Un llamado a los miembros perezosos de la Iglesia

Es un misterio que no haya cientos de personas trabajando donde ahora hay sólo una. El universo celestial está pasmado de la apatía, la frialdad y la indiferencia de los que profesan ser hijos e hijas de Dios. En la verdad hay un poder vivo.

Nunca podremos ser salvados en la indolencia y la inactividad. Una persona verdaderamente convertida no puede vivir una vida inútil y estéril. No es posible que vayamos al garete y lleguemos al cielo. Ningún holgazán puede entrar allí. … Los que rehusan cooperar con Dios en la tierra, no cooperarían con él en el cielo. No sería seguro llevarlos al cielo.

Todo el cielo está mirando con intenso interés a la iglesia, para ver lo que sus miembros individuales están haciendo para iluminar a los que se hallan en tinieblas.

Debéis considerar solemnemente que estáis tratando con el gran Dios, y recordar siempre que él no es un niño para jugar con él. No podéis ocuparos en su servicio a voluntad, y abandonarlo cuando os plazca.

Las inteligencias divinas han estado aguardando para cooperar con los agentes humanos, pero no hemos discernido su presencia.

Los ángeles del cielo han esperado por mucho tiempo la colaboración de los agentes humanos—de los miembros de la iglesia—en la gran obra que debe hacerse. Ellos os están esperando.

Muchos, muchos están aproximándose al día de Dios sin hacer nada, rehusando las responsabilidades, y como resultado son enanos espirituales. En lo que concierne a la obra de Dios, las páginas de la historia de su vida presentan un registro doloroso. Son árboles en el jardín de Dios, pero sólo son una molestia en el terreno, y oscurecen con sus copas improductivas el terreno que árboles fructíferos podrían haber ocupado.

Hay peligro para los que hacen poco o nada para Cristo. La gracia de Dios no permanecerá largo tiempo en el alma de aquel que, teniendo grandes privilegios y oportunidades, permanece en silencio.

No hay tiempo para dormir ahora; no hay tiempo para inútiles lamentos. El que se aventura a dormitar ahora perderá preciosas oportunidades de hacer el bien. Se nos otorga el bendito privilegio de juntar gavillas en la gran siega; y toda alma salvada será una estrella adicional en la corona de Jesús, nuestro adorable Redentor. ¿Quién se muestra ansioso de deponer la armadura cuando perseverando en la batalla un poco más logrará nuevas victorias y obtendrá nuevos trofeos para la eternidad?

Los mensajeros celestiales están haciendo su obra: ¿pero qué estamos haciendo nosotros? Hermanos y hermanas, Dios os pide que redimáis el tiempo. Acercaos a Dios. Desarrollad el don que hay en vosotros. Que aquellos que hayan tenido la oportunidad de familiarizarse con las razones de nuestra fe, usen ahora este conocimiento con algún propósito.

¿Cómo podéis vosotros, que repetís la oración del Padrenuestro: “Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”, sentaros cómodamente en vuestros hogares sin ayudar a conducir la antorcha de la verdad a otros? ¿Cómo podéis levantar vuestras manos delante de Dios y pedir sus bendiciones sobre vosotros y vuestras familias, cuando estáis haciendo tan poco para ayudar a otros?

Hay entre nosotros quienes, si tomasen tiempo para considerarlo, mirarían su posición indolente como un descuido pecaminoso de los talentos que Dios les ha dado. Hermanos y hermanas, vuestro Redentor y todos los santos ángeles se entristecen por la dureza de vuestro corazón. Cristo dió su vida para salvar almas, y, sin embargo, vosotros que habéis conocido su amor hacéis muy poco esfuerzo para impartir las bendiciones de su gracia a aquellos por quienes él murió. Semejante indiferencia y negligencia del deber asombra a los ángeles. En el juicio tendréis que encontraros con las almas a quienes descuidasteis. En aquel gran día, os sentiréis convencidos y condenados. El Señor os induzca ahora a arrepentiros, y perdone él a su pueblo por haber descuidado la obra que él le encomendó hacer en su viña.

¿Qué podemos decir al miembro de la iglesia perezoso para hacerle sentir la necesidad de desenterrar su talento y darlo a los banqueros? No habrá ociosos ni perezosos en el reino de los cielos. ¡Dios quiera presentar este asunto en toda su importancia a las iglesias dormidas! ¡Ojalá que Sión se levante y se vista sus ropas de gala! ¡Ojalá resplandezca!

Hay una obra que debe ser hecha en favor de los que no conocen la verdad, precisamente la misma obra que fué hecha por vosotros cuando estabais en tinieblas. Es demasiado tarde para dormir, demasiado tarde para ser un indolente inactivo. El dueño de casa ha dado a cada uno una tarea. Avancemos; no retrocedamos. Necesitamos convertirnos de nuevo diariamente. Necesitamos que el amor de Jesús lata en nuestros corazones, para que seamos instrumentos en la salvación de muchas almas.

El mundo será amonestado sobre la pronta venida del Señor. Tenemos sólo poco tiempo para trabajar. Han pasado a la eternidad años que debían haber sido aprovechados en buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y en difundir la luz. Dios llama ahora a sus hijos que tienen gran luz y están establecidos en la verdad, a quienes se ha dedicado mucho trabajo, a obrar en su propio favor y en favor de otros como nunca antes lo han hecho. Haced uso de toda capacidad; ejercitad toda facultad, todo talento que os haya sido confiado; usad toda la luz que Dios os ha dado para hacer bien a otros. No tratéis de haceros predicadores, sino haceos más bien ministros para Dios.

Textos de Elena White, tomados del libro Servicio Cristiano, pag. 112-116

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