le agrada a Dios que algo que concierne a la salvación del hombre mediante el infinito sacrificio hecho por ellos sea tan tristemente pervertido de su diseño desviado de su intención original”[22] El único objeto supremo para los cristianos en la Navidad debe ser Cristo:

Cristo debe ser el objeto supremo, pero cuando la Navidad es observada, la gloria es desviada de Él hacia el hombre mortal, cuyo carácter pecaminoso y defectuoso le hizo necesario venir a nuestro mundo. Jesús, la Majestad de los cielos, el Rey del cielo, abandonó su realeza, dejó su trono de gloria, su elevado comando, y vino a nuestro mundo para darle ayuda divina al hombre caído, con un poder moral debilitado y corrompido por el pecado. Él vistió su divinidad con humanidad, para poder alcanzar las mismas profundidades de la miseria y aflicción humana, para elevar al hombre caído. Al tomar sobre sí la naturaleza del hombre, él levantó a la humanidad a la escala del valor moral con Dios. Estos grandes temas son demasiado elevados, demasiado profundos, demasiado infinitos, para la comprensión de las mentes finitas.[23]

¿Quiere decir que podemos unirnos el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo? Una vez más, White tiene algo que decir:

En vista de que el 25 de diciembre se observa para conmemorar el nacimiento de Cristo, y en vista de que por el precepto y por el ejemplo se ha enseñado a los niños que es en verdad un día de alegría y regocijo, os resultará difícil pasar por alto esa fecha sin dedicarle cierta atención. Es posible valerse de ella con un buen propósito.[24]

Aunque no sabemos exactamente en qué día nació Jesús, debemos honrar este sagrado acontecimiento. No quiera Dios que haya alguien tan estrecho de mente que pase por alto este acontecimiento porque no tiene seguridad en cuanto a la fecha exacta.[25]

Dedicarle cierta atención es involucrarse y participar de la forma correcta, y con un buen propósito será de gran bendición. Elena G. de White, reprueba la prohibición a los niños o jóvenes de divertirse sanamente en Navidad:

En vez de ser ahogado y prohibido arbitrariamente, el deseo de divertirse debe ser controlado y dirigido por esfuerzos esmerados de parte de los padres. Su deseo de hacer regalos puede ser desviado por cauces puros y santos a fin de que beneficie a nuestros semejantes al suplir la tesorería con recursos para la grandiosa obra que Cristo vino a hacer en este mundo.[26]

El movimiento adventista fue educado por los pioneros en cuanto a la celebración de la Navidad. Las iglesias acostumbraban a tener algún programa especial en noche buena, con el fin de predicar y profundizar la encarnación de Cristo:

Anoche se celebró la Navidad en el tabernáculo [de Battle Creek], y todo salió bien, con modestia, solemnidad y gratitud manifestada en todo lo que se hizo y se dijo, porque Jesús, el Príncipe de la vida, vino a este mundo como el bebé de Belén para ofrecerse por nuestros pecados.[27]

Arthur L. White, nieto de los White, señalaba que en estas fechas su abuela las aprovechaba para meditar y acercarse a Jesús:

Se mudaron a dicha propiedad el domingo 19 de diciembre. Al observar que pronto sería Navidad, Elena mencionó por carta a una amiga: “Pasaré mi Navidad procurando que Jesús sea un huésped bienvenido en mi corazón. Su presencia ahuyentará todas las sombras”.[28]

En otras ocasiones, el 25 de diciembre era aprovechado para hacer evangelismo y se efectuaban bautismos:

El miércoles de mañana, día de Navidad, se celebró una reunión y 13 niños y jóvenes expresaron su determinación de ser cristianos. Cinco jóvenes no estaban presentes en esa mañana de Navidad, pero en respuesta a las exhortaciones de sus jóvenes amigos, ellos también dieron sus corazones al Señor, haciendo un total de 18 cuyas vidas fueron cambiadas durante esos cinco días memorables en Washington.[29]

Elena G. de White predicó en diferentes ocasiones con motivo de esta fecha. En la cuarta sesión de la Asociación Australiana de 1891, ella se dirigió a los delegados el 24 de diciembre:

El siguiente jueves de noche, 24 de diciembre, se inició la cuarta sesión anual de la Asociación Australiana Adventista del Séptimo Día en el Salón Federal. Estaban presentes unas 100 personas, que representaban las iglesias en Australia. Puesto que el día siguiente era Navidad, la Sra. White dirigió un mensaje apropiado sobre “el nacimiento y la misión de Cristo, ilustrando el amor de Dios y mostrando que es propio hacer regalos de gratitud, como hicieron aquellos que trajeron sus presentes a Jesús, en vez de derrochar recursos en una gratificación inútil”[30]

3. Adornos navideños

En cuanto a los adornos navideños, sea el uso de arbolitos o guirnaldas, Elena G. de White tenía una visión clara. Hay unas ocho referencias directas que hablan sobre el uso del árbol de Navidad, las cuales se han compilado en libros como el Hogar cristiano. El contexto de estas declaraciones es diversos y se establecen consejos oportunos en cuanto a su uso.

