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El Manual de Instrucciones para la Vida

El Manual de Instrucciones para la Vida

Cuando usted compra un automóvil nuevo, lee el manual del fabricante, ¿no es cierto? Si realizará pagos sus­tanciales por el automóvil, querrá estar seguro que funcionará por lar­go tiempo, al menos hasta que termine de pagar­lo. Por lo tanto, usted lee cada palabra que dice el fabricante sobre cómo cuidar el vehículo.

La Biblia es el manual de Dios para nosotros y para nuestras vidas. ¿No son más valiosas que un automóvil? ¿No es la calidad de nuestras vidas más importante que el período de tiempo que manejamos un automóvil? ¿No deberíamos saber cómo nuestro Creador diseñó nuestra existencia?

Nuestro Creador nos ha dado instrucciones para poder vivir de la mejor manera. Llamamos a esas instrucciones los diez mandamientos (véase Éxodo 20:2-17). Constituyen un buen manual del fabricante para nuestra vida. Por ejemplo:

  • «No mates». Usted vivirá una vida más tran­quila si no se preocupa de que alguien bus­ que vengarse de usted. 
  • «Honra a tu padre y a tu madre». Sus padres lo han criado y le dieron el empujón inicial en la vida. Sea bueno con ellos. 
  • «No pronuncies el nombre de Dios a la lige­ra». ¿No le incomoda el lenguaje que usa la gente en la actualidad para referirse a Dios? A mí sí. 
  • «No des falso testimonio en contra de tu pró­jimo». Cuando alguien le miente, usted se siente traicionado. Su vida será más feliz si dice la verdad. 
  • «No cometas adulterio». No queremos que nuestros cónyuges cometan adulterio; viva­mos según el mismo principio para ser feli­ces. 
  • «Acuérdate del sábado, para consagrarlo». Dios sabía que necesitaríamos tomar un día cada se­ mana para reconocerlo como Señor y Salvador de nuestras vidas, y creador del mundo. 

Este mandamiento del sábado es por cierto el más largo. Por lo tanto, demos una mirada más detenida a cada parte de este mandamiento, para aprender lo que el manual nos dice.

«Acuérdate del sábado, para consagrarlo» 

Algunas personas piensan que el sábado es un día feriado en vez de un día santo. Se ponen al día con labores pendientes. O van a la iglesia por una hora, pero luego se dirigen al centro comercial.

Sin embargo, ir de compras o hacer tareas no es adorar. No es parte de un día santo. Que sea un día diferente a los otros, un tiempo en el que nos congreguemos para adorar en la belleza de la santidad.

«Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer»

El cuarto mandamiento, al que llamamos «el mandamiento del sábado», no trata solamente del día de adoración. ¡El manual del fabricante dice que una cláusula de nuestra garantía es trabajar’

Algunos hombres jóvenes en 18. actualidad en­cuentran a una señorita que tiene un empleo, y viven de lo que ella gana. Puede ser que la lleven al trabajo en el automóvil y luego la recojan, pero mientras tanto no hacen nada. Cuando yo era jo­ ven esto era vergonzoso, pero algunos actual­ mente se sienten orgullosos de ello. Las mujeres a veces realizan el mismo juego. Estoy sorprendi­do al encontrar tanta gente que piensa que si. pueden vivir sin trabajar, deberían aprovechar esta circunstancia. Sin embargo, nuestro manual de instrucciones dice que deberíamos trabajar.

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«En seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos»

La razón principal por. la que las personas se preocupan es que no reconocen a Dios como su Creador. Nuestro manual de instrucciones dice que debemos guardar el sábado para recordar que Dios nos” creó nosotros con un plan, un propósito, dignidad a intencionalidad.

Algunos piensan que han evolucionado me­diante un proceso que comenzó por un ser uni­celular, como una amiba. Yo no creo esto, la Bi­blia no lo dice. ¡Si tal es la manera en que llegamos aquí, entonces entiendo por qué algunos indivi­duos actúan como lo hacen!

Así no es como vine al mundo. La Biblia dice que los seres humanos fueron creados por la mano del Señor. El Señor juntó barro y comenzó a formar un cuerpo. Una masa de arcilla yacía so­bre la tierra. Sólo arcilla, hasta que Dios sopló en ella. Listo: ¡hizo a Adán! Yo no puedo actuar de la manera que se me antoje, porque los seres huma­nos fuimos creados de una manera especial por la mano de Dios.

Muchas cosas cambiarían en este mundo si reconociéramos a Dios como nuestro Creador. Pero hemos perdido esta perspectiva porque ol­vidamos el sábado. Hemos ignorado el manual del fabricante.

«Descansó el séptimo día.Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo»

¿Por qué Dios reposó en el séptimo día? ¿Es­taba cansado? No, de ninguna manera. Dios nos estaba dejando un ejemplo; nos estaba mostran­ do el manual del fabricante, desde el jardín del Edén. Necesitamos una oportunidad para cam­biar el ritmo de la vida, descansar, dejar de traba­jar; enfocar la atención en Dios el Creador, para adorarlo. Así que cuando descansamos en el sá­bado, reconocemos que Dios es nuestro Creador.

Esta idea del sábado está registrada en la his­toria de la creación, así como en los Diez Manda­mientos. Génesis 2 nos cuenta lo que Dios hizo el primer sábado. «Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora» (Génesis 2:2, 3).

Lo maravilloso de este día de la semana es que Dios descansó en él, lo bendijo, lo hizo santo y lo identificó con su propio nombre. El Creador identificó el sábado de una manera muy especial.

Por medio del profeta Isaías, Dios prometió darle a su pueblo «la herencia de tu padre Jacob» (Isaías 58: 14) si guardaba el sábado como sagra­do. La gente del tiempo de Isaías interpretó esta herencia como la Tierra Prometida.

Pero para el pueblo de Dios en la actualidad, la Tierra Prometida es el Cielo. La promesa de Dios es que recibiremos la herencia -un lugar en el Cielo- si guardamos el sábado. No sólo una hora en la iglesia, o un día libre, sino un día para adorar a Dios, recordar al Creador y encon­trar santidad. ®

Walter Pearson, exdirector 
del ministerio televisivo Breath of Lífe.

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