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Consejos para el Matrimonio Divino

Consejos para el Matrimonio Divino

Consejos Para el Matrimonio Divino

Orientación o consejo para el matrimonio es algo que todos buscan en una forma u otra. Para la mayoría; estos es una petición bastante informal de consejo a alguien en quien ellos confían. Pero para otros, implica sesiones más formales en un espacio prolongado de tiempo con alguien que, ellos confían, tiene algún conocimiento especial. Independientemente de la forma que busquemos consejo, casi todos reconocen que el éxito en el matrimonio a veces requiere la ayuda de otros, y mientras yo no quiero minimizar la importancia de consejeros humanos (si respetan a Dios y su palabra), nuestra primera y principal fuente de consejo (orientación, guía) debe ser la palabra de Dios (Salmo 119:105; 2 Timoteo 3:16-17).

En este artículo queremos “sentarnos en el sofá” y escuchar a Dios aconsejarnos sobre el matrimonio. A medida que lea el siguiente consejo, por favor tómese el tiempo para buscar todas las referencias de las Escrituras y darles una consideración cuidadosa. Aunque muchos de los pasajes no contienen referencias directas al matrimonio, su aplicación al matrimonio debe ser obvia. También dese cuenta que, mientras el consejo de consejeros humanos puede tener defectos, Dios hace más que dar el consejo perfecto; Él emite mandamientos (no “sugerencias”) que deben ser obedecidos. Es esencial, no sólo para el éxito de nuestro matrimonio, sino para la salvación de nuestras almas, seguir el consejo de Dios (Santiago 1:19-25).

1. Debido a que Dios espera que el matrimonio dure para toda la vida (Romanos 7:2; Mateo 19:6), debemos hacer un compromiso a nuestro matrimonio y a nuestro cónyuge. Debemos estar determinados a que nosotros simplemente no permitiremos que nuestro matrimonio fracase. Los buenos matrimonios y duraderos no ocurren por casualidad, sino son el resultado de un compromiso a hacer lo que sea necesario hacer para que las cosas mejoren, y por lo tanto, perduren.

2. Entienda las consecuencias de fallar.

  •  A menos que nos separemos de nuestro(a) compañero(a) por causa de su inmoralidad sexual (Mateo 19:9), estaremos pecando por separar lo que Dios ha unido.
  • Por ese acto de divorcio (separar), podemos causar que nuestro(a) compañero(a) sea condenado. Mateo 5:32; 18:6, 7.
  • Un divorcio ilegal puede resultar en nuestro propio adulterio y costarnos nuestra alma. Mateo 19:9.
  • El fracaso en el matrimonio, aun si no resulta en divorcio, puede dañar nuestra relación con Dios. “Para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. 1 Pedro 3:7.
  • El divorcio, o aun un matrimonio tempestuoso, tendrá un impacto negativo en nuestros hijos y puede conducirnos a fallar en nuestra enseñanza a ellos (Efesios 6:4). ¿Realmente esperamos que nuestros hijos comprendan el matrimonio cuando sus padres no lo hacen?

3. Sea realista.

  •  Demasiadas personas se centran en los defectos de su pareja, sin darse cuenta de que nadie disfruta de un matrimonio con un cónyuge perfecto (incluyendo aquel con quien se está casado). 1 Juan 1:8.

  • Cuando vemos matrimonios duraderos y felices, no miramos a personas que nunca han experimentado ningún problema en su relación. En lugar de eso, se trata de parejas que nunca vieron el divorcio como una alternativa aceptable. Debido a que el divorcio estaba fuera de su mente, ellos aprendieron cómo resolver muchas de las diferencias, y no menos importante, han aprendido a aceptar el hecho de que el matrimonio con un ser humano, implica estar casado con una persona imperfecta.

 4. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros…” (Santiago 5:16). Un sincero “lo siento” por lo general va a hacer mucho bien, pero debe ser sincero y seguido por los frutos del arrepentimiento. Mateo 3:8.

