La Tercera Guerra Mundial y el Armagedon

¿Podemos considerar el Armagedón como la tercera guerra mundial?

Muchas teorías especulativas se han propuesto en un intento de interpretar el Armagedon mencionado en Apocalipsis 16: 12-16. Hoy en día, una de las más populares es que va a ser una guerra nuclear de grandes proporciones. Como ya se han producido dos guerras mundiales, y el texto bíblico dice que este enfrentamiento involucrará a los “a los reyes de la tierra en todo el mundo” (verso 14), muchos imaginan que el Armagedón sólo puede ser una tercera guerra mundial. Por mas fascinante y lógico que esta idea pueda parecer, no es más que una teoría especulativa, no bíblica.

Conflictos bélicos seguirán existiendo, sin duda, e incluso intensificandose, hasta el fin del tiempo (ver Mt 24: 6-8). Pero el Armagedon se describe en el Apocalipsis como “la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.” (16:14), librada entre los poderes demoníacos de la “bestia” y los “reyes de la tierra y sus ejércitos” por un lado, y el “Rey de reyes y Señor de señores” y “su ejército” del otro (19:16, 19).

La naturaleza esencialmente espiritual de este conflicto es confirmado por la participación en ella tanto de Cristo, como el “Rey de reyes y Señor de señores” que monta un “caballo blanco” (Rev. 19:11, 16, 20), como el “Dragón”, el cual es Satanás, y otros “espíritus de demonios” (Rev. 16:13, 14:12, 9). Los dos grupos en conflicto se definen por su relacionamiento con los “mandamientos de Dios” y el “testimonio de Jesús” (Apocalipsis 12:17). Por un lado, son “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús”, y que, en consecuencia, no adoran “a la bestia ya su imagen”; y por el otro son los que adoran a “la bestia ya su imagen,” y por lo tanto no “guarda los mandamientos de Dios” y no “tienen el testimonio de Jesús” (Apocalipsis 12:17, 14: 912).

Lejos de ser un mero conflicto de guerra nuclear, el Armagedon será el último conflicto cósmica entre las fuerzas del bien y los poderes del mal, en el cual será decidido para siempre, quién es digno de adoración (cf. 1 Reyes 18). Aunque los impíos se preparan belicamente para la batalla (Rev. 16:14; véase también 20: 7-9), creemos que los justos nunca asumirán una postura de beligerancia militar (ver Mt 5: 38-48, Romanos 12: 17-21 ). En este conflicto espiritual (ver Efesios 6: 10-18), Cristo y sus ángeles deberán luchar a favor de los justos, definitivamente triunfando sobre Satanás y sus anfitriones (Rev. 20: 1-21: 8).

Por Alberto R. Timm

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