Los escritos comunes no inspirados de Elena G. de White

Elena G. de White nunca reclamó que cada palabra que pronunció o escribió, en toda circunstancia, fuera inspirada por Dios. Por el contrario, ella misma distinguió explícitamente, dentro de sus propios escritos, entre lo sagrado (dado bajo la «inspiración especial del Espíritu de Dios») y lo común (asuntos cotidianos, familiares, administrativos).

Este documento reúne las declaraciones de la propia Elena de White acerca de sus escritos no inspirados y los criterios para identificarlos.

Declaraciones de la propia Elena G. de White

Esta es la declaración más directa de Elena de White sobre sus escritos no inspirados. Surgió a raíz del caso de E. S. Ballenger, quien había perdido la fe en ella porque escribió que el Sanatorio Paradise Valley tenía 40 habitaciones cuando en realidad tenía 38. Ella respondió:

«La información dada en cuanto al número de habitaciones del Sanatorio de Paradise Valley no me fue dada como una revelación del Señor, sino simplemente como una opinión humana. Nunca me ha sido revelado el número exacto de habitaciones de ninguno de nuestros sanatorios, y el conocimiento que tengo en cuanto a tales cosas lo he obtenido preguntando a los que suponía estaban informados… En mis palabras, cuando hablo sobre estos temas comunes, no hay nada que induzca a las mentes a creer que recibo mi conocimiento en una visión del Señor y que lo declaro como tal…

Cuando el Espíritu Santo revela algo respecto de las instituciones relacionadas con la obra del Señor, o concerniente a la obra de Dios sobre los corazones y las mentes humanas, como lo ha revelado por mi intermedio en lo pasado, el mensaje dado ha de ser considerado como luz dada por Dios para los que la necesitan. Pero el mezclar lo sagrado con lo común es un gran error. En la tendencia a hacer esto podemos ver la obra del enemigo para destruir almas…

Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios. Se hacen preguntas a veces que no tienen nada que ver con temas religiosos, y esas preguntas deben ser contestadas. Conversamos acerca de casas y tierras, transacciones comerciales y ubicación para nuestras instituciones, sus ventajas y desventajas.»

— Manuscrito 107, 1909 (Mensajes Selectos, tomo 1, pp. 38–39; en inglés Selected Messages 1:38, 39).

En 1906, el Dr. David Paulson le escribió que había sido enseñado a creer «que cada palabra que usted habló tanto en público o en privado, que cada carta que usted escribió bajo cualquier circunstancia, fue inspirada, al igual que los Diez Mandamientos». Elena de White respondió:

«Mi hermano, usted ha estudiado diligentemente mis escritos, y jamás ha hallado en ellos tal presunción de mi parte. Tampoco encontrará que pionero alguno de nuestra iglesia haya hecho tal aseveración.»

— Review and Herald, 30 de agosto de 1906 («Correct Views Concerning the Testimonies»; también Carta 206, 1906).

En el mismo contexto explicó que las verdades bíblicas son expresadas en palabras humanas, y que la Biblia es la unión de lo divino y lo humano:

«No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que queda imbuido de pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo.»

El 10 de septiembre de 1903 escribió a su hijo Edson y a su esposa Emma: «Creo que les escribiré una carta familiar, contándoles acerca de mi hogar y de mi lugar» (Carta 201, 1903). Al día siguiente precisó:

«Ayer les escribí una carta sobre asuntos comunes y cotidianos. Esta carta les será enviada hoy. He escrito una carta extensa sobre el tema mencionado en su carta y la he entregado para que la copien.»

— Carta 202, 1903 (Manuscript Releases, vol. 7, pp. 116.2–3; MR No. 443 — «Ellen G. White Letters—The Sacred and the Common»).

La carta familiar trataba de: los viajes de Willie, el calor, su salud, la enfermedad de su agricultor Iram James, la fruta del huerto, el envasado de puré de manzana, el secado de maíz, las uvas y ciruelas, la escasez de dinero y las comidas en su hogar.

La «larga carta» (Carta 203, 1903), en cambio, era un testimonio que comienza: «A los que ocupan puestos de responsabilidad en la Casa Publicadora de Nashville. Estimados hermanos: Estoy encargada de un mensaje para ustedes de parte del Señor». Partes del consejo de la Carta 202 pasaron luego al capítulo «La línea de color» de Testimonios para la iglesia, tomo 9 (pp. 213–222). Esto demuestra que el formato (carta) no determina la categoría: una misma carta puede contener lo común y, en otros párrafos, consejo basado en la luz recibida de Dios.

