“Como su recompensa, los fieles subpastores escucharán del Jefe de los pastores: ‘Bien, buen siervo fiel’. Entonces él colocará la corona de gloria sobre sus frentes y los invitará a entrar en el gozo de su Señor. ¿En qué consiste ese gozo? En contemplar con Cristo a los santos redimidos, revisar con él su afán por las almas, su abnegación y sacrificio, su abandono de ganancias mundanales fáciles y todo atractivo mundanal, escogiendo el reproche, el sufrimiento, la humillación propia, la labor cansadora,... convirtiéndose en un espectáculo ante el mundo, ante los ángeles y ante los hombres. Todo esto termina entonces, y se ve el fruto de sus labores; almas salvadas mediante sus esfuerzos en Cristo” (2T 709).