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Libro: Jesucristo No Puede ser Burlado – Charles Spurgeon

¡Oh, pecador, cuando tú desdeñas la gran salvación, sería bueno que recordaras qué es lo que desprecias; pues ultrajas el evangelio de la salvación, tienes por una cosa vana la fe que justifica, pisoteas bajo tus pies la sangre de Jesús, rechazas el Espíritu Santo y te apartas del camino del cielo, y luego menosprecias a la fe, a la esperanza y al amor; menosprecias todas las promesas del pacto eterno, todas las cosas gloriosas que Dios ha reservado para quienes le aman, y menosprecias todo aquello que Él ha revelado en Su Palabra como el don que promete a quienes vienen a Él.

Desdeñar el Evangelio es algo grave, pues en esa Palabra, ―las buenas nuevas inspiradas por Dios― está resumido todo lo que la naturaleza humana pudiera requerir, y todo lo que incluso los santos que están en la bienaventuranza reciben. ¡Oh, es una locura despreciar el Evangelio del Dios bendito! ¡Es peor que una insensatez!

Si desprecias las estrellas, eres un necio; si desprecias la tierra de Dios, con sus gloriosas montañas, con sus ríos que fluyen en sus hermosos prados, eres un loco maniático; pero si menosprecias el Evangelio de Dios, eres el equivalente de diez mil maniáticos en uno.

Si desdeñas eso, eres mucho más necio que quien no ve ninguna luz en el sol, no contempla ninguna hermosura en la luna ni ninguna brillantez en el firmamento estrellado. Pisotea, si quieres, Sus obras inferiores; pero, ¡oh!, recuerda que cuando desdeñas el Evangelio, estás menospreciando la obra maestra de tu grandioso Creador ―eso que le costó más que crear una miríada de mundos― la compra sangrienta realizada por las agonías de nuestro Salvador.

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¡Ah, pecador!, cuando desdeñas el Evangelio, desdeñas a Cristo, a ese Cristo delante de quien los gloriosos querubines se inclinan; desdeñas a Aquel con cuya alabanza resuena la bóveda del cielo; desdeñas a Aquel a quien Dios tiene en muy alta consideración, pues le ha llamado: “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.”

¡Ah!, es algo solemne menospreciar a Cristo. Si desprecias a un príncipe, recibirás por ello poca honra de manos del rey; pero si desprecias al Hijo de Dios, el Padre se vengará de ti por el menosprecio de Su Hijo

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