«No hablo por mandamiento» (Carta 129, 1897)

Cuando deseaba que John Wessels de Sudáfrica viniera a Australia, aclaró que era su deseo personal y no una instrucción divina:

«No se me ha dado el mensaje: ‘Mande a buscar al hermano John Wessels para que venga a Australia’. No. Por lo tanto, no digo: ‘Sé que este es el lugar para usted’. Pero es mi privilegio expresar mis deseos, aunque diga: ‘No hablo por mandamiento’… Quiero que venga cuando Dios diga ‘Ven’, no un momento antes.»

— Carta 129, 1897. Ella misma alude a lo que Pablo escribió a la iglesia de Corinto (1 Corintios 7:6, 12), donde el apóstol distinguía su opinión personal del mandamiento del Señor.

Sobre su recomendación de un candidato (el hermano Robinson) para la gerencia de un hospital, aclaró:

«Cuando se mencionó que él tenía la preparación necesaria y estaba calificado para ocupar esa posición, pienso que dije: ‘A cualquier costo, dejen que venga’; pero yo jamás presenté esto como una luz recibida de parte de Dios; fue únicamente basado en mi juicio personal, basado en la manera como usted presentó el caso.»

— Carta 75, 1905.

En el prefacio del tomo 2 de Spiritual Gifts (relato biográfico), a diferencia del tomo 1 (que abre con «El Señor me ha mostrado que…»), ella declaró que dependía de la memoria y de sus cartas, no de revelación directa:

«Al preparar las siguientes páginas, he trabajado bajo grandes desventajas, pues en muchos casos he tenido que depender de la memoria, no habiendo llevado diario sino hasta hace pocos años. En varios casos he enviado los manuscritos a amigos que estuvieron presentes cuando ocurrieron las circunstancias relatadas, para que los examinaran antes de que se imprimieran. He tenido gran cuidado, y he dedicado mucho tiempo, al esforzarme por declarar los hechos simples tan correctamente como sea posible. Sin embargo, he sido muy ayudada para llegar a las fechas por las muchas cartas que escribí.»

— Prefacio a Spiritual Gifts, vol. 2 (1860). Y en un apéndice de los primeros 400 ejemplares pedía: «Se hace un pedido especial: si alguien halla declaraciones incorrectas en este libro, que me informe de inmediato.»

«Los testimonios mismos serán la clave para explicar los mensajes dados, así como la Biblia es el intérprete de la misma Biblia.»

— Carta 73, 1903. Es decir: los escritos inspirados se interpretan y se identifican comparándolos con el conjunto de los testimonios, así como la Escritura se interpreta a sí misma.

Cómo identificar lo inspirado y lo no inspirado

El Sílabo de orientación profética (capítulo 21, «¿Es la inspiración un estado permanente en un profeta de Dios?») y el artículo de Arthur L. White «Escritos comunes o sin inspiración» ofrecen criterios concretos.

La inspiración no es un estado permanente:

Un profeta no está bajo la inspiración–revelación las 24 horas del día. Ejemplos bíblicos:

  • Samuel se equivocó al elegir rey (1 Samuel 16:1–7);
  • David pecó (2 Samuel 11);
  • Pedro fue reprendido por Pablo (Gálatas 2:11–14);
  • Jonás huyó (Jonás 1 y 4);
  • Abrahán mintió (Génesis 20).
  • Lo mismo vale para Elena de White:

«Elena G. de White no fue la excepción… En su función como escritora, no siempre estaba en un estado permanente de inspiración.»