La primera referencia, aparece en un artículo publicado el 11 de diciembre de 1879 en la Review, y ha sido usada en el libro del Hogar cristiano:

Agradaría mucho a Dios que cada iglesia tuviese un árbol de Navidad del cual colgasen ofrendas, grandes y pequeñas, para esas casas de culto. Nos han llegado cartas en las cuales se preguntaba: ¿Tendremos un árbol de Navidad? ¿No seremos en tal caso como el mundo? Contestamos: Podéis obrar como lo hace el mundo, si estáis dispuestos a ello, o actuar en forma tan diferente como sea posible de la seguida por el mundo. El elegir un árbol fragante y colocarlo en nuestras iglesias no entraña pecado, sino que éste estriba en el motivo que hace obrar y en el uso que se dé a los regalos puestos en el árbol.[31]

El fideicomiso del Patrimonio White, pone una nota en estos párrafos (*), con la finalidad de aclarar el contexto del artículo de done fue extraído el párrafo: “Nota: En el artículo se aludía a ciertos proyectos de construcción entonces en ejecución. Las referencias se insertan aquí porque los principios presentados tienen aplicación para el día de hoy.”[32]

En el momento que White hizo esta declaración, se encontraba en Basilea, Suiza. Arthur L. White, comentó la escena:

A su regreso a Basilea, la Sra. de White asistió a la noche siguiente a una reunión donde se presentó la historia de la Navidad. Ella dio una charla breve. Luego trajeron un fragante pino cargado con donaciones para el Señor. El motivo de esta reunión navideña fue obtener ayuda económica para los colportores que trabajaban en Rusia.[33]

Con esa idea, los adventistas en esa iglesia pudieron recoger 429 francos, lo cual “¡Fue una buena cosecha!”. La mayoría de contextos hacen referencia al uso del árbol con el objeto de ayudar a los necesitados. Aunque, se vale de diferentes situaciones puntuales, el principio sigue activo.

26 de diciembre, 1882

En cada iglesia, se deben hacer aunque sea pequeño, un esfuerzo especial para mostrar nuestra gratitud a Dios al traer nuestras ofrendas para su causa. Que aquellos que desean un árbol de Navidad hagan sus ramas fructíferas con los regalos para los más necesitados, y las ofrendas para la tesorería de Dios. Y dejar que los niños aprendan la bendición de dar, al traer sus pequeños regalos y añadir a las ofrendas de sus padres.[34]

29 de enero, 1884

Al terminar el largo viaje que me trajo del este, llegué a casa a tiempo para pasar la víspera de Año Nuevo en Healdsburg. El salón de actos del colegio había sido preparado para una reunión de la escuela sabática. Se habían ordenado con buen gusto guirnaldas de ciprés, hojas otoñales, ramas de coníferos y flores. Una gran campana formada con ramas de pino colgaba del arco de entrada al salón. El árbol estaba bien cargado de donativos, que iban a emplearse para beneficio de los pobres y para contribuir a la compra de una campana…. En esa ocasión nada se dijo ni se hizo que hubiese de cargar la conciencia de nadie. Algunos me dijeron: “Hermana White, ¿qué piensa Vd. de esto? ¿Concuerda con nuestra fe?” Les contesto: “Concuerda con mi fe.”[35]

9 de diciembre, 1884

Cada árbol en el jardín de Satanás está cargado con frutas de vanidad, orgullo, arrogancia, deseos malvados, extravagancia- todas las frutas envenenadas, pero muy gratificantes para el corazón carnal. Que las iglesias presenten a Dios árboles de navidad en cada iglesia; y luego que cuelguen cargadas con frutos de beneficencia y gratitud, -ofrendas que vengan de corazones y manos dispuestas, frutos que Dios aceptará como una expresión de nuestra fe y de nuestro gran amor hacia Él por el regalo de su Hijo, Jesucristo.[36]

