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Los adventistas seguimos vagando en el desierto estando a las puertas de la Canaán celestial

El Israel antiguo y el moderno adventismo son dos movimientos paralelos. El antiguo Israel literal fue llamado a salir del Egipto literal, y el moderno Israel espiritual es llamado a salir de los modernos Egipto y Babilonia espirituales.

“Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales” (1 Cor 10:11).

De Egipto a Canaán había un corto trayecto, inferior a los 400 km. Caminando una media de 15 kilómetros diarios, la habrían alcanzado en menos de un mes.

Éxodo de Israel.

Según la cronología bíblica, los israelitas abandonaron Egipto el día 15 del primer mes, en el año 1491 AC. Acamparon en el mes tercero al pie del monte Sinaí, lugar en el que recibieron la ley, montaron el santuario e instituyeron sus servicios típicos cuyo propósito era revelarles al Cordero de Dios y el plan de la redención. Esa era una preparación necesaria para entrar en la tierra prometida.

Monte Sinaí
Fotografía del Monte Sinaí. Donde Dios se le apareció a Moisés y le dio los Diez Mandamientos

Durante casi dos años habían acampado alrededor del monte de la ley, cuando les llegó el mensaje: “Habéis estado bastante tiempo en este monte. Volveos e id al monte del amorreo… entrad y poseed la tierra que Jehová juró dar a vuestros padres” (Deut 1:6-8).

Comenzó entonces la marcha hacia Canaán, y en once días habían llegado a Cades-Barnea, en la franja sur de la frontera con la tierra prometida. El plan de Dios era introducirlos directamente allí.

Cades-Barnea, justo en el límite con la tierra prometida. Desde donde Moisés envió a doce hombres a reconocer la tierra de Canaán

“Dios les había dado el privilegio y el deber de entrar en la tierra en el tiempo que les señalara; pero debido a su negligencia voluntaria, se les había retirado ese permiso”

(Patriarcas y profetas, 413).

No era la voluntad de Dios que Israel peregrinase durante cuarenta años en el desierto; lo que él quería era conducirlo a la tierra de Canaán y establecerlo allí como pueblo santo y feliz. Pero “no pudieron entrar a causa de incredulidad”

(El conflicto de los siglos, 511; Heb 3:16- 19).

En Cades-Barnea (justo en los límites de la tierra prometida) su fe se tambaleó nuevamente. Fueron a Moisés y le propusieron que enviara espías a fin de que investigasen si la tierra era buena, y si iban a ser capaces de poseerla. Su petición evidenciaba que no creían a Dios, pero les fue concedida

Debido a su rebelión se encendió la ira del Señor y los envió al desierto por 38 años más:

“En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. Vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y cargarán con vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. Conforme al número de los días, de los cuarenta días que empleasteis en reconocer la tierra, cargaréis con vuestras iniquidades: cuarenta años, un año por cada día. Así conoceréis mi castigo” (Núm 14:32-34).

¿Con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿A quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad (Heb 3:17-19)

El Cades-Barnea de los Adventistas

El movimiento adventista alcanzó su Cades-barnea en la asamblea de Minneapolis, en el otoño de 1888. En los dos o tres años que la precedieron, el Señor, mediante el Espíritu de profecía, envió mensaje tras mensaje declarando que estaban en las lindes de la Canaán celestial, y llamó a un gran despertar espiritual.

Durante la asamblea de Minneapolis la justicia por la fe y la preparación para el fin fueron el tema de casi cada mensaje dado

En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu

(Testimonios para los ministros, 91-92).

Pero este mensaje de la justificación por la fe, fue rechazado:

“Todos los reunidos en esa asamblea tuvieron la oportunidad de ponerse del lado de la verdad recibiendo el Espíritu Santo que fue enviado por Dios en una corriente tan rica de amor y misericordia. Pero en las habitaciones ocupadas por algunos de nuestro pueblo se oyeron palabras de ridículo, crítica, burla y risa. Se atribuyeron al fanatismo las manifestaciones del Espíritu Santo. Las escenas que tuvieron lugar en aquella asamblea hicieron avergonzarse al Dios del cielo de llamar sus hermanos a los que participaban en ella. Todo eso lo observó el Vigilante celestial, y quedó escrito en el libro de las memorias de Dios” (Review and Herald, 16-17; escrito en 1896)

Debido a su incredulidad manifestada en el rechazo al mensaje enviado para prepararlos para la Canaán celestial, el Señor debió alterar su propósito y hacer que su pueblo volviera al desierto del pecado hasta que aprendiera la lección de la fe.

“Tal vez tengamos que permanecer aquí en este mundo muchos años más debido a la insubordinación, como les sucedió a los hijos de Israel; pero por amor de Cristo, su pueblo no debe añadir pecado sobre pecado culpando a Dios de las consecuencias de su propia conducta errónea”

(El evangelismo, 504)

La historia del antiguo Israel es un ejemplo patente de la experiencia pasada del cuerpo adventista. Dios dirigió a su pueblo en el movimiento adventista, así como sacó a los israelitas de Egipto… Si todos los que habían trabajado unidos en la obra de 1844 hubiesen recibido el mensaje del tercer ángel, y lo hubiesen proclamado en el poder del Espíritu Santo, el Señor habría actuado poderosamente por los esfuerzos de ellos. Raudales de luz habrían sido derramados sobre el mundo. Años haría que los habitantes de la tierra habrían sido avisados, la obra final se habría consumado, y Cristo habría venido para redimir a su pueblo. No era la voluntad de Dios que Israel peregrinase durante cuarenta años en el desierto; lo que él quería era conducirlo a la tierra de Canaán y establecerlo allí como pueblo santo y feliz. Pero ‘no pudieron entrar a causa de incredulidad’ (Heb. 3:19). Perecieron en el desierto a causa de su apostasía, y otros fueron suscitados para entrar en la tierra prometida. Asimismo, no era la voluntad de Dios que la venida de Cristo se dilatara tanto, y que su pueblo permaneciese por tantos años en este mundo de pecado e infortunio. Pero la incredulidad lo separó de Dios

(El conflicto de los siglos, 510- 511).

Al acercarnos al final del tiempo, estando el pueblo de Dios a las puertas de la Canaán celestial, Satanás redoblará sus esfuerzos tal como hizo antiguamente, para procurar que no pueda entrar en esa bendita tierra. Él tiende sus trampas a cada alma.

Satanás hará su último intento, tal como sucedió en la experiencia de Baal-Peor, suscitando un espíritu de mundanalidad e inmoralidad que contaminará incluso a algunos de los dirigentes, así como a miles de miembros. Eso sucederá en las lindes mismas de la Canaán celestial.

¡Cómo debiera embargar nuestros corazones el pensamiento de que nuestra vida de peregrinaje está a punto de concluir! “Cuando los hijos de Israel viajaban por el desierto, alababan a Dios con himnos sagrados” (Palabras de vida del gran Maestro, 240). Así quiere Dios que haga su pueblo.


Lea este tema completo en el libro “Cuarenta años en el desierto en tipo y antitipo” por Taylor G. Bunch.

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