Tirón de orejas para los criticones y chismosos por Elena White

Tirón de orejas para los criticones y chismosos por Elena White

Siempre tendremos en nuestra iglesia, y fuera de ella también, chismes y “críticas”. Personas fanáticas que sólo miran a sus problemas como los más grandes del mundo y siempre culpan a los demás de todo mal que sucede en su vida. Una de las claves para el éxito en la vida es la responsabilidad, la capacidad de dejar de culpar a los demás de todo lo que sucede con nosotros.

Ahora, vea el tirón de orejas que Elena de White da a esas críticas y chismes:

“Cuando se levantan hombres que pretenden tener un mensaje de Dios, pero que en lugar de luchar contra los principados y potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo constituyen un escuadrón traidor, y vuelven sus armas de combate contra la iglesia militante, temedlos. No llevan las credenciales divinas. Dios no les ha encargado en absoluto un trabajo tal. Quieren derribar lo que Dios anhela restaurar con el mensaje a Laodicea. El hiere sólo para que pueda sanar, y no para hacer perecer. El Señor no confía a ningún hombre un mensaje que desanime y desaliente a la iglesia.” (Testimonios para los ministros, página 22.)

Este fragmento de Elena de White muestra claramente que la actitud de los disidentes es motivada por el príncipe de las tinieblas, que se aprovechó de los sentimientos de amargura de ellos para arrojarlos en el precipicio de la crítica y desconfianza hacia el liderazgo de la iglesia. En vez de combatir “los principados y potestades”, combaten “el liderazgo”.

Una costumbre perjudicial que forma parte de la vida de los disidentes es el “ver la paja en el ojo de los líderes en lugar de sacar la “viga” que está en sus ojos.

Estos críticos también demuestran inmadurez espiritual en creer que todos los pastores tienen que ser “perfectos”. Crean patrones sobre humanos para los ministros, como si no fuesen pecadores como cualquier otra persona y carentes de la gracia diaria de Jesús.

Si los disidentes fueran guiados por Dios, en vez de criticar el liderazgo, orarían por los líderes y se pondrían a disposición de ellos para aconsejar (mansamente) y presentar soluciones. Tendrían la disposición de unirse en un espíritu de amor cristiano para que la obra crezca y Jesús vuelva pronto. Elena de White advierte:

“En lugar de la unidad que debe existir entre los creyentes, hay desunión, porque se le permite a Satanás que entre, y por medio de especiosos engaños y errores él induce a los que no están aprendiendo de Cristo a ser mansos y humildes de corazón a seguir una trayectoria diferente de aquella que sigue la iglesia, y quebrantar, si es posible, su unidad.” Testimonios para los ministros, página 48.)

¿Qué dice Elena de White sobre los disidentes que se alimentan con las críticas?

Ellos deberían separar un tiempo y leer el capítulo 70 de la Mente, Carácter y Personalidad, vol. 2, p.662-665, para que estén motivados a arrepentirse y a cambiar de actitud antes de que sea demasiado tarde. En el capítulo “Crítica”, este capítulo presenta serias advertencias, de las cuales destaco algunas:

“Al referirse constantemente a los errores y defectos de los demás, muchos se han convertido en dispépticos religiosos.” (p.662).

“Los que se critican y condenan mutuamente están quebrantando los mandamientos de Dios y son una ofensa para él. ” (p.665).

¿Te has dado cuenta? ¡Los críticos disidentes son una ofensa para Dios! ¿Cómo pueden esperar la salvación si continúan con ese espíritu satánico?

Ella continúa:

“Hermanos y hermanas: quitemos la basura de la crítica, los recelos y las quejas, y no seáis quisquillosos. ” (665).

Elena de White da una gran “tapa en la cara” a aquellos que creen estar “reformando la iglesia” a través de la rebelión contra el liderazgo. Ella muestra que la manera de Dios hará la Iglesia aún mejor no es su tipo de trabajo, sino una obra bien contraria a la que ellos hacen. Ver:

“Si todos los que profesan ser cristianos empleasen sus facultades de investigación para ver qué males necesitan corregir en sí mismos, en vez de hablar de las faltas ajenas, habría una condición más sana en la iglesia hoy.” (665).

¿Pueden quedar dudas después de un párrafo como ese, querido lector? Ellen White afirma que la Iglesia será más sana no a través de ataques al liderazgo, sino por medio de un análisis personal, en el cual el individuo reconoce sus puntos débiles y al lado de Dios, los corrige.

Por lo tanto, amigo lector, la crítica y el chisme del liderazgo de la Iglesia no tiene valor alguno a la luz de los escritos de Elena de White. Por eso, tengan en mente que lo que ellos dicen con el objetivo de “reformar” la Iglesia de la manera de ellos – y atacarla – no viene del Espíritu Santo (y ni podría venir, pues, no creen en Él). Las lecturas tendenciosas y parciales que ellos hacen de los escritos inspirados ya depone contra ellos, evidenciando ignorancia o mala fe.

Por Leandro Quadros

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