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¿Le cuesta orar? Una estrategia efectiva para prolongar su oración

No podemos decir que no tenemos tiempo para intercambiar una idea con nuestro Padre si pasamos una a dos horas al día en el twitter o en Facebook. No seamos hipócritas: la mayoría de los cristianos que no oran lo hacen por pura pereza o porque prioriza otras cosas: Internet, el seriado predilecto, el juego de fútbol o incluso el novio (a).

Pero hay aquellos que hasta quisieran orar, quieren mucho disciplinarse en eso pero se pierden en las oraciones, el pensamiento viaja, no saben qué decir y una serie de otras cuestiones. “¿Cómo debo orar?”, Se preguntan. La verdad es que hay muchas maneras de de practicar la oración con el Padre.

La oración no es una obligación o un medio de conseguir algo: es un privilegio. Concedido a nosotros por amor. Entonces, al erigir nuestro pensamiento a Él (de rodillas, sentados, de pie o plantando plátano) debemos saber qué gran honor y qué enorme precio de Cruz fue pagado para tener ese derecho.

Con eso en mente, lo que voy a compartir no es uno de esos “7 pasos para una oración eficaz” o “el secreto de la oración de fuego puro”, Dios me libre de sugerir esto. Es sólo una de decenas de formas de orar, a la que yo uso, y que funciona muy bien. “Funciona”, por cierto, es un pésimo verbo. Yo diría que “ayuda a aquel que ora a organizar sus pensamientos” muy bien.

La estrategia para orar

La idea es pensar en círculos concéntricos, es decir, un círculo dentro de otro círculo, que viene dentro de otro círculo y así sucesivamente. Los círculos centrales representan los asuntos relacionados con su persona: el primero es su vida espiritual. El segundo, su vida familiar. El tercero su vida profesional. El cuarto su salud. Etcétera. Cuando termines los círculos conectados a ti vienen los círculos de tu familia. Uno es su cónyuge. Otro es su padre. Otro su madre. Su hijo. Y así va. Después, cuando haya orado por usted y su familia, más externamente vienen círculos ligados a la iglesia local. Uno son los pastores. Otro son los departamentos infantiles. Otro la escuela bíblica. Etcétera.

Cuando terminan los círculos ligados a la iglesia local, vienen los círculos de su denominación. Ore por los líderes. Los consejos. Los Ancianos o lo que sea pertinente al grupo de fe que usted frecuenta. Habiendo orado por usted, su familia, su iglesia local y su denominación, pase a los círculos más amplios: su ciudad. Ahí estás por los gobernantes, por la violencia, etc. Pasa luego a tu estado. Después para la nación, con oración por el presidente, los congresistas y por ahí sigue. El siguiente círculo es el mundo. Ore por las guerras, por los conflictos, por los países donde hay persecución religiosa y así va.

Hasta aquí han sido las oraciones que usted hace. Es decir: lo que siempre está presente cada vez que usted habla con el Padre. Después de todo, en los círculos más externos están los pedidos de oración. Es hora de tomar el cuaderno donde usted anotó la solicitud de aquellos a quienes prometió oración y vaya de uno a uno. Son las intercesiones que usted prometió a aquel hermano (“voy a orar por usted”) o atendiendo a peticiones, personas que están enfermas y por ahí va. En resumen, son las oraciones que usted hará por un tiempo determinado.

Por fin, cuando termine todo, es muy agradable tomar un momento de alabanza a Dios, de agradecimiento por las respuestas que vendrán, de declaración de amor, de acción de gracias … simplemente agradezca. Puede orar el Padre nuestro, si lo desea. Es un momento más libre, de derramarse y deleitarse en la presencia del Creador.

Mi hermano, mi hermana, si usted dice que sólo puede orar dos minutos, porque no tiene tema en la oración o cualquier excusa parecida, puede estar seguro de que difícilmente usando esa forma de orar usted conseguirá cumplir todos los “círculos” en menos de media hora. Lo más probable es que lleve al menos una hora. A veces, dependiendo de la cantidad de personas por las que va a orar, cuando usted se da cuenta que oró por más tiempo de lo que dura un partido de fútbol.

Y entienda, no es una cuestión del tiempo que se gasta. Es posible hacer una oración profunda y que toque el corazón de Dios en diez segundos. Cuántas no fueron las veces en que oré sólo con lágrimas. Y estoy seguro de que Dios entendió y recibió perfectamente mi clamor. Pero si usted consigue organizarse a punto de elevar su voz al Cielo en favor de todo eso, de toda esa gente, de todas las necesidades, seguramente va a demandar un buen tiempo recorrer del primero al último círculo. Esto es: el tiempo no es la causa (“tengo que orar una hora cada día!”, Como algunos piensan), sino la consecuencia (“tengo tanto por lo que interceder que voy a llevar un buen tiempo”, eso sí).

Que sus momentos con Dios sean agradables. Que usted pueda sentir el deleite y el goce de estar en Su presencia. Que usted entienda que no está obligado a orar, pero que orar es uno de los grandes y más lindos privilegios del cristiano: es entrar en la presencia del Todopoderoso, del Altísimo Creador de todas las galaxias del universo, poder sonreír para Él y decir: “Padre …”.

Por Mauricio Zagari, via Apenas

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