8 de diciembre, 1887

Que su árbol de Navidad esté consagrado a Dios, y que sus ramas estén cargadas con ofrendas para Cristo. No ofrenden como si fuera un deber, repartiendo sus donaciones con manos mezquinas. Las obras de Dios no son una tarea penosa. Al darnos a su Hijo, Dios nos ha derramado todo el Cielo en un solo regalo. Traigámosles ofrendas con un corazón desbordante, con gratitud y alegría provocada por el incomparable amor de Cristo. Enséñenles a sus hijos mediante su propio ejemplo las bendiciones de obrar para Cristo. Edúquenlos a cumplir las tareas de amor por Él, y a que en todos sus regalos recuerden al Dador de gracia.[37]

Elena G. de White, no consideraba que el uso de un árbol de navidad, lazos o guirnaldas fuera contra los principios de un cristiano. Ella, tampoco se valió de textos bíblicos para condenarlo. Algunos suelen usar textos como Deuteronomio 16:21-22 y Jueces 20:33; sin embargo, estos pasajes no están hablando sobre el árbol de navidad y los presupuestos que los críticos usan, en realidad son incoherentes. Esto demuestra que White, tenía una coherencia sana y un respeto a las Escrituras, ya que no usa textos fuera de su contexto para condenar los adornos navideños.

Conclusión

La postura que Elena G. de White tenía sobre la navidad, son amplios y no apelan al amarillismo o el fanatismo. Al contrario, ella recomienda celebrar la navidad, como un medio de recordar verdaderamente lo que es y una festividad para servir con liberalidad a los más necesitados. Ella, no invito a los adventistas a abstenerse de su celebración. Pero, condenó los gastos excesivos en lujosos regalos y vestidos ostentosos, la glotonería, diversiones desenfrenadas, el egoísmo y la autocomplacencia.

Si el asunto de la Navidad tuviera las connotaciones tan herejes, que presentan los críticos, ¿por qué Elena de White nunca se le revelo tales herejías? Si ella, así como los pioneros, no vio (ya que no existen) problemas doctrinales o de salvación en la participación de esta festividad, ¿por qué entonces algunos quieren darle una dimensión que no tiene?

En vez de prohibir la Navidad, debemos participar de ella con el fin de usarla como un medio de evangelismo y ayuda para los necesitados. Hay más riqueza en educar a las iglesias en la forma correcta de celebrar, que en imponer pruebas de salvación que no están en las Escrituras, sino que solo traen ignorancia y obscuridad. Prohibir no es educar, sigamos el ejemplo de Elena G. de White, ella educo a su entorno en cuanto a esta fiesta y otras. A fin de cuentas, ¿no es ella la mensajera del Señor?

Escrito por Daniel A. Mora
Publicado con Permiso del Autor


Referencias:

[1]Ellen G. White Estate, egwwriting.org
[2]Elena G. de White, “Our Late Experience (Concluded)”, Review and Herald, 27 de febrero, 1866.  En adelante RH.
[3]Elena G. de White, “The Holidays”, RH, 11 de diciembre, 1879.
[4]Ibid.
[5]Ibid.
[6]Ibid.
[7]Ibid.
[8]Elena G de White, Manuscrito 8, 1880 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, NF, 1880).
[9]Ibid.
[10]Ibid.
[11]Ibid.
[12]Elena G. de White, El hogar cristiano (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 437. En adelante HC.
[13]Ibid.
[14]Elena G. de White, “Holidays Gifts”, RH, 26 de diciembre, 1882
[15]Elena G. de White a Edson White, Carta 19, 1867 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, 14 de diciembre, 1867).
[16]Elena G. de White a Edson White, Carta 21, 1867 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, 29 de diciembre, 1867)
[17]Elena G. de White a Lucinda, Carta 29, 1873 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, 1873)
[18]Elena G. de White, “Holidays Gifts”.
[19]Elena G. de White, “Christmas Address to the Young”, RH, 17 de diciembre, 1889.
[20]Elena G. de White, “Christmas is Coming”, RH, 9 de diciembre, 1884.
[21]Ibid.
[22]Ibid.
[23]Ibid.
[24]Ibid.
[25]Elena G. de White, “Christmas Address”.
[26]Ibid.
[27]Elena G. de White, Manuscrito 24, 1889 (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, 25 de Diciembre de 1889)
[28]Arthur L. White, Elena de White: Mujer de visión (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2003), 211.
[29]Ibid., 140.
[30]Ibid., 289.
[31]HC, 438.
[32]Ibid.
[33]Arthur L. White, Elena G. de White en Europa (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1979), 288.
[34]Elena G. de White, “Holiday Gifts”, RH,  26 de diciembre, 1882.
[35]Elena G. de White, “Notes of Travel”, RH, 29 de enero, 1884.
[36]Elena G. de White, “Christmas is Coming”, RH, 9 de diciembre, 1884.
[37]Elena G. de White, “Christmas Gifts for Christ”, 8 de diciembre, 1887.

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