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San Mateo 13:3-23 - (Reina Valera 1909)

3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar.

4Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.

5Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra:

6Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz.

7Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.

8Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál a ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.

9Quien tiene oídos para oir, oiga.

10Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

11Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido.

12Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

13Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

De oído oiréis, y no entenderéis;

Y viendo veréis, y no miraréis.

15Porque el corazón de este pueblo está engrosado,

Y de los oídos oyen pesadamente,

Y de sus ojos guiñan:

Para que no vean de los ojos,

Y oigan de los oídos,

Y del corazón entiendan,

Y se conviertan,

Y yo los sane.

16Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

17Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que oís, y no lo oyeron.

1 y de la cizaña. Su explicación.

2 Varias otras parábolas.

18Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra:

19Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.

20Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.

21Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.

22Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.

23Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.