Responsabilidad Sexual de los Jóvenes Cristianos

El siguiente articulo es extraído de el libro Cartas a Jóvenes Enamorados de Elena de White. Es inspiración divina; ten presente esto en tu vida.
Responsabilidad Sexual de los Jóvenes Cristianos

La entrega de todas las facultades a Dios simplifica mucho los problemas de la vida. Debilita y abrevia mil luchas con las pasiones del corazón carnal.


Deberían mantenerse sujetos los afectos juveniles hasta que llegue el tiempo en que la edad y la experiencia suficientes permitan libertarlos con honra y seguridad.

Un corto tiempo invertido en sembrar malas hierbas, queridos amigos jóvenes, producirá una cosecha que amargará vuestra vida toda; una hora de descuido; ceder una vez a la tentación, pueden hacer que toda la corriente de vuestra vida se encauce en una dirección equivocada. No podéis tener más que una juventud; invertidla en forma útil. Cuando hayáis pasado sobre este terreno una vez, nunca podréis regresar para rectificar vuestros errores. El que se niega a relacionarse con Dios, y se coloca a sí mismo en el camino de la tentación, caerá con seguridad. Dios está probando a cada joven.

La sensualidad es el pecado de esta época. Pero la religión de Jesucristo mantendrá las riendas de control sobre toda especie de libertad ilegítima. Las facultades morales mantendrán las riendas sobre cada pensamiento, palabra y acción. No se encontrará culpa en los labios del verdadero cristiano. No se permitirá ningún pensamiento impuro, ninguna palabra que se aproxime a la sensualidad, ninguna acción que tenga la más mínima apariencia de mal. 

No tratéis de ver cuán cerca podéis caminar por el borde de un precipicio con seguridad. Evitad la primera aproximación al peligro. Los intereses del alma no pueden ser motivo de juego. Vuestro capital es vuestro carácter.

Cuidadlo como lo haríais con un dorado tesoro. La pureza moral, el respeto propio, un fuerte poder de resistencia, pueden cultivarse firme y constantemente.

Cada pasión no santificada debe mantenerse bajo el control de la razón santificada mediante la gracia que Dios otorga abundantemente en cada emergencia. Pero no se haga ningún arreglo para crear una emergencia; que no haya un acto voluntario que coloque el alma donde será asaltada por la tentación; ni se dé la menor ocasión para que otros piensen de uno como culpable de indiscreción.

Mientras dure la vida es preciso resguardar los afectos y las pasiones con un propósito firme. Hay corrupción interna; hay tentaciones externas; y siempre que deba avanzar la obra de Dios, Satanás hará planes para disponer las circunstancias de modo que la tentación sobrevenga con poder aplastante sobre el alma. No podemos estar seguros ni un momento a menos que dependamos de Dios y nuestra vida esté oculta con Cristo en Dios.

Guillermo estaba totalmente hechizado por Carolina. En esta serie de cartas podemos ver el esfuerzo continuo de Elena G. de White para ayudarlo. Carolina había estimulado una amistad que casi había absorbido totalmente la atención de ambos. Había ido mucho más allá de los límites de lo que es correcto y honorable, al punto que estaban profundamente involucrados en prácticas que, como lo dice Elena G. de White, deben reservarse para el matrimonio. Una relación tal amenazaba la utilidad futura tanto de Guillermo como de Carolina. Elena G. de White los insta o a separarse o a casarse, a fin de no arruinar la reputación de ellos y su testimonio como cristianos. 

Carta 1
Ballardvale, Mass.
Agosto, 1879


Apreciado Guillermo,

Entré a mi tienda con el corazón adolorido, con el propósito de aliviar mi mente escribiéndote acerca de algunas cosas que me fueron mostradas en visión. 

El Señor te ha mostrado que tu relación con Carolina no ha sido en ninguna manera calculada para ayudarte moralmente o para fortalecer tu vida espiritual. Hiciste algunos débiles intentos de separarte de ella, pero pronto renovaste tus atenciones hacia ella, respondiendo a sus incitaciones e infatuándote con ella.

