La buena salud no es el resultado de la suerte o el accidente. No se encuentra en botellas, píldoras o pócimas. Más bien, se encuentra al vivir en armonía con las leyes inalterables de la vida.
La enfermedad no golpea a víctimas «desafortunadas». La dolencia nunca llega sin una causa. El camino siempre está preparado, la enfermedad es invitada, por alguna violación de las leyes de la vida. Los hábitos incorrectos de comer, respirar, vestirse, descansar, trabajar o pensar están en la base de la enfermedad.

El cuerpo humano es la máquina viviente más maravillosa. Un gran científico dijo que le sería más fácil creer que el «Mesías» de Handel fue el resultado de una explosión en una imprenta, que creer que el hombre evolucionó por azar. Un gran Diseñador fue responsable de la disposición del cuerpo humano. Él estableció leyes para gobernar su correcto funcionamiento. Obedecer estas leyes significa salud; desatenderlas significa enfermedad y muerte.
Algunas personas encontrarán esta verdad indeseable. Han llegado a esperar la recuperación de la enfermedad mediante drogas. Una droga puede tener su lugar cuando el alivio del dolor o alguna otra emergencia lo requiere, pero las drogas nunca curan la causa básica de la enfermedad.
Las personas se enferman por violar las leyes de la naturaleza. Cuando la naturaleza exige su precio en forma de sufrimiento, se apresuran a acudir al médico para obtener una droga milagrosa que las libere del dolor y las molestias de la enfermedad. No tienen deseo de cambiar sus malos hábitos, sino que esperan que las drogas les den salud mientras continúan abusando de las leyes de la salud. Si el médico insiste en que cambien sus hábitos de vida, a menudo buscarán a otro médico, esperando que les dé alguna «cura» rápida y conveniente.
Hay una sola receta verdadera para la salud: la obediencia a las leyes de la salud. Ningún hombre puede transgredir las leyes de la vida —ya sean naturales o morales— sin sufrir las consecuencias. Como dijo Pablo: «Todo lo que el hombre siembra, eso también cosechará» (Gálatas 6:7).
Este libro hace un estudio de los principios de la buena salud de manera no técnica, para que puedan ser apreciados por jóvenes y ancianos, instruidos e ignorantes. Conocer y apreciar estos principios de vida es el camino hacia la verdadera salud, riqueza y felicidad.



