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¿Porqué dejar la Carne?

Este artículo ha sido extraído de diversos escritos de Elena de White, escritos revelados por Dios

Deje la carne

¿Qué diremos en cuanto a la carne? 

No prescribimos un régimen definido, pero decimos que en los países donde abundan las frutas, los cereales y las nueces, la carne no es el alimento adecuado para el pueblo de Dios. Se me ha indicado que la carne propende a animalizar la naturaleza, a despojar a los hombres y mujeres del amor y la simpatía que debieran sentir por cada cual, y hace predominar las pasiones bajas sobre las facultades más elevadas del ser. Si el comer carne fue alguna vez saludable, no lo es ahora.—Joyas de los Testimonios 3:359.

Razones para descartar la carne como alimento

Los que comen carne no hacen más que comer cereales y verduras de segunda mano, pues el animal recibe de tales productos el alimento que lo nutre. La vida que estaba en los cereales y en las verduras pasa al organismo del ser que los come. Nosotros a nuestra vez la recibimos al comer lacarne del animal. ¡Cuánto mejor sería aprovecharla directamente, comiendo el alimento que Dios dispuso para nuestro uso!

La carne no fue nunca el mejor alimento; pero su uso es hoy día doblemente inconveniente, ya que el número de los casos de enfermedad aumenta cada vez más entre los animales. Los que comencarne y sus derivados no saben lo que ingieren. Muchas veces si hubieran visto los animales vivos y conocieran la calidad de su carne, la rechazarían con repugnancia. Continuamente sucede que la gente comecarne llena de gérmenes de tuberculosis y cáncer. Así se propagan estas enfermedades y otras también graves.—El Ministerio de Curación, 241.

Efectos que no se comprueban inmediatamente

Los efectos de una alimentación con carne no se advierten tal vez inmediatamente; pero esto no prueba que esa alimentación carezca de peligro. Pocos se dejan convencer de que la carne que han comido es lo que envenenó su sangre y causó sus dolencias. Muchos mueren de enfermedades debidas únicamente al uso de la carne, sin que nadie sospeche la verdadera causa de su muerte.—El Ministerio de Curación, 242. {CN 359.2}

Volved al régimen alimentario original

¿No es tiempo ya de que todos prescindan de consumir carne? ¿Cómo pueden seguir haciendo uso de un alimento cuyo efecto es tan pernicioso para el alma y el cuerpo los que se esfuerzan por llevar una vida pura, refinada y santa, para gozar de la compañía de los ángeles celestiales? ¿Cómo pueden quitar la vida a seres creados por Dios y consumir su carne con deleite? Vuelvan más bien al alimento sano y delicioso que fue dado al hombre en el principio, y tengan ellos mismos y enseñen a sus hijos a tener misericordia de los seres irracionales que Dios creó y puso bajo nuestro dominio.—El Ministerio de Curación, 244. 

La conducta de los que esperan el regreso de Cristo

Entre los que esperan la venida del Señor, el comer carne finalmente se abandonará; la carne dejará de ser parte de su alimentación  Siempre debiéramos tener eso en vista y esforzarnos para trabajar constantemente hacia ese fin. No puedo pensar que al comer carne estemos en armonía con la luz que a Dios le plugo darnos.—Counsels on Diet and Foods, 380, 381.

Volvamos al propósito de Dios

Vez tras vez se me ha mostrado que Dios está llevando a su pueblo de vuelta a su propósito original, esto es no subsistir de la carne de animales muertos. El desea que enseñemos a la gente un camino mejor. . . . Si se elimina la carne, si el gusto no se educa en ese sentido, si se fomenta el deseo de frutas y cereales, pronto será como Dios lo dispuso en el principio. Su pueblo no consumirá carne.—Counsels on Diet and Foods, 82.

Son de ayuda los sustitutos bien preparados

Cocinar bien es un requisito esencial, especialmente cuando la carne no constituye el principal alimento. Algo debe prepararse para ocupar el lugar de la carne, y esos sustitutos de la carne deben ser bien preparados de modo que no se la eche de menos.—Carta 60a, 1896.

Conozco familias que han cambiado de un régimen a base de carne a otro deficiente. Su alimento está tan mal preparado que repugna al estómago: y estas personas me han dicho que la reforma pro salud no les sienta, pues están perdiendo su fuerza física. Esta es una razón por la cual algunos no han tenido éxito en sus esfuerzos para simplificar su alimentación. Siguen un régimen pobre. Preparan sus alimentos sin esmero ni variación. No debe haber muchas clases de alimentos en una comida, pero cada comida no debe estar compuesta invariablemente de las mismas clases de alimentos. El alimento debe prepararse con sencillez, aunque en forma esmerada para que incite al apetito.—Joyas de los Testimonios 1:193, 194.

