¿Fue Cristo «engendrado»? ¿Significa que tuvo un principio? Salmo 2:7

¿“ENGENDRADO” SIGNIFICA QUE CRISTO TUVO UN PRINCIPIO? – SALMO 2:7

Uno de los textos utilizados con mayor frecuencia para sostener que Cristo tuvo un principio es Salmo 2:7: “Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy”. El argumento parece sencillo: si el Padre “engendró” al Hijo, entonces hubo un momento en que el Hijo no existía y posteriormente comenzó a existir. Sin embargo, esta conclusión no procede del texto. Confunde el significado del verbo “engendrar” con la función que ese engendramiento desempeña dentro de un salmo de entronización real.

El término hebreo utilizado es יְלִדְתִּיךָ (yelidtîkha), del verbo יָלַד (yālad), cuyo significado básico es “engendrar”, “dar a luz” o “hacer nacer”. Por tanto, no sería correcto afirmar que el verbo significa léxicamente “establecer como rey”. La cuestión exegética no es cambiar el significado de yālad, sino determinar qué significa la declaración “yo te engendré hoy” dentro del contexto particular del Salmo 2.

Y el contexto es inequívocamente real y mesiánico. El versículo inmediatamente anterior declara: “Pero yo he puesto [o establecido] mi rey sobre Sion, mi santo monte” (Sal. 2:6). Entonces habla el Rey: “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy” (v. 7). Después recibe las naciones por herencia y los confines de la tierra por posesión (vv. 8, 9). Estamos ante una ceremonia de entronización, no ante una explicación metafísica acerca del momento en que comenzó la existencia del Hijo.

Esta clase de lenguaje tenía antecedentes en la teología real del Antiguo Testamento. Dios había declarado acerca del rey davídico: “Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo” (2 Sam. 7:14). Esto no significaba que el rey comenzara biológicamente a existir el día de su entronización. Describía la relación especial que Dios establecía con el monarca davídico como representante suyo. Salmo 2 lleva este lenguaje a su cumplimiento mesiánico.

Por eso, cuando digo que Cristo fue “establecido”, no estoy diciendo que yālad signifique literalmente “establecer”. Estoy diciendo que el engendramiento de Salmo 2:7 corresponde a su establecimiento, proclamación o investidura como Rey mesiánico. El versículo 6 proporciona precisamente el marco interpretativo del versículo 7: “He establecido mi Rey… Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy”.

EL NUEVO TESTAMENTO INTERPRETA SALMO 2:7

La prueba más contundente se encuentra en la manera en que los propios escritores del Nuevo Testamento emplean Salmo 2:7. Pablo declara en Antioquía: “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hech. 13:32, 33).

La aplicación es muy importante. Pablo relaciona Salmo 2:7 con la resurrección y exaltación mesiánica de Jesús. Evidentemente, Pablo no está diciendo que Jesús comenzó a existir cuando salió de la tumba. Cristo ya había vivido, predicado y muerto. Por consiguiente, “yo te he engendrado hoy” no puede significar necesariamente “hoy comenzaste a existir”.

Romanos 1:3, 4 presenta una idea semejante. Cristo, que ya era el Hijo, fue “declarado Hijo de Dios con poder… por la resurrección de entre los muertos”. La resurrección no produjo ontológicamente al Hijo; manifestó e inauguró públicamente su condición mesiánica con poder.

Hebreos también utiliza Salmo 2:7. Después de presentar al Hijo como aquel mediante quien Dios “hizo el universo”, como “el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia”, y como aquel que, después de efectuar la purificación de nuestros pecados, “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”, pregunta: “¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy?” (Heb. 1:2-5).

Observe nuevamente el contexto: creación, exaltación, entronización y superioridad del Hijo. Más adelante se le dice: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Heb. 1:8). Nada en este contexto presenta al Hijo como una criatura que comenzó a existir.

“HOY” NO SIGNIFICA UN MOMENTO EN LA ETERNIDAD

También existe un serio problema con interpretar el “hoy” de Salmo 2:7 como el momento en que Cristo comenzó a existir. ¿Dónde coloca la Biblia ese “hoy”? El Nuevo Testamento lo relaciona con un acontecimiento histórico de la misión mesiánica de Cristo, particularmente su resurrección y exaltación.

Si alguien insiste en que “yo te engendré hoy” significa necesariamente “hoy comenzaste a existir”, entonces la aplicación apostólica conduciría al absurdo de afirmar que Cristo comenzó a existir en su resurrección. Pero nadie sostiene eso. La razón es sencilla: el engendramiento puede expresar una nueva condición oficial o real sin implicar el comienzo de la existencia de la persona.

