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Fidelidad a Dios en medio de las pruebas

1- JOSÉ APRENDIÓ A SER FIEL A DIOS DESDE LA NIÑEZ.

Las lecciones que su padre les enseñaba, y que sus hermanos desdeñaban y olvidaban, José las atesoraba, las implementaba en su diario vivir y las disfrutaba a plenitud.

“El pecado de Jacob y la serie de sucesos que había acarreado no dejaron de ejercer su influencia para el mal, y ella produjo amargo fruto en el carácter y la vida de sus hijos. Cuando estos hijos llegaron a la adultez, cometieron graves faltas”.

(Patriarcas y Profetas, pág. 186).

No obstante al ambiente negativo que le rodeaba, José había decidido en favor del Dios de su padre, y desde su temprana edad había propuesto en su corazón no traicionar ni ser infiel a quien tantas bendiciones había derramado sobre su familia, a pesar de sus actos diversos de mundanalidad.

“Sin embargo, hubo uno de carácter muy diferente; a saber, el hijo mayor de Raquel, José, cuya rara hermosura personal no parecía sino reflejar la hermosura de su espíritu y su corazón. Puro, activo y alegre, el joven reveló seriedad y firmeza moral. Escuchaba las enseñanzas de su padre y se deleitaba en obedecer a Dios. Las cualidades que lo distinguieron más tarde en Egipto, la benignidad, la fidelidad y la veracidad, aparecían ya en su vida diaria”.

(Patriarcas y Profetas, pág. 186).

2- DESDE NIÑO FUE FIEL PARA REPRENDER EL PECADO.

“José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos… e informaba José a su padre la mala fama de ellos”. (Génesis 37:2).

Quien es fiel al Señor no puede tolerar que el pecado reine sin que sea amonestado. El que practica la rectitud no ha de permanecer indiferente ante el mal; no puede permanecer callado al ver cómo se denigra del nombre de Dios, y cómo se pisotean los principios establecidos por él en su Santa Palabra.

En ocasiones, levantar la voz para corregir la maldad, genera situaciones adversas en contra de quien desea reivindicar la verdad. Es allí donde cada uno tiene que definir hacia quién está dirigida su fidelidad, y qué tipo de motivación le asiste.

Muchos permanecen imperturbables ante el mal con tal de no tener que enfrentar oposición; finalmente, esto también es deslealtad e infidelidad a Dios y a la verdad.

“Al ver José la mala conducta de sus hermanos, se afligía mucho; se atrevió a reprenderlos suavemente, pero esto despertó tanto más el odio y el resentimiento de ellos. A José le era insufrible verlos pecar contra Dios, y expuso la situación a su padre, esperando que su autoridad los indujera a enmendarse”.

(Patriarcas y Profetas, pág. 186)

3- SU FIDELIDAD A DIOS ERA INCONDICIONAL

Muchas veces a los fieles les alcanzan dificultades que Dios permite con el único fin de preparar a sus hijos para el logro de los grandes planes que la divinidad tiene para con ellos.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicciones; pero confiad, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33.

Alguien podría preguntar:

  • ¿Valió la pena su fidelidad?
  • ¿Se justificaba pagar un precio tan alto?
  • ¿Porqué él tenía que sufrir y otros no?
  • ¿Dónde estaba Dios que permitía que él fuera humillado por defender la verdad?
  • ¿Sí fue una buena decisión ser fiel a los principios?

Generalmente cuando el hombre que teme a Dios se ve enfrentado a dificultades, surgen este tipo de interrogantes. Muchos ante las adversidades pierden su fe o su motivación, y tienen la tendencia a cuestionar a Dios por su situación desfavorable.

La fidelidad a Dios no puede estar sometida a circunstancias. La lealtad a Dios debe ser incondicional, y debe estar blindada contra cualquier adversidad que llegue a presentarse en tu andar.

Jamás renuncies a ser fiel a Dios por el hecho de que estés pasando por etapas negativas e indescifrables para ti. Implora a Dios para que te de discernimiento; pero ante todo, pídele que tu fe y tu fidelidad no fallen nunca, aunque no puedas explicar algunas situaciones de las que te rodean y que posiblemente te hacen sufrir.

