Las Erupciones Volcánicas y la Profecía

A continuación agregamos algunas declaraciones de Elena de White sobre las erupciones volcánicas, terremotos y desastres naturales. Estos fenómenos ya fueros predichos a través del Espíritu de Profecía y podemos asegurar que irán en aumento cada vez. El mundo se aproxima rápidamente a su final destrucción y estos desastres naturales, como el ocurrido en el volcán de fuego en Guatemala (junio 2018) dan evidencia que el día del Señor esta cerca. Nuestras oraciones están con las personas afectadas en Guatemala y suplicamos a Dios su misericordia con este pueblo.

Lamentablemente este mundo no mejorará y lo que podemos esperar en el futuro será mas destrucción. El siguiente desastre podría afectarnos a nosotros. La raza humana ha olvidado a Dios y su ley por muchos siglos y preferimos creen en nuestra ciencia en vez de la palabra escrita.

“mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin” Mateo 24: 6

Son Señales de la rápida destrucción del mundo

(1864) Dios hace que grandes cantidades de carbón y petróleo se enciendan y quemen. Las rocas se calientan intensamente, la piedra caliza se quema, y el hierro se derrite. El agua y el fuego se encuentran bajo la superficie de la tierra. La acción del agua sobre la cal intensifica el calor, y ocasiona terremotos, volcanes y brotes ígneos. La acción del fuego y agua sobre los rebordes de las rocas y mineral, causan fuertes explosiones que suenan como truenos amortiguados. Estas maravillosas exhibiciones serán más numerosas y terribles justo antes de la venida de Cristo y el fin del mundo, como señales de su rápida destrucción.

Habrán erupciones volcánicas en todas partes

(1864) En el día del Señor, justo antes de la venida de Cristo, Dios enviará relámpagos del cielo en su ira, que se unirán con fuego en la tierra. Las montañas se quemarán como una hoguera, y lanzarán terribles corrientes de lava, destruyendo jardines y campos, villas y ciudades; y al derramar su mineral derretido, rocas y lodo caliente hacia los ríos, harán que ellos hiervan como una marmita, y arrojen masivas rocas y esparzan sus fragmentos rotos sobre la tierra con violencia indescriptible. Ríos enteros serán secados. La tierra convulsionará, y habrá tremendas erupciones y terremotos en todas partes. Dios enviará plagas sobre los malvados habitantes de la tierra hasta que sean destruídos por ella.

(1864) Los santos son preservados en la tierra en medio de estas terribles conmociones, como Noé fue preservado en el arca en el momento del diluvio. — Spiritual Gifts, vol. 3, 76-79 (Spirit of Prophecy, vol. 1, 79-82).

Hay un mar de fuego bajo nuestros pies

(1885) Estas montañas son importantes para mí. Fuego subterráneo, aunque oculto, arde. Cuando los impíos hayan colmado su copa de iniquidad entonces el Señor se levantará de su lugar para castigar a los habitantes de la tierra. Mostrará la grandeza de su poder. El Gobernante supremo del Universo revelará a los hombres que invalidaron su ley que su autoridad se mantendrá. No faltarán todas las aguas del océano ni las llamas que el Señor encenderá. El terremoto hace temblar la tierra, las rocas son arrojadas del lugar, las colinas y la tierra firme se sacuden bajo la ira del Omnipotente, y todavía una vez más sacudirá, no sólo la tierra sino también los cielos. Hay un mar de fuego bajo nuestros pies. Hay un horno de fuego en las antiguas montañas rocosas. La montaña que arroja su fuego nos habla del horno poderoso que tiene encendido, aguardando la palabra de Dios para volcar en la tierra sus llamas. ¿No temeremos y temblaremos delante de él? – Manuscrito 29, 1885.

El fuego y el agua son instrumentos de Dios

(1890) Las profundidades de la tierra son el arsenal del Señor, de donde se sacaron las armas empleadas en la destrucción del mundo antiguo. Las aguas brotaron de la tierra y se unieron a las aguas del cielo para llevar a cabo la obra de desolación. Desde el diluvio, el fuego y el agua han sido instrumentos de Dios para destruir ciudades impías. Estos juicios son enviados para que los que tienen en poco la ley de Dios y pisotean su autoridad, tiemblen ante su poderío, y reconozcan su justa soberanía.

Los rayos se uniran con el fuego de la tierra

(1890) Cuando se unan los rayos del cielo con el fuego de la tierra, las montañas arderán como un horno, y arrojarán espantosos torrentes de lava, que cubrirán jardines y campos, aldeas y ciudades. Masas incandescentes fundidas arrojadas en los ríos harán hervir las aguas, arrojarán con indescriptible violencia macizas rocas cuyos fragmentos se esparcirán por la tierra. Los ríos se secarán. La tierra se conmoverá; por doquiera habrá espantosos terremotos y erupciones.

Los palacios y tesoros serán ruinas

(1891) Terribles sacudidas vendrán sobre la tierra, y los palacios señoriales erigidos a un gran costo serán ciertamente montañas de ruinas. La corteza terrestre será arrancada por las erupciones de los elementos que se encuentran debajo de la tierra. Estos elementos, una vez que se liberen, barrerán los tesoros de quienes por años han añadido a sus riquezas asegurándose muchas posesiones al precio del hambre de aquellos que empleaban. Y el mundo religioso, también, será sacudido terriblemente; porque el fin de todas las cosas está cerca. – Manuscrito 24, 1891.

La ciencia olvida a Dios y prefiere explicarlo con sabiduría humana

(1913)  Cuando están en dificultad, los filósofos y los hombres de ciencia procuran satisfacer su mente sin apelar a Dios. Ventilan su filosofía acerca de los cielos y de la tierra, explicando plagas, pestilencias, epidemias, terremotos y hambres, por sus supuestas ciencias. Las cuestiones relativas a la creación y la providencia procuran resolverlas diciendo: Es la ley de la naturaleza. – Consejos para los maestros, 426.a

Fuente: Declaraciones de Elena de White sobre CIENCIAS DE LA TIERRA, cap 16. Erupciones volcánica y terremotos, Centro de Investigación White

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