El contenido es la clave para identificar

Ejemplo:

«Me fue mostrado», «Vi», «Dijo el ángel», «El Señor me ha mostrado» «Estoy encargada de un mensaje de parte del Señor»Indica origen divino, testimonio inspirado.Aunque este no es un criterio suficiente: en varios libros esas frases fueron quitadas al publicarse para el público general (p. ej., las series de El Conflicto, El Ministerio de Curación, La Educación), es decir, escritos que no comienzan con dichas frases, pero si fueron inspirados.
«No hablo por mandamiento» / «simplemente como una opinión humana» / «no me ha sido revelado»Señala lo común no inspiradoEjemplos: Carta 129, 1897; Ms 107, 1909; Carta 75, 1905

Criterios inadecuados:

  1. “Si está de acuerdo con mi propio entendimiento”. Aquí no se coloca el intelecto personal al mismo nivel de los escritores inspirados, sino por encima de ellos.
  2. “Si está de acuerdo con los eruditos o científicos”. Se ve claramente que el razonamiento humano y la ciencia son el criterio que gobierna.
  3. “Lo acepto como inspirado si el escrito o carta está precedido de la frase: Me fue mostrado o dijo el ángel”. Este no es un criterio adecuado, pues en muchos de sus libros esa frase fue quitada, cuando se vio conveniente que podrían publicarse para venderlos al público en general. Ejemplo de esto se ve en los libros que componen las series de El Conflicto, Ministerio de Curación y La Educación.
  4. “Si es un libro de la Sra. White lo acepto como inspirado por Dios, pero si es un artículo para el periódico o una carta personal para alguien, no”. Debemos recordar que mucho material que aparece en sus libros, originalmente apareció en cartas o en artículos para nuestras revistas.
  5. Otros dicen: “Si el material ha sido publicado por Elena de White, entonces lo aceptaré”.
  6. “Si un libro escrito por la Sra. White contiene frases o párrafos de un material no inspirado, desecho todo el libro.”

Criterios adecuados

  • «¿Este pasaje o cita contiene un consejo espiritual para mí? ¿Hay en él una declaración explícita que proviene directamente del Señor?»

Junto con: objetividad, honestidad intelectual y el deseo de conocer la voluntad de Dios («Señor, ¿qué quieres que haga?», Hechos 9:6).

«No hay, pues, grados de inspiración. El material es, por lo tanto, INSPIRADO o NO INSPIRADO. Sentido común y razón santificada debieran guiarnos para distinguir entre lo santo y lo profano.»

Elena de White dio la regla: «Los testimonios mismos serán la clave para explicar los mensajes dados, así como la Biblia es el intérprete de la misma Biblia» (Carta 73, 1903). El método bíblico es «¡A la ley y al testimonio!» (Isaías 8:20).

Arthur L. White añade: «El creyente de corazón honesto tiene poca dificultad en saber cuándo Elena de White habla de parte del Señor y cuándo habla por sí misma.»

Entonces Elena White probablemente comparte sus propias ideas cuando:

  • Dice explícitamente que está dando su opinión.
  • Dice que el Señor todavía no le había revelado algo.
  • Habla de asuntos comunes (pasatiempos, quehaceres, viajes).
  • Escribe cartas privadas sobre temas comunes.

Lo que no debemos hacer

Elena de White advirtió contra un uso selectivo y destructivo de esta distinción. No autorizó a los lectores a «marcar» a voluntad qué partes de los Testimonios son de Dios y cuáles no:

«Los que han ayudado a las almas a sentirse en libertad de especificar qué es de Dios en los testimonios y cuáles son las palabras no inspiradas de la hermana White, descubrirán que estaban ayudando al diablo en su obra de engaño.»

— Carta 28, 1906 (par. 5; también Manuscript Releases, vol. 4, pp. 62.2–3).

En Carta 206, 1906 sostuvo que sus artículos y los volúmenes de sus libros presentaban lo que el Señor le había mostrado, y retó al lector a señalar si sus posiciones no concordaban con las enseñanzas de Cristo.

«No escribo ni un artículo en el periódico expresando meramente mis propias ideas. Son lo que Dios ha abierto ante mí en visión: preciosos rayos de luz que brillan desde el trono.»

— Testimonio 31, citado en Carta 206, 1906 (RH 30 de agosto de 1906).

Fuentes:

Pensamiento de hoy

“Sin el esfuerzo humano, resulta vano el esfuerzo divino. Dios obrará con poder cuando, dependiendo confiadamente de él, los padres se despierten y vean la responsabilidad sagrada que descansa sobre ellos y procuren educar correctamente a sus hijos. Cooperará con los padres que con cuidado y oración enseñen a sus hijos y laboren su propia salvación y la de ellos” (HC 185).

- Elena G. White

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