5. Si alguna vez sentimos que mantener el matrimonio unido y funcionando requiere hacer más de lo que nos corresponde y creemos que “nuestros derechos” están siendo descuidados, deberíamos recordar las palabras del Señor, “Más bien aventurado es dar que recibir”. Hechos 20:35.

6. No sea egoísta. “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria…” Filipenses 2:1-4 (LBLA)

(Nota. La palabra griega en la frase “egoísmo” en LBLA o “contienda” en RV1960 es erithia = denota ambición, buscar uno lo propio, rivalidad; W. E. Vine. “Ambición egoísta, con la implicación de rivalidad”; Swanson. “Un deseo de ponerse uno mismo por delante, un espíritu partidista y faccioso; Thayer. Rom 2:8; 2Cor 12:20; Gál 5:20; Fil 1:17; Fil 2:3; Stg 3:14, Stg 3:16).

7. No sea “criticón” (quejoso, siempre regañando). La crítica constante (aunque se justifique con la intensión de ser constructivo) no conduce a la felicidad conyugal. Proverbios 21:9; cp. 19:13; 27:15. En vez de llegar a ser alguien molesto, por un espíritu demasiado hipercrítico o quejoso, la Biblia habla de tratar de “agradar” a su cónyuge en el matrimonio (1 Corintios 7:33-34).

8. La intimidad física del matrimonio fue pensada para el placer y para prevenir el pecado (Proverbios 15-20; 1 Cor 7:1-5). El mal trato o descuido en el hogar no justifica el adulterio de ninguno, pero la mayor tentación que nosotros podemos causar a nuestro cónyuge, es una realidad que debemos enfrentar. Nunca debemos utilizar la relación sexual como un arma ni un instrumento de manipulación en el matrimonio. “El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido”. 1 Corintios 7:3.

9. Maridos, amen a sus esposas como a su propia carne (Efesios 5:25, 28, 33). Cuando $180.000 mil pesos para un arma de caza, o aun $5 millones para un nuevo bote parecen razonables, mientras que $20.000 mil pesos por un vestido son un “lujo extravagante”, necesitamos reconsiderar la frase “como a sus propios cuerpos”.

10. Esposas, sujétense a, y muestren respeto por sus esposos (Efesios 5:22, 24, 33). El lugar de sujeción es el rol asignado por Dios y la manifestación de respeto es lo que la mayoría de los hombres anhelan desesperadamente.

(Segunda Parte)

En un artículo anterior notamos que casi todos buscan consejo sobre el matrimonio en algún momento, y mientras las voces de la experiencia y sabiduría humana nos pueden ofrecer algún consejo útil; el mejor consejo, el consejo que es infalible, viene de Dios. Nunca olvide “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo; Por esto el hombre dejará a su padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”?” (Mateo 19:4, 5). Dado que el matrimonio se originó con Dios y es Su plan para la humanidad, el sentido común demanda que estudiemos Su plan para el matrimonio.

Si usted no ha leído el artículo anterior, les animo a que lo hagan, antes de leer éste. Entonces, por favor tómese el tiempo para leer todos los versículos citados a continuación. El espacio no permite que sean incluidos en el texto del artículo, pero es vital que estas palabras de Dios sean leídas y aplicadas.

1. Esposas pueden aprender a amar a sus maridos (Tito 2:3-5). En matrimonios en problemas, se plantea a veces la pregunta ¿Cómo se puede esperar (o “usted espera”) que permanezca con un hombre que yo no amo? Creo que la respuesta adecuada es que de ninguna mujer se espera que permanezca con un hombre al que ella no ama, pero si ella quiere agradar a Dios, aprende a amarlo. La pregunta entonces llega a ser ¿Por qué querría dejar al hombre que amo?