“Cuando la caravana marchaba hacia el sur, hacia las fronteras de Canaán, el joven pudo divisar a lo lejos las colinas entre las cuales se hallaban las tiendas de su padre. Lloró amargamente al pensar en la soledad y el dolor de aquel padre amoroso… Entonces, allí mismo, se entregó por completo al Señor, y oró para pedir que el Guardián de Israel estuviera con él en el país a donde iba desterrado… “Su alma se conmovió y tomó la decisión de ser fiel a Dios y de actuar en cualquier circunstancia como convenía a un súbdito del Rey de los cielos. Serviría al Señor con corazón íntegro; afrontaría con toda fortaleza las pruebas que le deparara su suerte, y cumpliría todo deber con fidelidad”.

(Patriarcas y Profetas, pág. 192.)

4- SU COMPROMISO DE FIDELIDAD ERA CON DIOS.

“No obstante, José conservó su sencillez y fidelidad a Dios. Las escenas y la seducción del vicio lo rodeaban por todas partes, pero él permaneció como quien no veía ni oía. No permitió que sus pensamientos se detuvieran en asuntos prohibidos. El deseo de ganarse el favor de los egipcios no pudo inducirlo a ocultar sus principios. Si hubiera tratado de hacer esto, habría sido vencido por la tentación; pero no se avergonzó de la religión de sus padres, y no hizo ningún esfuerzo por esconder el hecho de que adoraba a Jehová”.

(Patriarcas y Profetas, pág. 192).

“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto eres su mujer; ¿cómo, pues haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios? (Génesis 39:9.)

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José tenía bien definido a quién estaba dirigida su fidelidad. Sabía claramente que Dios era primero que Potifar. Tenía bien claro que podría engañar a su amo, pero no pasaría inadvertido ante su Dios.

Ser leal a Dios era la meta de su vida. Poder cumplirle al Señor era motivo de alegría. Independientemente de las consecuencias, su gran propósito era ser fiel a Dios. Complacer a los hombres no estaba en su lista de prioridades.

Su gran preocupación era:

¿cómo, pues haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?

Es hora de reflexionar:

  • ¿A quién va dirigida tu fidelidad?
  • Cuando tienes que tomar una decisión, ¿a quién estás dispuesto a complacer?
  • ¿Pones en primer plano a Dios?
  • ¿Decides ser leal a los hombres porque eso te puede reportar algún honor terrenal?
  • ¿Estarías dispuesto a sacrificar la verdad, con tal de estar del lado de quien te pueda conceder beneficios materiales en esta tierra?

Quien es fiel y leal a Dios, automáticamente será fiel y leal a los hombres, en el verdadero sentido de lo que esto significa. Quien decide ser fiel en primer lugar al hombre, no necesariamente terminará siendo leal a Dios.

“No quiso traicionar la confianza de su amo terrenal, sin importar las consecuencias, sería fiel a su Amo celestial”.

(Patriarcas y Profetas, pág. 194).

5- SU FIDELIDAD FINALMENTE FUE RECOMPENSADA.

“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo librará el Señor”. (Salmos 34:19).

El Señor no le anunció a los fieles una vida libre de dificultades, no; su promesa es que aun de en medio de las adversidades, él los librará.

Por mucho que tengan que sufrir los fieles en esta tierra, algún día el Señor levantará su mano para recompensar sus actos de lealtad.

Por muchas limitaciones y humillaciones que tengas que soportar, si te mantienes en la posición correcta en los momentos de crisis, finalmente el Dios del cielo te librará, te exaltará y te dará tu merecido lugar.

Aquel joven cuyo corazón se quebrantó al tener que abandonar todo lo que para él era importante, ahora era exaltado por Dios mismo como premio a su fidelidad.

En una imponente ceremonia, el nombre de José fue exaltado, no como esclavo destacado, sino como gobernante de todo Egipto.

“El rey procedió a investir a José con las insignias de su elevada posición. Entonces el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir de ropas de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaban delante de él: “¡Doblad la rodilla!”

(Patriarcas y Profetas, pág. 197).

“Lo puso por señor de su casa, y por gobernador de todas sus posesiones, para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría”. (Salmos 105:21,22).

CONCLUSIÓN

El Señor necesita líderes fieles y leales, que no cedan a las tentaciones de esta tierra y que más bien mantengan en alto la bandera de la fidelidad en momentos de crisis,

No importa cuántas dificultades tengas que enfrentar. En el nombre del Señor: ¡Mantén en alto tu fidelidad!

“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo…”. (Salmos 101:6).

Por Ptr. DIEGO DORIA - Fuente: Unión Colombiana del Norte.

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