La luz que recibió de Dios acerca de la dieta y de los peligros de los alimentos a base de carne le hizo cambiar su opinión personal de que la carne era esencial para tener salud y fuerza. Con la luz que había recibido en la visión, instruyó a la cocinera que preparaba los alimentos para la familia para que pusiera en la mesa sólo alimentos saludables y sencillos preparados con cereales, vegetales, nueces, leche, crema y huevos. Había abundancia de frutas. En ese tiempo la familia White adoptó esencialmente una dieta vegetariana. En el año 1894, Elena G. de White desterró completamente la carne de su mesa. La reforma pro salud fue una gran bendición para la familia White, como lo ha sido para miles de familias adventistas alrededor del mundo. —Consejos para la Iglesia, p.34


Los alimentos a base de carne y altamente sazonados, y el té y café cuyo consumo algunas madres fomentan en sus hijos, los preparan para desear estimulantes más fuertes, como el tabaco. El uso de éste despierta el deseo de ingerir bebidas alcohólicas. —Consejos para la Iglesia, p.187

Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, “el pan del cielo”. Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carnede Egipto les fue concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca revistió carácter permanente. —Consejos para la Iglesia, p.411

Alimentos a base de carne

Dios dio a nuestros primeros padres el alimento que él había establecido que la raza humana debía consumir. Era contrario a su plan que se quitara la vida a ningún ser viviente. No había de haber muerte en el Edén. El fruto de los árboles del huerto constituía el alimento exigido por las necesidades del hombre. Dios no dio al hombre permiso para consumir alimentos animales hasta después del diluvio. Todo aquello a base de lo cual el hombre pudiera subsistir había sido destruido, y por lo tanto el Señor, a causa de la necesidad humana, dio a Noé permiso para comer de los animales limpios que había llevado consigo en el arca. Pero el alimento animal no era el artículo de consumo más saludable para el hombre.—Consejos para la Iglesia, p.410


Después del diluvio la gente comía mayormente alimentos de origen animal. Dios vio que las costumbres del hombre se habían corrompido, y que él estaba dispuesto a exaltarse a sí mismo en forma orgullosa contra su Creador y a seguir los dictámenes de su propio corazón. Y permitió que la raza longeva comiera alimentos de origen animal para abreviar su existencia pecaminosa. Pronto, después del diluvio, la raza humana comenzó a decrecer en tamaño y longevidad.—Consejos para la Iglesia, p. 410.2

Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, “el pan del cielo”. Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto les fue concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca revistió carácter permanente. —Consejos para la Iglesia, p.411


Al establecerse en Canaán, se permitió a los israelitas que consumieran alimento animal, pero bajo prudentes restricciones encaminadas a mitigar los malos resultados. El uso de la carne de cerdo quedaba prohibido, como también el de la de otros animales, de ciertas aves y de ciertos peces, declarados inmundos. De los animales declarados comestibles, la grasa y la sangre quedaban absolutamente proscritas. —Consejos para la Iglesia, p.411

Sólo podían consumirse las reses sanas. Ningún animal desgarrado, mortecino, o que no hubiera sido cuidadosamente desangrado, podía servir de alimento. —Consejos para la Iglesia, p. 411

Por haberse apartado del plan señalado por Dios en lo que respecta al asunto de la alimentación, los israelitas sufrieron graves perjuicios. Desearon comer carne y cosecharon los resultados. No alcanzaron el ideal de carácter que Dios les señalara ni cumplieron los designios divinos. El Señor, “les dio lo que pidieron; mas envió mortandad entre ellos”. Salmos 106:15. Preferían lo terrenal a lo espiritual, y no alcanzaron la sagrada preeminencia a la cual Dios se había propuesto que llegasen. —Consejos para la Iglesia, p. 411

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La causa de muchas dolencias y enfermedades

La carne no fue nunca el mejor alimento, pero su uso es hoy día doblemente inconveniente, ya que el número de los casos de enfermedad aumenta cada vez más entre los animales. Los que comencarne y sus derivados no saben lo que ingieren. Muchas veces, si hubieran visto los animales vivos y conocieran la calidad de su carne, la rechazarían con repugnancia. Continuamente sucede que la gente comecarne llena de gérmenes de tuberculosis y cáncer. Así se propagan estas enfermedades y otras también graves.3 —Consejos para la Iglesia, p. 412


