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Por qué no estaba Daniel en el horno de fuego

Nabucodonosor ordenó que todos los que no adoraban la estatua de oro fueran asesinados. Pero, ¿dónde estaba el profeta Daniel, ya que no se le cita con los tres amigos en Daniel 3?

La adoración de la estatua, levantada por el rey Nabucodonosor, es uno de los mayores relatos de fe en la Biblia. Tres jóvenes valientes y fieles, Sadrac, Mesac y Abed-Nego, prefirieron la muerte en un horno de fuego a deshonrar el nombre de Dios, inclinándose ante un ídolo. Simplemente no murieron porque Dios intervino, enviando un Ser que, a los ojos del rey de Babilonia, parecía ser “el hijo de los dioses” (Daniel 3:25), para estar con esos jóvenes. Este Ser fue Jesús, ante quien el fuego perdió su poder destructivo y los jóvenes fueron salvados de una muerte segura.

Aparentemente, al hacer una imagen todo de oro, Nabucodonosor quería contradecir la interpretación de Daniel de que solo la cabeza de la estatua, vista en un sueño por el rey de Babilonia, estaba hecha de oro; esta interpretación indicaba que el imperio de Babilonia no sería eterno y que seguirían otros imperios, como lo representan los diferentes metales (Daniel 2: 31-43). El acto de postrarse en la adoración de la imagen sería una demostración de lealtad y sumisión al imperio babilónico.

Solo podemos conjeturar sobre la fecha de esta adoración. Una buena hipótesis es la que señala la ocasión en que el rey Sedequías hizo un viaje a Babilonia (Jeremías 51:59), en el cuarto año de su reinado (594/593 a. C.), posiblemente en respuesta al llamado de Nabucodonosor para que todos su magistrados y vasallos fueron a Babilonia para adorar la imagen dorada (Daniel 3: 2). Si este viaje del rey Sedequías fue para cumplir con el llamado del rey de Babilonia, podemos imaginar el asombro de los jóvenes hebreos cuando vieron al rey del pueblo de Dios adorando una imagen, una práctica prohibida por los mandamientos primero y segundo. Y también el asombro del rey de Judá al ver a sus súbditos negarse a inclinarse, incluso a riesgo de muerte.

¿Qué hay de Daniel? ¿Dónde estaba él cuando se veneraba la imagen? 

La verdad es que él ya había mostrado su fidelidad a Dios y su guía desde el momento en que a él y a los otros jóvenes hebreos se les ofreció comida de la mesa del rey, pero se negaron, porque esos alimentos no estaban de acuerdo con estándares bíblicos. ¿Fracasó Daniel a la hora de adorar esa imagen y postrarse ante ella?

La verdad es que no sabemos dónde estaba Daniel en el momento de la adoración de la estatua. Conociendo bien el carácter de este profeta, como se muestra en el libro que lleva su nombre, podemos estar seguros de una cosa: si él hubiera estado presente en esa ceremonia, tampoco se habría postrado. Era tan fiel a sus creencias que prefería morir devorado por los leones que negar la fe (Daniel 6). Simplemente no murió porque Dios lo protegió milagrosamente al cerrar la boca de esos animales (Daniel 6:22).

Las siguientes son algunas hipótesis sobre la no presentación de Daniel a la adoración de la imagen de Nabucodonosor:

1. Podría estar enfermo. El hecho de que Daniel tenía buena salud en general se puede inferir del cuidado que tuvo con su comida (Daniel 1: 8,11-15). Pero no era completamente inmune a la enfermedad, como se puede ver en Daniel 8:27: “Yo, Daniel, me debilité y estuve enfermo por unos días…”

2. Podría haber recibido una misión especial del rey, y así estaría viajando por el reino. Un ejemplo de un viaje por el reino se encuentra en Daniel 10: 4, 7, cuando el profeta tuvo una visión “a orillas del gran Tigris” en la época del rey Ciro.

3. Nabucodonosor mismo podría haberlo excusado de ese acto de adoración.

Este fue un acto por el cual los súbditos mostraron lealtad al rey, y Nabucodonosor no tuvo dudas sobre la lealtad de Daniel, tanto que lo nombró “gobernador de toda la provincia de Babilonia” (Daniel 2:48). Entonces podría haberlo dejado ir. Al hacerlo, estaría evitando dos situaciones: (1) matar a Daniel, porque el rey sabía que este fiel servidor no se postraría ante la imagen. Pero, como Daniel era un oficial altamente capaz, calificado y honesto, el rey no deseaba perder a un ayudante tan valioso; o (2) ser desmoralizado ante los grandes de su reino, al permitir que Daniel quede sin castigo, incluso si no se postra ante la estatua. Esta opción tampoco estaba en los planes del rey, que era arrogante y prepotente (Daniel 3: 15,19), y no dejaría que nadie lo desmoralizara y lo humillara.

Cualquiera de las tres hipótesis es buena candidata para explicar por qué Daniel no se menciona en la adoración de la estatua. La verdad es que cada vez que su fe fue probada, se mantuvo fiel, un poderoso ejemplo para nosotros, que vivimos en una época en que los dioses modernos desafían nuestras creencias y nuestra fe.

Por Dr. Ozeas C. Moura, a través de Biblia.com.br

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