La generación del Analfabetismo Teológico

La generación del analfabetismo teológicoSin querer ser pesimista, pero siendo, en realidad, bastante realista, pienso que lo que ha caracterizado a nuestra generación es motivo de preocupación y reflexión. Los puntos extremadamente relevantes y que marcaron la cristiandad en el transcurso de su historia han sido despreciados. Hablar de doctrina, teología, apologética, historia de la iglesia, ejemplo de hombres del pasado, etc., han sido motivo de repudio para muchos cristianos.

Bajo el pretexto de “espiritualidad” muchos han estigmatizado el estudio sincero de la doctrina y de la historia cristiana. Las Sagradas Escrituras se transformaron, para muchos, simplemente en un símbolo desprovisto de cualquier sentido y relación con el cotidiano del cristiano, o aún, han sido tratadas como objeto mágico, que sirve sólo para ser cargado y no para ser examinado. El ejemplo dado por los de Berea, que fue grabado por Lucas, es cada vez más raro: “éstos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucho gusto, examinando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así “(Hechos 17:11).

Hay una gran atracción a un tipo de cristianismo de comida rápida, se espera que tengan resultados inmediatos, los milagros, la prosperidad, la satisfacción emocional, etc., sin tener en cuenta el mensaje que se predica. El reformador Martín Lutero ya reflejaba y se mantenía vigilante con este respecto al afirmar:

“Cualquier enseñanza que no se encuadre en las Escrituras debe ser rechazada, aunque haga llover milagros todos los días” (John Blanchard, Perlas para la vida [San Pablo: Vida nueva, 1993], pág. 132).

El reflejo de este desapego teológico se hace sentir en todas las esferas que componen las iglesias cristianas. Los cánticos se transformaron en mantras, sin contenido y profundidad. Las predicaciones se muestran más como un espectáculo de animación que con la transmisión de la Verdad. La evangelización ha perdido su eficacia. ¿Por qué? Simple: no se canta lo que no se conoce, no se predica lo que no se conoce y no se transmite lo que no se conoce.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó el conocimiento” (Oseas 4: 6).

Sería redundante afirmar que la voluntad de Dios es que seamos profundos conocedores de Su Palabra, pero la gran verdad es que esta cuestión ha sido dejada de lado. La actitud normal del cristiano debería ser el amor por la sana doctrina, pero lo que se percibe es que la regla se ha convertido en una excepción y la excepción regla, es decir, la mayoría de los cristianos han despreciado el estudio sincero y comprometido de la teología, y sólo una minoría se mantienen fiel a la doctrina y al examen de las Escrituras.

El tiempo de revisar nuestra posición con respecto a la importancia de la teología en nuestra vida es hoy ! Hoy es el tiempo de mostrarnos amantes de la sana doctrina, militantes contra las herejías y practicantes de lo que hemos aprendido. Las generaciones futuras se reflejará en nuestro ejemplo y, como ya afirmó Francis Schaeffer:

“Si no hacemos clara nuestra posición, con palabras y obras, en favor de la verdad y contra las falsas doctrinas, estaremos edificando un muro entre la próxima generación y el evangelio” (Blanchard, Perlas para la vida, 132).

Por último, son las palabras de nuestro Señor que dicen a nosotros que toda nuestra vida presente y el futura dependen de los Santos Palabras: ” Usted diligencia las Escrituras, porque a vosotros os parece que tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

Rafael Lima (vía Missão Pós-Moderna)

No hay ninguna cosa mejor para fortalecer la inteligencia que el estudio de las Santas Escrituras. Ningún otro libro es tan potente para elevar los pensamientos, para dar vigor a las facultades, como las grandes y ennoblecedoras verdades de la Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe, los hombres tendrían una grandeza de espíritu, una nobleza de carácter y una firmeza de propósito que raramente pueden verse en estos tiempos. No se saca sino un beneficio muy pequeño de una lectura precipitada de las Sagradas Escrituras. Uno puede leer toda la Biblia y quedarse, sin embargo, sin ver su belleza o comprender su sentido profundo y oculto. Un pasaje estudiado hasta que su significado nos sea claro y evidentes sus relaciones con el plan de salvación, resulta de mucho más valor que la lectura de muchos capítulos sin un propósito determinado y sin obtener una instrucción positiva. Tened vuestra Biblia a mano. Leedla cuando tengáis oportunidad; fijad los textos en vuestra memoria. Aun al ir por la calle podéis leer un pasaje y meditar en él hasta que se grabe en la mente. – (Ellen G. White – Camino a Cristo, p. 90)

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