Pero, ¿Cómo Dios contesta la pregunta cuando preguntado por una mujer quien, desafortunadamente, está casada con un hombre quien ha demostrado ser completamente indigno del amor? “Pero yo os digo, amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Mateo 5:44.

2. Sea amable y respetuoso como lo fue durante el noviazgo (Efesios 4:32; Filipenses 2:1-4). Dios nos instruye a poner el interés de otros por delante del nuestro, y si hacemos esto con nuestros cónyuges, nuestros hogares serán más pacíficos.

3. No “esté apegado a las faldas de su madre” (corte ese tipo de lazos). Algunos parecen olvidar que su esposa es quien estuvo de acuerdo en casarse con ellos – no su padre o madre (Génesis 2:24). Recuerde el decreto de Dios de que “dos”, no tres o cuatro, son quienes llegan a ser “una sola carne”. Mateo 19:4-5

[Entre paréntesis; los padres deben permitir que los lazos “a sus faldas” sean cortados. Los padres no deben interferir en el matrimonio de sus hijos y no deben hacer sentir culpables a sus hijos cuando tratan de establecer sus propias familias].

4. Los dos no han llegado a ser “una sola carne” simplemente porque viven en la misma casa y duermen en la misma cama (Efesios 5:28-31). Para ser uno debemos hacer tiempo el uno para el otro. De vez en cuando debemos quedarnos en casa, apagar el televisor, dejar que el contestador recoja las llamadas, y hablar el uno al otro. Tal como Dios nos prohíbe volvernos en dos nuevamente (Mateo 19:4-6), El no se agrada cuando los dos nunca llegan realmente a ser uno.

5. Debido a que los problemas financieros a menudo destruyen matrimonios, aprendamos a estar contentos (Filipenses 4:11-13; 1 Timoteo 6:6-10; Hebreos 13:5). En vez de un hogar donde el oro gobierna, tengamos un hogar donde seguimos “la regla de oro” (vea # 9).

6. Nunca se involucre en una guerra de palabras. Cuando las acusaciones de, “y lo que tú haces”, comienzan a ser tratadas, a menudo resultan serias injurias (1 Pedro 2:21-23; Romanos 12:14). Mientras que la antigua frase “palos y piedras podrán romper mis huesos…”, la segunda parte acerca de que las palabras nunca lo harán, es tan falsa como puede ser. La palabras pueden cortar muy profundamente y pueden dejar cicatrices permanentes, ¡tenga cuidado!

7. Si es así, y cuando su cónyuge le maltrate, no sucumba a la tentación de buscar venganza (Romanos 12:17-21). La venganza es pecado y sólo empeora las cosas.

8. No [permita que] se ponga el sol sobre vuestro [su] enojo… (Efesios 4:26). Dificultades vendrán y los ánimos se elevarán, pero no permita que la ira hierva a fuego lento hasta que estalle.

9. “Por tanto, todas las cosas que usted quiere [que su cónyuge] haga a usted, haga también a él” (Mateo 7:12). Aunque estas palabras sencillas requieren poca explicación, ellas requieren autocontrol y abnegación (desinterés, lo contrario del egoísmo). Si practicamos sinceramente la regla de oro, la probabilidad es muy alta de que la paz y el amor reine en nuestros hogares.

10. Estudie la Biblia, en ambas formas, tanto individualmente, como en pareja (1 Pedro 2:1-3; Hechos 20:32). Ésta contiene instrucciones y guía del supremo consejero del matrimonio. La Biblia hará de usted una mejor persona, y mejores personas hacen mejores compañeros.

11. Ore, individualmente, y como pareja (1 Tesalonicenses 5:17). ¿Dónde mejor ir por fortaleza y sabiduría que a Dios Todopoderoso (Lucas 1:37; Mateo 19:26)? Santiago 1:5

“Amaos unos a otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros… Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis…No paguéis a nadie mal por mal… Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Romanos 12:10, 14, 17-19.

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