Debido a la infatuación de ambos, invertiste horas nocturnas en su compañía. Ella te profesa amor, pero desconoce lo que es un amor puro que brota de un corazón modesto. Se me mostró que estás fascinado, engañado, y que Satanás se regocija de que alguien que difícilmente tiene un rasgo de carácter que podría convertirla en la esposa que te hiciera feliz en un hogar feliz, tenga una influencia tal que te separa de tu madre que te ama con un afecto inalterable. En el nombre del Señor, cesa tus atenciones hacia Carolina o cásate con ella—no escandalices a la causa de Dios.

Seguiste tu propio curso de acción sin tomar en cuenta las consecuencias. Tu corazón se rebela contra tu madre porque ella no puede aceptar en forma alguna a Carolina ni aprobar las atenciones que le brindas. 

La intimidad que has desarrollado con Carolina no ha servido para acercarte al Señor ni para santificarte mediante la verdad. Estás arriesgando intereses eternos en la compañía de esta niña.

Carolina espera casarse contigo, y tú la has estimulado a pensar en eso por tus atenciones. Tu felicidad en esta vida y en la vida futura está en peligro. Has estado siguiendo sus atenciones engañosas y necias y tu propio juicio, los cuales no han hecho de ti un cristiano más consistente ni un hijo más fiel y respetuoso. Si la atmósfera que rodea a Carolina es muy agradable para ti; si ella llena las aspiraciones que tienes en cuanto a lo que debe ser la esposa que ha de estar a la cabeza de tu familia; si con juicio sereno, y a la luz de lo que Dios ha señalado, su ejemplo es digno de imitarse, sería mejor que te casaras con ella en vez de frecuentar su compañía y luego conducirse como solamente los esposos debieran hacerlo.

Vuestros actos y conversación son ofensivos a Dios. Los ángeles de Dios registran vuestras palabras y acciones. Se te ha dado luz pero no la has escuchado. La conducta que has seguido trae reproche sobre la causa de Dios. Tu proceder es incorrecto y no cristiano. Cuando deberíais haber estado cada uno en su propia casa, habéis estado el uno en compañía del otro, y el uno en los brazos del otro casi toda la noche. ¿Han sido vuestros pensamientos más puros, más santos, más elevados y ennoblecidos? ¿Habéis tenido un consejo más claro del deber y un amor mayor hacia Dios y la verdad? 

Tu amiga,
Ellen G. White

Carta 2
Enero 12, 1880


Apreciado Guillermo,
Me levanté temprano esta mañana Pensando en ti mi mente no tiene descanso. Tu caso me ha sido mostrado. El registro del cielo se abrió y pude leer una crónica de tu vida.

Arrojas sobre ti reflejos de los más amargos por haber confiado en tu propio juicio y haber caminado en tu propia sabiduría, rechazando la voz de Dios y despreciando las advertencias y consejos de sus siervos, y siguiendo con perseverancia y persistencia tus propios caminos perniciosos por lo cual el camino de la verdad ha sido blasfemado y se perdieron almas que podrían haberse salvado por tu intermedio.

Mucho más podría decir acerca de ti, pero esto es suficiente por el momento. Me sentí tan agradecida cuando salí de la visión y comprendí que no era una realidad presente, y que el tiempo de gracia todavía se prolongaba. Y ahora quisiera apelar a ti para que te apresures y no juegues más con las cosas eternas.

Te vanaglorías de que eres honesto, pero no lo eres. Por tu conducta has estado soldando las cadenas que te mantendrán en la mismísima servidumbre con Carolina, y aún continúas haciéndolo. Rechazaste la voz de Dios y escuchaste la voz de Satanás. Actúas como un hombre desprovisto de sus sentidos. ¿Y por quién? Por una niña sin principios, sin un solo rasgo apreciable de carácter, orgullosa, extravagante, voluntariosa, sin consagración, impaciente, obstinada, sin afecto natural, impulsiva. Si te separas completamente de ella, tendría la oportunidad de verse como es y de humillar su corazón delante de Dios.