El peligro de contraer una enfermedad aumenta diez veces al comer carne.4  —Consejos para la Iglesia, p. 412

Los animales están enfermos, y al participar de su carne, implantamos la semilla de la enfermedad en nuestros propios tejidos y en nuestra sangre. Luego, cuando estamos expuestos a cambios en una atmósfera palúdica somos más sensibles a los mismos; también cuando estamos expuestos a epidemias y a enfermedades contagiosas, el organismo no se halla en buena condición para resistir la enfermedad. —Consejos para la Iglesia, p. 412

Por la luz que Dios me ha dado sé que la incidencia de cáncer y tumores se debe mayormente a un sistema de vida vulgar a base de carne. —Consejos para la Iglesia, p. 412

En muchos puntos los peces se contaminan con las inmundicias de que se alimentan y llegan a ser causa de enfermedades. Tal es en especial el caso de los peces que tienen acceso a las aguas de albañal de las grandes ciudades. Los peces que se alimentan de lo que arrojan las alcantarillas pueden trasladarse a aguas distantes, y ser pescados donde el agua es pura y fresca. Al servir de alimento llevan la enfermedad y la muerte a quienes ni siquiera sospechan el peligro.  —Consejos para la Iglesia, p. 413

Los efectos de una alimentación con carne no se advierten tal vez inmediatamente, pero esto no prueba que esa alimentación carezca de peligro. Pocos se dejan convencer de que la carne que han comido es lo que envenenó su sangre y causó sus dolencias. Muchos mueren de enfermedades debidas únicamente al uso de la carne, sin que nadie sospeche la verdadera causa de su muerte. —Consejos para la Iglesia, p. 413

“El cerdo… os será inmundo”

En los tejidos del cerdo hormiguean los parásitos. Del cerdo dijo Dios: “Os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos”. Deuteronomio 14:8. Este mandato fue dado porque la carne del cerdo es impropia para servir como alimento. Los cerdos se alimentan de desperdicios, y sólo sirven para ese fin. Nunca, en circunstancia alguna, debería ser consumida su carne por los seres humanos. Imposible es que la carne de cualquier criatura sea sana cuando la inmundicia es su elemento natural y se alimenta de desechos.—Consejos para la Iglesia, p. 413

El cerdo, aunque constituye uno de los artículos más comunes del régimen alimenticio, es uno de los más perjudiciales. Dios no prohibió que los hebreos comiesen carne de cerdo únicamente para mostrar su autoridad, sino porque no era un alimento adecuado para el hombre. Llenaba el organismo con escrófula, y especialmente en ese clima cálido producía lepra y diversas clases de enfermedades. La influencia sobre el organismo en ese clima era mucho más perjudicial que en un clima más frío… La carne de cerdo, por encima de todas las demás carnes, pone la sangre en mal estado. Los que consumen carne de cerdo en abundancia no pueden evitar estar enfermos.—Consejos para la Iglesia, p. 414

Especialmente los finos y delicados nervios del cerebro se debilitan y su función se entorpece de tal manera que las cosas sagradas no se disciernen, sino que se colocan en un plano inferior con las cosas comunes.—Consejos para la Iglesia, p. 414

Los que hacen mucho ejercicio al aire libre no se dan cuenta de los efectos perjudiciales de la carne de cerdo como los que viven en los edificios, y cuyos hábitos son sedentarios y su trabajo es mental.—Consejos para la Iglesia, p. 414

Los efectos de una alimentación con carne sobre la mente y el alma

Los males morales derivados del consumo de la carne no son menos patentes que los males físicos. La carne daña la salud; y todo lo que afecta al cuerpo ejerce también sobre la mente y el alma un efecto correspondiente.—Consejos para la Iglesia, p. 414


Un régimen a base de carne cambia la disposición y fortalece la animalidad. Nos componemos de lo que comemos, y el comer muchacarne disminuirá la actividad intelectual. Los estudiantes lograrían mucho más en sus estudios si nunca probaran la carne. Cuando la parte animal del agente humano es fortalecida por el consumo decarne, las facultades intelectuales disminuyen proporcionalmente.—Consejos para la Iglesia, p. 415

Si hubo alguna vez un tiempo cuando la alimentación debía ser de la clase más sencilla, es ahora. No debe ponerse carne delante de nuestros hijos. Su influencia tiende a excitar y fortalecer las pasiones inferiores, y tiende a amortiguar las facultades morales.—Consejos para la Iglesia, p. 415

