El 21 de enero de 2026, el mundo fue testigo de otra convergencia entre dos de las mayores potencias geopolíticas y religiosas de nuestro tiempo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció oficialmente la invitación al Papa León XIV para unirse al recién creado «Consejo de Paz», una estructura internacional concebida por la Casa Blanca para mediar en conflictos y supervisar la reconstrucción en zonas de guerra como Gaza, Venezuela, Ucrania y otras regiones en tensión.

A primera vista, el gesto parece diplomático, simbólico e incluso noble: un esfuerzo conjunto por la paz. Pero, a la luz de la profecía bíblica, especialmente Apocalipsis 13, este episodio adquiere los contornos de una advertencia escatológica. Es un paso más en la escalera profética que une a las dos bestias, la bestia del mar y la bestia de la tierra, en la formación de lo que la Biblia llama la imagen de la bestia: la unión global entre la religión y la política, con la apariencia de un cordero, pero hablando como un dragón.
La bestia que sube del mar (Apocalipsis 13:1-10) representa, según la interpretación historicista, el sistema papal, con su combinación de poder político y religioso. La bestia que sube de la tierra (Apocalipsis 13:11-18) se identifica con los Estados Unidos de América, una nación fundada en los principios de la libertad civil y religiosa, pero que, en el fin de los tiempos, usaría su influencia global para promover la adoración de la primera bestia, imponiendo la marca de la autoridad humana sobre la ley de Dios.
La invitación al Papa no es una mera cortesía diplomática. Es simbólica. Por primera vez, el país representado en la profecía como la bestia de la tierra invita formal y públicamente al representante supremo de la bestia del mar a sentarse a la mesa del poder y la gobernanza global. No se trata de una cooperación puntual, sino de construir un organismo político con autoridad moral, económica y legislativa, basado en la alianza entre la nación más poderosa del mundo y el líder religioso más influyente del planeta.
El mero hecho de que el actual Papa, León XIV, sea estadounidense ya representa un hito profético. Ahora, su posible participación en un «Consejo de Paz» liderado por el presidente estadounidense no hace más que reforzar la fusión de identidades: Roma y Washington, altar y trono, púlpito y plataforma. Todo bajo el manto de la «paz», el mismo argumento utilizado en 1 Tesalonicenses 5:3: «Mientras la gente diga: ‘Paz y seguridad’, la destrucción les vendrá de repente».
La profecía afirma que la segunda bestia hace una imagen de la primera (Apocalipsis 13:14). No se trata de una imitación estética, sino estructural. La imagen de la bestia recrea la lógica medieval: la unión entre la Iglesia y el Estado, el uso del poder civil para imponer mandamientos religiosos y la persecución de quienes se niegan a obedecer las exigencias humanas en lugar de los mandamientos divinos.
El Consejo de Paz, en este contexto, se presenta como un prototipo aceptable, elegante y diplomático de esta unión. Pero su esencia es profética: un acercamiento político disfrazado de moralidad, el prestigio religioso utilizado para legitimar decisiones políticas y la construcción gradual de una autoridad global con poder para decidir sobre conflictos, fronteras, valores y normas.
El libro de Elena G. de White, El Conflicto de los Siglos*, anticipa esta convergencia. La autora describe cómo, en el fin de los tiempos, habrá cooperación entre el protestantismo apóstata, el espiritismo y el catolicismo romano, y que esta triple unión será la fuerza impulsora de la persecución final. La invitación al Papa a unirse al Consejo de Paz no es el cumplimiento de esta unión, sino un hito de progreso, una confirmación de que el mundo está dispuesto a escuchar la voz de la religión institucionalizada como criterio de autoridad política y moral. La bestia comienza a hablar con una voz de consenso global.
Al mismo tiempo, no se puede ignorar el simbolismo invertido: el Cristo bíblico se negó a sentarse en el trono del César. Afirmó que su reino no era de este mundo. Rechazó las alianzas políticas y propuso un reino basado en la verdad, no en la fuerza. La profecía advierte contra cualquier sistema que busque establecer el reino de Dios mediante medios humanos, alianzas políticas y coerción institucional.
El Consejo de Paz se presenta como una alternativa a la ONU, los tratados internacionales y los organismos jurídicos globales. Pero, en esencia, es una organización basada en el poder militar, la supremacía de un imperio y la cooperación de líderes religiosos con intereses morales globales.
Esto no significa negar la importancia del diálogo interreligioso ni la búsqueda de la paz. Pero cuando la autoridad espiritual se convierte en un instrumento de poder político, cuando la religión se sienta a la mesa de los reyes para dictar el rumbo del mundo, nos enfrentamos a un escenario escatológico que exige discernimiento. El dragón habla. Y ahora, habla en nombre de la paz.
El pueblo de Dios debe estar alerta. La imagen de la bestia se está moldeando silenciosa y elegantemente, sin persecución aparente. Pero los moldes están listos. Se están forjando las alianzas. Y cuando la profecía diga «ahora», todo estará en su lugar. El remanente no debe temer, sino discernir. Fiel a la Palabra, fiel a la profecía, fiel al Cordero y atento a las señales de los tiempos.
Por Julio Cesar Ribeiro, pastor y profesor; licenciado en Teología, especialización en Teología Bíblica, maestría en Teología Bíblica, maestría en Teología Cristiana y actualmente cursa el doctorado en Teología Bíblica.)



