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¿Cómo Permanecer Constantemente en Dios?

La relación de permanencia diaria con Dios conduce a una entrega constante, de una continua dependencia de él.

Supongamos que usted se encuentra en un ascensor, subiendo hacia el último piso del Centro Mundial de Comercio. Mientras asciende continuamente, usted se agacha para abrocharse el zapato, pero resbala y cae. ¡Ha caído, a pesar de ir ascendiendo!

Tal vez esta sea una ilustración válida de lo que significan las dos clases de permanencia. Podemos acudir a Dios diariamente y permanecer en él día tras día. Esta es la relación cotidiana que le entrega a Dios el control de nuestra dirección. Si permanecemos en él día tras día, mediante una relación diaria con él, nuestra dirección será hacia arriba. Escogemos permanecer en una relación diaria con él cada vez que elegimos pasar una hora de meditación y contemplación de la vida de Cristo en oración ,y comunión con él. Y siempre que acudamos al Señor diariamente para mantener una relación constante con él, y lo invitemos a controlar nuestras vidas, nuestra dirección será ascendente.

Pero muchos cristianos están dolorosamente conscientes de que aunque han elegido mantener una relación diaria constante con Cristo, a veces son capaces de quitar la vista de él para fijarla en ellos mismos. Y en dichas ocasiones caen, fracasan y pecan. Lo cual nos trae a pensar en una segunda clase de permanencia: la de una dependencia constante del Señor, momento tras momento. Aun cuando no se rompa la relación cotidiana de permanencia en Cristo, es posible que nuestra dependencia constante de él se vea interrumpida con momentos de dependencia de nuestras propias fuerzas.

Pero antes de seguir, dejemos bien establecido el hecho de que nuestra relación diaria de permanencia en Cristo es lo que determina nuestra dirección y nuestro destino. El camino a Cristo, página 58, declara: “El carácter se da a conocer, no por las obras buenas o malas que de vez en cuando se ejecuten, sino por la tendencia de las palabras y de los actos habituales en la vida diaria” (la cursiva es nuestra).

Pero la dependencia constante, de cada momento, es lo que determina la victoria o la derrota de la vida cristiana. Experimentaremos una victoria tan constante como sea el tiempo que pasemos mirando a Jesús y dependiendo de sus fuerzas. Cada vez que quitemos la vista de él para fijarla en nosotros mismos y dependamos de nuestro propio poder, seremos derrotados. Nuestra derrota puede ser únicamente interna, o también externa, dependiendo de si somos fuertes o débiles. Si somos fuertes. podemos conducirnos correctamente, pero caer y fracasar y pecar interiormente. Si somos débiles, la derrota interna se revelará también exteriormente. Lo cierto es que si dependemos de nosotros mismos en lugar de confiar en el poder de Jesús, nos es imposible hacer otra cosa que no sea caer y fracasar y pecar.

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Si tratamos de ilustrar gráficamente la vida cristiana, podría verse más o menos como sigue:

La persona que sostiene una relación diaria y permanente con Cristo experimenta una vida con dirección ascendente, a pesar de los fracasos ocasionales qué pueda sufrir Sin embargó, el individuo que no mantiene una relación diaria de permanencia en Cristo, lleva una vida como lo muestra la línea siguiente:

Puede experimentar impulsos ocasionales que se dirigen hacia Dios, pero el sentido general de la vida es descendente.

Si uno mantiene una relación diaria de permanencia en Cristo, entonces Cristo es quien controla la dirección de su vida. Si uno no vive una relación diaria de permanencia en el Señor, entonces el diablo es quien controla la dirección de su vida.

A menudo alguien pregunta: “¿Entonces quién nos controla en los puntos descendentes, aun cuando la dirección general de nuestra vida sea hacia arriba?”

La respuesta es que el diablo nos controla cada vez que dejamos de mirar a Cristo y dejamos de depender de su poder. Por supuesto, el diablo tiene que controlar nuestra vida cada vez que pecamos. Pero es posible que el diablo obtenga el control de nuestra vida durante un momento, mientras Dios continúa controlando la dirección de la misma. ¿Y qué es lo que hace la diferencia en el hecho de que Dios controle nuestra dirección? Repetimos, es nuestra relación diaria de permanencia en él.

El objetivo de Dios es conducimos tan pronto como sea posible a una experiencia tal de conocimiento de él y de confianza en él, como para que nunca más nos desviemos de su lado, ni siquiera por un momento. Y cuando esto suceda, nuestras vidas se asemejarán a esta línea:

 

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