En la vida de todo joven hay un período crítico cuando se separa de las influencias del hogar y de los consejos sabios, y entra en nuevas escenas y circunstancias probatorias. Si por razones ajenas a su voluntad o elección se ve colocado en situaciones peligrosas, y depende de Dios para recibir fortaleza—cultivando el amor de Dios en su corazón—está guardado de ceder a la tentación por el poder de Dios que lo está probando. 

Qué diferencia entre el caso de José y el de los jóvenes que aparentemente entran en forma voluntaria en el terreno del enemigo, exponiéndose a los fieros asaltos de Satanás.

Fue el Señor quien prosperó a José, pero en medio de la prosperidad vino la adversidad más oscura. La esposa de su amo era una mujer licenciosa, que trató de empujar sus pasos hacia el infierno. ¿Mancillaría José su carácter moral de oro ante las seducciones de una mujer corrupta? ¿Recordaría que el ojo de Dios estaba sobre él?

Hay pocas tentaciones más peligrosas y fatales para los jóvenes que la tentación a la sensualidad, y ninguna, si se cede a ella, probará ser tan definidamente ruinosa para el alma y el cuerpo, para este tiempo y la eternidad El bienestar de todo el futuro de José depende de la decisión de un momento. Calmosamente José levanta sus ojos al cielo en demanda de ayuda; se desprende de su manto exterior dejándolo en las manos de su tentadora, y mientras sus ojos brillan con la expresión de una resolución firme en vez de una pasión impía, exclama: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” Obtuvo la victoria; huyó de la hechicera y se salvó.

Tuviste la oportunidad de mostrar si tu religión era una realidad práctica. Te tomaste libertades a la vista de Dios y de los santos ángeles que no te hubieras permitido bajo la observación de tus prójimos. La verdadera religión abarca todos los pensamientos de la mente, penetra hasta las intenciones secretas del corazón y los motivos de las acciones; el objeto y la dirección de los afectos y todo el marco de referencia de nuestras vidas.

“Tú, Dios, me ves”, será el santo y seña, la guardia de la vida. Tú puedes aceptar estas lecciones. Tienes necesidad de aprender. Dios te ayude.

Ellen G. White

Carta 3
Hornellsville, New York


Apreciado Guillermo,

Tengo profundo interés de que este último llamado no sea tratado con indiferencia como ocurrió con los anteriores. Si no escuchas esta amonestación, será la última que recibirás.

Queda por verse si continuarás en el camino de infatuación, y si Carolina, después de su confesión seguirá haciendo lo mismo. Se me mostró su conducta como sigue: reconoció su mal proceder, y luego atrajo tus simpatías de la manera más patética por medio de cartas y de conversaciones. Fuiste atraído de nuevo hacia ella para darle simpatía y ánimo, pero estabas tan completamente enceguecido y fuiste tan débil, que te enredaste otra vez con ella y más firmemente que nunca antes. 

Se me mostró que estabas en su compañía hasta altas horas de la noche. Tú sabes muy bien en qué forma pasaron esas horas. Me llamaste para preguntarme si habías quebrantado los mandamientos de Dios. Te pregunto, ¿no los has quebrantado? ¿Cómo emplearon ustedes las horas juntos noche tras noche? ¿Fueron vuestras posiciones, actitudes y afectos tales que desearíais que se los registrara en el libro del cielo? Vi y escuché cosas que harían ruborizar a los ángeles. 

Ningún joven debiera hacer lo que hiciste a Carolina a menos que estuviera casado con ella. Quedé muy sorprendida al saber que no ves este asunto en su verdadera luz. Te escribo ahora para implorarte por el bien de tu alma que no juegues más con la tentación. Apresúrate a romper este hechizo que como una terrible pesadilla ha estado cerniéndose sobre ti. Libérate ahora y para siempre, si es que tienes algún deseo de obtener el favor de Dios.

