
Recientemente, la Heritage Foundation, un influyente grupo de pensamiento en Washington D.C., publicó un documento titulado Saving America by Saving the Family (“Salvar a América salvando a la familia”). En sus más de 160 páginas, el informe aboga por fortalecer la familia, el matrimonio tradicional y la autoridad parental. Sin embargo, lo que más ha llamado la atención es su propuesta de establecer un “día uniforme de descanso”, específicamente el domingo, respaldado por legislación.

El documento cita precedentes legales y beneficios sociales, argumentando que un día de descanso común favorece la salud mental, la cohesión familiar y la vida comunitaria. Incluso menciona ejemplos de estados y empresas que ya aplican restricciones comerciales los domingos.
¿Por qué es preocupante?
La historia muestra que cuando el Estado regula la adoración o el día de descanso, suele desembocar en persecución religiosa. La separación entre Iglesia y Estado es un principio fundamental para proteger la libertad de conciencia.
En la historia de Estados Unidos, figuras como Roger Williams defendieron el derecho de cada persona a elegir cómo y cuándo adorar, sin imposición estatal. La libertad religiosa implica que ni el sábado ni el domingo deben ser obligatorios por ley para todos.
La División Norteamericana de los Adventistas ha declarado que: «Los Adventistas del Séptimo Día creen que todas las personas han sido creadas a imagen de Dios con la libertad de adorar según los dictados de su conciencia. Durante más de 160 años, la Iglesia se ha opuesto enérgicamente a cualquier forma de ley dominical. Los adventistas siempre han entendido estas leyes —ya sea a nivel local, estatal o federal— como intentos de imponer la conciencia, incluso cuando se defienden con pretextos seculares, como la promoción de la salud de las comunidades y las familias.»
«Esta nueva propuesta de un «día de descanso uniforme» es incompatible con la rica tradición estadounidense de proteger la libertad religiosa de todos sus ciudadanos, independientemente de sus creencias religiosas o no. Representa un peligroso deseo de usar el poder estatal para promover objetivos religiosos.«
Como cristianos vemos en estos movimientos el cumplimiento de profecías bíblicas, especialmente en el libro de Apocalipsis capítulo 13. Allí se describe el surgimiento de poderes religiosos y políticos que impondrán formas de adoración. Históricamente, los reformadores protestantes identificaron a la “bestia” de Apocalipsis con el papado y la unión de fuerzas religiosas y civiles para imponer la adoración.
Como cristianos, debemos defender la libertad religiosa y estar atentos a los acontecimientos. La Biblia nos llama a adorar a Dios en espíritu y en verdad, no por imposición humana.



