EL PODER DE CRISTO EN EL EVANGELIO ES PRINCIPALMENTE UN PODER PARA SANAR. «El poder del Señor estaba allí para sanarlos». El poder del Evangelio, del cual Cristo es la suma y la sustancia, es un poder sanador. El Evangelio no está destinado a ser un poder destructor. «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él».
El Calvario es el lugar para el bálsamo sanador más que para el lanceta y el cuchillo. La obra de Jesús, nuestro Médico celestial, no es tanto señalar la enfermedad como indicar y aplicar el remedio.
Jesús trae consigo poder para sanar. Este es su honor y renombre. Tiene el ojo de águila para ver nuestras enfermedades, el corazón de león para enfrentarlas valientemente, y la mano de dama para aplicar suavemente el ungüento celestial. En Él se reúnen en perfección las tres cualidades necesarias de un buen cirujano.
Uno de los títulos escogidos del Señor es JEHOVÁ Rafa, el Señor que te sana. «Te sanaré de tus heridas» es una promesa que no podría venir del labio del hombre, sino solo de la boca del Dios eterno. Por esto el salmista clamó al Señor: «Oh Señor, sáname, porque mis huesos están muy turbados», y nuevamente: «Sana mi alma, porque contra ti he pecado». Por esto también los piadosos alaban el nombre del Señor, diciendo: «Él sana todas nuestras dolencias».

Venid acá, todos los enfermos de pecado, y contemplad al glorioso Hijo de Dios, hecho en semejanza de carne humana, exhalando su vida en la cruz. Venid acá, los que os lamentáis por el pecado, los que estáis paralíticos y enfermos de iniquidad. Aquí hay poder, poder aún presente en el Salvador moribundo para sanaros, cualesquiera que sean vuestras enfermedades. Él sanó a todos los que tenían necesidad de sanidad mientras moraba aquí, y el costoso bálsamo de su expiación no ha perdido nada de su poder.
La salud completa reside en la condición correcta del espíritu, el alma y el cuerpo. La salud completa en el cielo será nuestra cuando nuestro cuerpo haya sido resucitado de entre los muertos incorruptible; cuando nuestras almas hayan sido limpiadas de toda contaminación; y cuando nuestro espíritu recién nacido haya llegado a su pleno desarrollo; toda nuestra humanidad será glorificada.
Los sermones a continuación fueron pronunciados por Charles Spurgeon y hacen parte de una colección de mas de 3000 sermones que predicó durante su vida.
- Un Misterio, ¡Santos Afligidos y Jesús Gozoso! : PDF
- El recibimiento del hijo pródigo : PDF
- La Visión de Zacarías de Josué el Sumo Sacerdote : PDF
- El Fuerte Expulsado por Uno Más Fuerte : PDF
- Cristo, Nuestra Vida—Próximo a Manifestarse : PDF
- El Gran Médico y Sus Pacientes : PDF
- Jesús Apareciéndose a María Magdalena : PDF
- El Descanso del Corazón : PDF
- El Poder Sanador del Evangelio : PDF
- El Secreto de la Salud : PDF
- Amado, y, sin embargo, Afligido : PDF
- El Principio de los Meses : PDF
- Salud por las Heridas de Jesús : PDF
- DOLOR SANTIFICADO : PDF



