“¡Cuán amable y tiernamente trata Dios con sus hijos! Los guarda de miles de peligros que ellos no ven, y los protege contra las artes sutiles de Satanás, para que no sean destruidos. Debido a que nuestra torpe visión no discierne el cuidado protector de Dios mediante sus ángeles, no procuramos contemplar y apreciar el interés siempre vigilante que nuestro bondadoso y benevolente Creador tiene en la obra de sus manos; y no nos sentimos agradecidos por la multitud de mercedes que nos concede diariamente” (1JT356).