Una conducta como la que has manifestado, es suficiente para destruir la confianza en ti como hombre honesto y cristiano. Si no estuvieras bajo la influencia de un hechizo satánico no harías lo que haces. Pero estoy en duda en cuanto a si ahora cambiarás tu curso de acción. Sé cuál es el poder que mantiene su encantamiento sobre ti, y deseo que lo veas y que lo percibas antes de que sea demasiado tarde. ¿Estarás dispuesto a cambiar completamente y a cortar el último vínculo con Carolina?

¿Estará ella dispuesta a hacer lo mismo? Si ninguno de ustedes quiere hacerlo, cásense de inmediato y no atraigan más deshonra sobre ustedes y sobre la causa de Dios.

Has fracasado marcadamente en casi todo aspecto. Ahora, en el resto de tu vida, busca recuperar lo que has perdido. Que el libro del cielo pueda proporcionar un registro diferente de tu conducta. Dios te bendiga. 

Ellen G. White

Carta 4
Septiembre de 1880


Apreciado Guillermo,

Me sentí complacida al recibir tu carta y al leer tu sugerencia de permanecer donde estás hasta que te hayas rehabilitado o deshecho la influencia errónea que ejerciste. Me siento feliz de que lo sientas así. Tú sabes que te escribí muy definida y claramente en cuanto a las cosas que se me mostraron; y la preocupación que tengo por tu salvación me movió a presentar tu caso tal cual me fue mostrado, como de gran peligro. Será difícil que lo veas así, pero en un sueño que tuve anoche le estabas diciendo a tu madre, “si las cosas son realmente así, de nada vale que me esfuerce porque voy a fracasar”.

Te dije, Guillermo, que cuando trates con toda perseverancia y determinación de volver sobre tus pasos y recuperarte de la trampa de Satanás, te libertarás de tu servidumbre y serás un hombre libre. Requerirá mucha fuerza de voluntad en la fortaleza de Jesús, quebrantar el poder del hábito y despedir al adversario de las almas al cual has atendido por tanto tiempo. Cambia de invitado y extiéndela la bienvenida a Jesús para que tome posesión del templo de tu alma. El no comparte el corazón con Satanás. Aun ahora, en este momento, puedes hacer un esfuerzo decidido, no en tu fortaleza sino en la de Jesús.

Quebranta tu corazón delante de Dios y confiesa y abandona las cosas que te han separado de Cristo. La obra de arrepentimiento debe comenzar con tuma dre. Nunca vendrás a la luz a menos que hagas esto. No dejes de hacer ninguna de las cosas que debes hacer para corregir los errores, porque has llegado a un momento decisivo.

Tendrás que soportar la prueba, porque serás probado por Dios. Si sales purificado como oro, Dios podrá usarte. No seas infiel sino creyente. Tu tribulación no será al presente gozosa, sino más bien penosa, pero producirá fruto apacible de justicia. “Porque el Señor al que ama, disciplina y azota a todo aquel que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Hebreos 12:6, 7.

Ahora tus pasos deben descender profundamente por el valle de la humillación. Has pensado: “Mi fundamento permanece firme. Puedo controlarme”. Pero tu experiencia pasada y tu situación presente debedarte un claro discernimiento de la depravación del hombre por causa de su separación de Dios.

Mi querido muchacho, por amor a Cristo, no continúes engañándote en tu conducta. Trabaja para la eternidad No consultes contigo mismo. Quebranta tu corazón delante de Dios a fin de que la roca no caiga sobre ti y te muela hasta transformarte en polvo.

¿Qué más podría decirte? Lo que anhelo es que seas salvo. Deseo que seas perfecto delante de Dios.

Con amor,
Ellen G. White
Carta 50, 1880.
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