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Un estudio profundo sobre El Diluvio – Asombroso!

Para el hombre moderno común el diluvio es poco más que un cuento para niños. Se considera una leyenda o fábula con una moraleja y ha generado siempre una gran atracción como idea general, se han hecho varias películas, pero en realidad el mensaje del diluvio se ha perdido casi por completo.

El relato bíblico indica que Dios decidió enviar el diluvio sobre la tierra por la extrema decadencia espiritual existente. Dios percibió que el nivel de corrupción se había extendido tanto que no era posible sino una extirpación del mal. Es terrible leer que “toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”.

Contenido del estudio

  • Motivos para la destrucción masiva
  • Salvados por el arca
  • El proceso del diluvio
  • El pacto con Noé.
  • El diluvio y su enfoque escatológico
  • Material complementario
  • Una sociedad avanzada
  • Gigantes.
  • Dimensiones del arca.
  • Dinosaurios en el arca
  • Uniformismo y catastrofismo
  • Una geología del diluvio

El espíritu de mundanalidad intensa que existe ahora, la disposición a no reconocer derechos superiores que los de la complacencia propia, constituyen una de las señales de los postreros días. “Como fue en los días de Noé, dijo Cristo, así también será en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos”. Lucas 17: 26, 27.

Ellen G. White, Testimonios Selectos, Tomo IV, 91-93

A pesar de la terrible condición del mundo en tiempo de Noé, Dios le dio 120 años de plazo. 120 años para predicar, para mostrar al mundo que Dios les llamaba al arrepentimiento antes de la catástrofe. ¡Maravillosa misericordia de Dios!

“Cuando los razonamientos de la filosofía hayan desterrado el temor a los juicios de Dios; cuando los maestros de la religión nos hablen de largos siglos de paz y prosperidad, y el mundo se dedique por completo a sus negocios y placeres, a plantar y edificar, a fiestas y diversiones, y desechando las amonestaciones de Dios, se burle de sus mensajeros, “entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente… y no escaparán”. 1 Tesalonicenses 5: 3.” — Ellen G. White, Patriarcas y Profetas, 93, 94

“Condiciones semejantes prevalecen hoy día. Lo que es lícito en sí es llevado al exceso. Se complace al apetito sin restricción. Hoy muchos de los que profesan ser cristianos comen y beben en compañía de los borrachos mientras sus nombres aparecen en las listas de honor de las iglesias. La intemperancia entorpece las facultades morales y espirituales, y prepara el dominio de las pasiones bajas.

Multitudes de personas no sienten la obligación moral de dominar sus apetitos sensuales y se vuelven esclavos de la concupiscencia. Los hombres viven sólo para el placer de los sentidos; únicamente para este mundo y para esta vida. El despilfarro prevalece en todos los círculos sociales. La integridad se sacrifica en aras del lujo y la ostentación.

Los que quieren enriquecerse rápidamente corrompen la justicia y oprimen a los pobres; y todavía se compran y venden “siervos, y las almas de los hombres”. El engaño, el soborno y el robo se cometen libremente entre humildes y encumbrados.

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La prensa abunda en noticias de asesinatos y crímenes ejecutados tan a sangre fría y sin causa, que parecería que todo instinto de humanidad hubiese desaparecido. Estos crímenes atroces son hoy día sucesos tan comunes que apenas motivan un comentario o causan sorpresa.

El espíritu de anarquía está penetrando en todas las naciones, y los disturbios que de vez en cuando excitan el horror del mundo, no son sino señales de los reprimidos fuegos de las pasiones y de la maldad que, una vez que escapen al dominio de las leyes, llenarán el mundo de miseria y de desolación.

El cuadro del mundo antediluviano que pintó la inspiración representa con fiel veracidad la condición a la cual la sociedad moderna está llegando rápidamente. Ahora mismo, en el presente siglo, y en países que se llaman cristianos, se cometen diariamente crímenes tan negros y atroces, como aquellos por los cuales los pecadores del antiguo mundo fueron destruidos. — (Ellen G. White, Patriarcas y Profetas, 89-91

Hombres muchisimo mas inteligentes

Se supone una población antediluviana en 2.000 millones (haciendo algunos cálculos con las generaciones en Génesis, que se explica en el estudio). Ellen G. White menciona — en Patriarcas y Profetas, p. 92 — que la población antediluviana era enorme.

Al efecto de una enorme población debemos añadir el intelecto de hombres mucho más inteligentes que nosotros (pero muchísimo más). La Sierva del Señor dice que estos hombres poseían un nivel de conocimiento muy superior al de su tiempo (segunda mitad del siglo XIX). No me extraña que Elena dijera lo siguiente:

“En el diluvio perecieron invenciones de arte y habilidad humanas más grandes que las que el mundo conoce en la actualidad. Las obras de arte destruidas eran más grandes que las que se alaban hoy día… Mirando al mundo, Dios vio que el intelecto que había dado al hombre estaba pervertido, que su mente maquinaba el mal continuamente. Dios había dado conocimiento a estos hombres. Les había dado ideas valiosas para que llevaran a cabo su plan. Pero el Señor vio que aquellos a quienes había confiado sabiduría, tacto y juicio, estaban usando cada cualidad de la mente para glorificarse a sí mismos. Mediante las aguas del diluvio sacó de la tierra esta raza de hombres longevos, y con ellos pereció el conocimiento que habían usado sólo para el mal. Cuando la tierra se repobló, el Señor confió su sabiduría a los hombres en menor medida, dándoles solamente la habilidad que necesitarían para llevar a cabo su gran plan…” — Ellen G. White, Conflicto y valor, 34

Por otro lado, el encargo de Dios de construir un arca de esas dimensiones implicaba un conocimiento tecnológico no al alcance de un poblador común… hoy, menos en una sociedad supuestamente tribal.

Pero otro concepto está relacionado con una población de 2.000 millones de personas. Dios le había pedido a Noé que alertara a todos acerca del diluvio y le dio un plazo de 120 años. ¿Cómo podría comunicar el mensaje a 2.000 millones de personas en 120 años? Debía anunciar la catástrofe a unas 46.000 personas cada día. No se me ocurre que lo hiciera hablando solamente con los que se acercaban al arca… Debía tener medios masivos de comunicación para llegar hasta tantas personas, medios como los que tenemos hoy…

Estudio preparado por Federico Salvador Wadsworth

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