Devocional para hoy, Febrero 20 «En Manos del Alfarero Maestro»

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En Manos del Alfarero Maestro

Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero; ¡todos fuimos hechos por ti mismo! Isaías 64:8
El instrumento humano sufre mientras proyecta y hace planes para sí con algo que Dios le ha negado que haga. Se queja y lamenta, y todavía se aumentan las dificultades. Pero cuando se somete para ser como arcilla en las manos del alfarero, entonces Dios convierte al hombre en un vaso de honra. La arcilla se somete para ser moldeada. Si se permitiera obrar a Dios, centenares serán moldeados y convertidos en vasos como a él mejor le pareciera.


Permitid que la mano de Dios trabaje la arcilla para su servicio. El conoce exactamente qué clase de vaso necesita. A cada hombre ha dado su obra. Dios conoce cuál es el lugar para el cual el hombre es más idóneo. Muchos están trabajando en contra de la voluntad de Dios, y echan a perder el diseño. El Señor desea que cada uno esté sumiso bajo su dirección divina. El colocará a los hombres donde se sometan para ser modelados en unidad con Cristo, llevando su semejanza divina. Si el yo se somete para ser moldeado, si cooperamos con Dios, si oramos en unidad, si trabajamos en unidad, si todos ocupamos nuestro lugar como hebras en la trama de la vida, nos desarrollaremos convirtiéndonos en un bello tejido que regocijará al universo de Dios.

El Alfarero no puede moldear y modelar para honra lo que nunca ha sido colocado en sus manos. La vida cristiana es una vida de entrega diaria, de sumisión y continuo triunfar. Cada día se ganarán nuevas victorias. El yo debe perderse de vista, y el amor de Dios debe cultivarse continuamente. Así crecemos en Cristo. Así la vida se forma de acuerdo con el modelo divino.

Cada hijo de Dios debe empeñarse hasta lo sumo para elevar la norma de la verdad. Debe trabajar de acuerdo con Dios. Si el yo es exaltado, Cristo no es magnificado. Dios se compara a sí mismo en su Palabra con un alfarero, y los suyos son la arcilla. Su obra es la de modelarlos de acuerdo con su propia semejanza. La lección que deben aprender es una lección de sumisión. No debe exaltarse el yo. Si se presta la debida atención a la instrucción divina, si el yo se somete a la voluntad, la mano del Alfarero producirá un vaso simétrico.

El alfarero toma la arcilla en sus manos y la moldea y le da forma de acuerdo con su propia voluntad. La amasa y la trabaja. La rompe y vuelve a unirla… Así la transforma en una vasija digna de ser usada. Del mismo modo el gran Maestro Alfarero desea tenernos en sus manos y formarnos. Y tal como la arcilla se comporta en las manos del alfarero, así debemos colocarnos nosotros en sus manos. No debemos tratar de realizar la obra del alfarero. Nuestra parte consiste en someternos al trabajo del Obrero Maestro.
Via | HayUnDios

Pensamiento de hoy

“A la madre le parece muchas veces que su tarea es un servicio sin importancia, un trabajo que rara vez se aprecia. Las demás personas se dan escasa cuenta de sus muchos cuidados y responsabilidades. Pasa sus días ocupada en un sinnúmero de pequeños deberes que requieren esfuerzo, dominio propio, tacto, sabiduría y amor abnegado; y, sin embargo, no puede jactarse de lo que ha hecho como si fuese una hazaña... Le parece que no ha hecho nada. Pero no es así. Los ángeles celestiales observan a la madre apesadumbrada, y anotan las cargas que lleva día tras día. Su nombre puede ser desconocido para el mundo, pero está escrito en el libro de vida del Cordero” (MC 291, 292).

- Elena G. White

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