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El libro en Blanco, Charles Spurgeon

Este mensaje del evangelio ilustra la verdad del Salmo 51: 7, “Lávame y seré más blanco que la nieve”. La “hoja negra” del libro señala la impureza de nuestro pecado, la contaminación que llega hasta las profundidades de nuestra humanidad. La “hoja roja” nos dice acerca de la sangre de Jesús, suficiente y eficiente para purgar la culpa y el poder del pecado de nuestras vidas. La “hoja blanca” nos muestra al pecador limpio, puro y blanco, lavado del pecado en la sangre de Jesús.

“Lávame, y seré más blanco que la nieve.”

—Salmo 51:7

Tiene que haber un valor infinito en la expiación que fue ofrecida por Aquel que es divino. El único límite de la expiación está en su designio, y ese designio fue que Cristo diera vida a todos cuantos le fueron dados del Padre; pero, en sí misma, la expiación sería suficiente para la salvación del mundo entero, y si la raza entera de la humanidad fuere conducida a creer en Jesús, hay suficiente eficacia en Su sangre preciosa para limpiar a todo aquel nacido de mujer, de todo pecado que todo el conjunto de ellos hubiere cometido jamás.

No hubo nunca un caso como el de nuestro precioso Salvador. En lo que atañe a Sus sufrimientos físicos, pueden haber existido algunos que hayan soportado tanto como Él, pues el cuerpo humano es capaz sólo de una cierta cantidad de dolor y agonía, y otras personas junto a nuestro Señor han alcanzado ese límite; pero hubo un elemento en Sus sufrimientos que nunca estuvo presente en ningún otro caso. El hecho de que Su muerte fuera en el lugar, en la posición y en sustitución de Su pueblo, el único gran sacrificio por la totalidad de Sus redimidos, hace que Su muerte sea enteramente única, de tal manera que ni siquiera los más nobles dentro del noble ejército de mártires, pueden participar de la gloria con Él.

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Si pudieran comprender lo que fue para Él, que no cometió pecado, ser hecho pecado por nosotros, y que fuera puesta sobre Él la iniquidad de todos nosotros; si pudieran formarse una idea de cuánto aborrecía el pecado y rehuía de él, podrían formarse una ligera idea de lo que tiene que haber sufrido Su naturaleza pura por culpa nuestra.

El hecho que Su Padre haya escondido Su rostro de Él de tal manera que clamara en Su agonía: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?,” debe de haber sido un auténtico infierno para Él. Éste fue el tremendo trago de ira que nuestro Salvador bebió por nosotros hasta sus últimos sedimentos, para que nuestra copa no pudiera contener ni una gota de ira jamás. Tiene que haber sido una gran expiación, esa que fue comprada a un precio tan grande.

Contenido

  • I. La hoja negra
    • El caso de David
    • Nuestra propia negrura
  • II. La hoja roja
    • La grandeza de la persona de Cristo.
    • El valor infinito de la sangre de Cristo
  • III. La hoja blanca.
    • Permanencia en esta blancura
    • La pureza de Dios
    • Mi querido amigo

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