Entre el pueblo que pretende esperar la próxima venida de Cristo, tendría que haber reformadores más grandes. La reforma pro salud debe realizar entre nuestro pueblo una obra que todavía no se ha llevado a cabo. Hay quienes debieran estar despiertos al peligro del consumo de carne, que todavía continúan comiendo la carne de animales, con lo cual ponen en peligro su salud física, mental y espiritual. Muchos que ahora están sólo convertidos a medias a la cuestión del consumo de carne, se apartarán del pueblo de Dios y ya no andarán más con él.—Consejos para la Iglesia, p. 415

Los que pretenden creer la verdad han de custodiar cuidadosamente las facultades del cuerpo y la mente, de manera que Dios y su causa no sean de ninguna manera deshonrados por sus palabras o acciones. Los hábitos y las prácticas han de someterse a la voluntad de Dios. Hemos de dar cuidadosa atención a nuestro régimen. Se me ha presentado claramente que el pueblo de Dios ha de tomar una posición firme en contra del consumo de carne. ¿Estaría Dios dando a su pueblo durante treinta años el mensaje de que si sus hijos desean tener sangre pura y mentes claras, deben abandonar el uso de la carne, si él no quisiera que ellos prestaran atención a su mensaje? Por el empleo de la carne se fortalece la naturaleza animal, y la naturaleza espiritual se debilita.—Consejos para la Iglesia, p. 415

Instrucciones concernientes a un cambio en la alimentación

Es un error suponer que la fuerza muscular dependa de consumir alimento animal, pues sin él las necesidades del organismo pueden satisfacerse mejor y es posible gozar de salud más robusta. Los cereales, las frutas, las oleaginosas y las verduras contienen todas las propiedades nutritivas para producir buena sangre. Estos elementos no son provistos tan bien ni de un modo tan completo por la dieta de carne. Si la carne hubiera sido de uso indispensable para dar salud y fuerza, se la habría incluido en la alimentación indicada al hombre desde el principio. —Consejos para la Iglesia, p. 416


A menudo, al dejar de consumir carne se experimenta una sensación de debilidad y falta de vigor. Muchos insisten en que esto prueba que la carne es esencial, pero se la echa de menos porque es un alimento estimulante que enardece la sangre y excita los nervios. A algunos les es tan difícil dejar de comer carne como a los borrachos renunciar al trago; y sin embargo se beneficiarían con el cambio. —Consejos para la Iglesia, p. 416

Cuando se deja la carne hay que substituirla con una variedad de cereales, nueces, legumbres, verduras y frutas que sea nutritiva y agradable al paladar. Esto es particularmente necesario al tratarse de personas débiles o que estén recargadas de continuo trabajo.—Consejos para la Iglesia, p. 417

Cocinar bien es un requisito esencial, especialmente cuando la carne no constituye el principal alimento. Algo debe prepararse para ocupar el lugar de la carne, y esos substitutos de la carne deben ser bien preparados de modo que no se la eche de menos.—Consejos para la Iglesia, p. 417

Conozco familias que han cambiado de un régimen a base de carne a otro deficiente. Su alimento está tan mal preparado que repugna al estómago; y estas personas me han dicho que la reforma pro salud no les sienta, pues están perdiendo su fuerza física. El alimento debe prepararse con sencillez, aunque en forma esmerada para que incite al apetito.—Consejos para la Iglesia, p. 417

Es para el propio bien de la iglesia remanente por lo que el Señor le aconseja a ella que descarte el uso de la carne, el té, y el café, así como otros alimentos perjudiciales. Hay abundancia de otras cosas que podemos usar, para sostener nuestra vida, que son sanas y buenas. —Consejos para la Iglesia, p. 417

Los que esperan la venida del Señor, con el tiempo eliminarán el consumo de la carne; la carne dejará de formar parte de su régimen. Siempre debiéramos tener este fin en cuenta, y esforzarnos para avanzar firmemente hacia él.—Consejos para la Iglesia, p. 417

Las facultades intelectuales, morales y físicas quedan perjudicadas por el consumo habitual de la carne. El comer carne trastorna el organismo, anubla el intelecto y embota las sensibilidades morales. Os decimos, amados hermanos y hermanas, que la conducta más segura para vosotros consiste en dejar la carne.

Por su bien hermano y amigo: Deje de consumir carne

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