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¿Existen Jesuitas en la Iglesia?

Los jesuitas son los enemigos más encarnizados del cristianismo, especialmente de la Iglesia Adventista, el surgimiento de esta orden, fue con el objetivo de desarraigar la reforma protestante. Los fundadores de esta orden fueron San Ignacio de Loyola, Francisco Rivera y Luis Alcázar.

No es extraño que Napoleón Bonaparte los haya descrito así: “Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es: PODER. Poder en su ejercicio más déspota. Poder absoluto, poder universal, poder para controlar al mundo por la volición de un solo hombre. El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos; y al mismo tiempo el más grande y más enorme de los abusos…” (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena, págs 62, 174.)

Uno de los objetivos primordiales de la orden de los Jesuitas, fue de infiltrarse en todas las iglesias protestantes y hábil y sigilosamente introducir sus creencias y forma de adorar en todas las iglesias, se podría decir un ecumenismo disfrazado, que es difícil de captar, falsa teología y falsa adoración al estilo Roma.

De acuerdo a Malachi Martin, un jesuita muy famoso y un experto del Vaticano, dice: “Los adventistas se formaron, según él, en un contexto de rebelión contra la autoridad y el privilegiado poder de enseñanza de la iglesia romana. Habiendo subido a gatas en el “avance de la caravana geo-religiosa” de la iglesia papal, el adventismo ha permanecido donde desembarcó, reteniendo sus profundas objeciones a la autoridad y a la persona de Juan Pablo.Al echar una mirada a esta rebeldía, él toma la posición de que el adventismo “contiene algo de toda la revelación de Dios para su iglesia, la cual puso bajo el cuidado de Pedro. En el día de recompensa y castigo, que todos estos grupos esperan (incluyendo los adventistas), cualquiera sea el elemento de la verdadera religión que cada uno sostiene, sin duda serán integrados en una profesión de completa fe en Cristo” (M. Martin, The Keys of This Blood [Las llaves de esta sangre], p. 287).

De manera en que M. Martin define los términos internos y contextuales, que el catolicismo romano absorberá al adventismo del séptimo día.

Según Martín sostiene que los grupos, como el de los adventistas, “están destinados a sufrir una serie de impactos y mutaciones al adaptarse de grado o por la fuerza al nuevo globalismo que emana de otros grupos más poderosos. Es imposible que cualquiera de ellos (los grupos que difieren con Roma) pueda mantenerse con fuerza vibrante y progresiva, a menos que permitan que sus principios se amplíen más allá de los confines tradicionalmente observados. Los individuos entre ellos podrán por un tiempo mantenerse restringidos. Pero inevitablemente, como grupo tendrán que enfrentar alternativas extremas. O se globalizan realmente y por completo y son capaces de colaborar en edificar la estructura geopolítica o, como grupo, permanecen firmes, reducidos en números e influencia y finalmente pierden su identidad como parte operante en el nuevo orden” (Malchi Martín Las llaves de esta sangre p. 291, 292).

No cabe duda que la mejor manera de absorber al adventismo sería con el método de infiltración, es un método muy eficaz para el diablo, este método jamás ha fallado, lo uso con la iglesia primitiva, veamos lo que dice el apóstol Judas:

«Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.» Judas 1:3-4 RVR1960

Elena White dice: “Habrá, aun entre nosotros, mercenarios y lobos con vestidos de ovejas que persuadirán al [a algunos del] rebaño de Dios a presentar sacrificios a otros dioses delante del Señor… Jóvenes que no están establecidos, arraigados y afirmados en la verdad, serán corrompidos y arrastrados por ciegos que guían a otros ciegos; y los impíos, los despreciadores que dudan y perecen, que desprecian la soberanía del Anciano de días y colocan en el trono un falso dios, un ser de su propia definición, un ser totalmente semejante a ellos mismos, serán agentes en las manos de Satanás para corromper la fe de los incautos”. – {3MS 454.1}

No cabe duda que dentro de la iglesia adventista existen jesuitas infiltrados que están tratando de deteriorar a la iglesia desde adentro con la falsa teología y falsa adoración. Pues la iglesia adventista es la más odiada por predicar un mensaje en contra de ellos. Elena White habla de los jesuitas como los campeones del papado:

“La causa protestante se veía entonces rodeada de grandes peligros. Los anatemas del papa tronaban contra Ginebra, y poderosas naciones amenazaban destruirla. ¿Cómo iba tan pequeña ciudad a resistir a la poderosa jerarquía que tan a menudo había sometido a reyes y emperadores? ¿Cómo podría vencer los ejércitos de los grandes capitanes del siglo? En toda la cristiandad se veía amenazado el protestantismo por formidables enemigos. Pasados los primeros triunfos de la Reforma, Roma reunió nuevas fuerzas con la esperanza de acabar con ella. Entonces fue cuando nació la orden de los jesuitas, que iba a ser el más cruel, el menos escrupuloso y el más formidable de todos los campeones del papado. Libres de todo lazo terrenal y de todo interés humano, insensibles a la voz del afecto natural, sordos a los argumentos de la razón y a la voz de la conciencia, no reconocían los miembros más ley, ni más sujeción que las de su orden, y no tenían más preocupación que la de extender su poderío (véase el Apéndice). El evangelio de Cristo había capacitado a sus adherentes para arrostrar los peligros y soportar los padecimientos, sin desmayar por el frío, el hambre, el trabajo o la miseria, y para sostener con denuedo el estandarte de la verdad frente al potro, al calabozo y a la hoguera. Para combatir contra estas fuerzas, el jesuitismo inspiraba a sus adeptos un fanatismo tal, que los habilitaba para soportar peligros similares y oponer al poder de la verdad todas las armas del engaño. Para ellos ningún crimen era demasiado grande, ninguna mentira demasiado vil, ningún disfraz demasiado difícil de llevar. Ligados por votos de pobreza y de humildad perpetuas, estudiaban el arte de adueñarse de la riqueza y del poder para consagrarlos a la destrucción del protestantismo y al restablecimiento de la supremacía papal”. – {CS 215.3}

Artículo hecho Por Rafael Diaz

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