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Ser “una sola carne”

La tercera cláusula del voto matrimonial indica que los dos deben llegar a ser “una sola carne” (basár, Génesis 2:24).

Esto significa crecer juntos. Como dos árboles plantados muy cerca uno de otro finalmente se confunden, de modo que para todos los propósitos prácticos tienen un solo tronco, así dos personas pueden, por medio de una larga asociación, encontrar que sus propósitos y sus valores se han unido en un conjunto de metas compartidas. No obstante, así como las dos plantas producirán cada una sus propias flores, así los miembros del matrimonio han de mantener sus individualidades.

Cada persona es responsable ante Dios individualmente, no a través de otra persona; ni siquiera a través de su cónyuge.

El unirse los socios en el matrimonio encuentra su expresión física en sus hijos, el producto de su unión sexual. El plan de Dios para los socios del matrimonio era: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra”, y que produjeran “descendencia para Dios” (Génesis 1:28; Malaquías2:15). Los hijos no solo son las expresiones físicas de sus padres, que llegaron a ser una carne, sino también naturalmente dan a los padres un interés y una responsabilidad en común.

El pacto del matrimonio se extiende al cuidado y la nutrición de los niños (Efesios 6:4), y a la trasmisión de la imagen de Dios a la siguiente generación.En la Biblia, pacto es una palabra seria, y el pacto del matrimonio no es una excepción. Los que violan el pacto del matrimonio son comparados con los traidores. 5El adulterio es un crimen tan serio que la prohibición contra él es uno de los Diez Mandamientos (Éxodo 20:14). El Nuevo Testamento repite esta prohibición (Hechos 15:20), y advierte que los adúlteros no arrepentidos serán excluidos del cielo (Gálatas5:19-21; Apocalipsis 21:8). La seriedad de quebrantar el pacto del matrimonio es subrayada en la comparación bíblica del matrimonio con la relación de Dios con su pueblo.

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