Por eso no se puede tomar una metáfora real de entronización y convertirla automáticamente en una declaración acerca del origen ontológico del Hijo.

¿ENSEÑA LA BIBLIA LA PREEXISTENCIA ETERNA DEL HIJO?

Se objeta también que la Biblia nunca utiliza la palabra “coeterno”. Eso es cierto, pero resulta irrelevante. Una doctrina no necesita aparecer expresada mediante una palabra teológica posterior para que su contenido esté presente en las Escrituras. Tampoco encontramos en la Biblia términos posteriores como “encarnación” en su formulación técnica, pero la realidad que describen está claramente enseñada.

Juan declara acerca del Verbo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). La elección verbal es significativa. Cuando comienza “el principio”, el Verbo ya “era”. Juan continúa: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3).

Aquí aparece una distinción fundamental. Por un lado está el Verbo; por el otro, la totalidad de “lo que ha sido hecho”. Si todas las cosas que llegaron a existir llegaron a existir mediante el Verbo, el Verbo no puede ser colocado coherentemente dentro de la categoría de las cosas que llegaron a existir.

Jesús mismo pidió al Padre: “Glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5). Y más adelante declara: “Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). La relación entre el Padre y el Hijo antecede a la creación.

Miqueas 5:2, hablando del gobernante que saldría de Belén, declara que sus “salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Hebreos 1, además, atribuye al Hijo la creación de los cielos y de la tierra y aplica a él las palabras: “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (Heb. 1:10).

HIJO NO SIGNIFICA CRIATURA

Otro error consiste en asumir que si Cristo es “Hijo”, necesariamente tuvo que comenzar a existir después del Padre. Eso introduce en la relación divina las limitaciones de la reproducción humana. La Biblia utiliza Padre e Hijo para revelar una relación verdadera entre ambos, pero nunca dice que el Hijo sea una criatura.

De hecho, Juan 5 muestra que los contemporáneos de Jesús entendieron que llamar a Dios su propio Padre tenía implicaciones mucho mayores: “decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18). Jesús no responde diciendo que ellos se equivocaban porque él fuera un ser creado. Por el contrario, desarrolla su singular relación con el Padre y afirma que “como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” y que todos deben honrar “al Hijo como honran al Padre” (Juan 5:21-23).

Por tanto, la filiación de Cristo no constituye una prueba de inferioridad ontológica ni de origen temporal.

EL ERROR DE CONFUNDIR ENTRONIZACIÓN CON ORIGEN

Salmo 2 presenta una secuencia perfectamente coherente. Las naciones se rebelan contra Yahweh y contra su Ungido (vv. 1-3). Dios responde estableciendo a su Rey sobre Sion (v. 6). El Rey proclama el decreto divino: “Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy” (v. 7). Después recibe las naciones como herencia (vv. 8, 9). Finalmente, los reyes de la tierra son llamados a someterse al Hijo (vv. 10-12). Todo el pasaje trata del reinado y autoridad del Mesías.

El Nuevo Testamento conserva exactamente esa perspectiva cuando aplica el Salmo a Cristo. Su resurrección, exaltación y entronización manifiestan públicamente quién es el Hijo y su autoridad mesiánica. No describen el instante en que su persona comenzó a existir.

Por eso, utilizar Salmo 2:7 para demostrar que Cristo tuvo un principio es exigirle al texto algo que el texto no está diciendo. “Yo te engendré hoy” pertenece al lenguaje de la entronización del Rey mesiánico. El Hijo que es entronizado no comienza allí su existencia; comienza allí, dentro del cumplimiento histórico del plan de salvación, una nueva fase de su reinado mesiánico.

Salmo 2:7 no responde a la pregunta: “¿Cuándo comenzó a existir Cristo?”. Responde a otra pregunta completamente diferente: ¿Quién es el Rey establecido por Dios para gobernar las naciones? La respuesta del Salmo es inequívoca: el Hijo.

Por Rafael Montesinos

Pensamiento de hoy

“En esta vida nuestra labor por Dios a veces parece ser infructuosa. Nuestros esfuerzos para hacer el bien pueden ser fervientes y perseverantes, pero es posible que no se nos permita ver el resultado. Puede ser que nuestros esfuerzos parezcan ser vanos. Pero el Salvador nos asegura que nuestra obra es reconocida en el cielo, y que la recompensa no fallará” (6T 305).

- Elena G. White

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