La Conversión – Estudio profundo

El proceso de la conversión podría sinterizarse de esta manera: arrepentimiento, confesión y perdón. Tal vez algunas personas le otorguen a la conversión alguna connotación emocional y única en el tiempo, pero yo considero que es un proceso continuo y que deberemos repetir muchas veces en nuestro deseo de acercarnos cada vez más al modelo perfecto: Jesús. Tal vez exista un momento que podemos identificar como nuestra conversión inicial, pero considero que no debería ocurrir una sola vez en la vida.

El propósito del tratado es el siguiente:

  • a. Definir el proceso de la conversión.
  • b. Mostrar la importancia de la confesión.
  • c. Destacar la importancia del arrepentimiento que procede de Dios.
  • d. Exponer las condiciones para ser perdonados.
  • e. Presentar los riesgos de juzgar a otros.
  • f. Prevenir sobre la resistencia del corazón inconverso

El hombre promedio «se considera a sí mismo bueno», contradice la Biblia que en múltiples ocasiones afirma que «debo convertirme para no perecer». La conversión es «un proceso continuo que deberemos repetir muchas veces en nuestro deseo de acercarnos cada vez más al modelo perfecto: Jesús… requiere una conversión de todo corazón al principio, y una repetición de esta conversión diariamente» (Ellen G. White).

Llamados a Confesar

«La conversión es un cambio de corazón, un apartarse de la injusticia a la justicia. Confiando en los méritos de Cristo, ejerciendo verdadera fe en él, el pecador arrepentido recibe perdón de su pecado.»

El arrepentimiento procede de Dios: «Hay un problema con nuestra tendencia a la independencia… la realidad es que no ocurre así, aún aquello proviene de Dios. Es la obra del Espíritu Santo en el corazón la que nos llama al arrepentimiento.» (Hechos 5:30,31)

Dentro del proceso de perdón somos llamados a confesar: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9). «La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y declara pecados particulares» (Ellen G. White).

El Arrepentimiento

«No es por nuestros méritos que podemos alcanzar la salvación, esta será siempre por gracia, por los méritos de Cristo Jesús.» Dios busca no de justos, sino de aquellos que «reconociéndose pecadores quieran alcanzar el perdón mediante el arrepentimiento y la confesión» (Lucas 5:32).

Distinción fundamental: «Hay muchos que no entienden la naturaleza verdadera del arrepentimiento… Lamentan la pena más bien que el pecado» (Ellen G. White). El arrepentimiento genuino comprende tristeza y abandono del pecado: «Debemos aprender que Dios desea lo permanente no lo temporal… una vida racional de obediencia» (Mateo 9:13).

«Si bien es cierto que el arrepentimiento debe preceder al perdón… el pecador no puede producir por sí mismo el arrepentimiento… El primer paso hacia Cristo se da gracias a la atracción del Espíritu de Dios» (Ellen G. White).

El Perdón y el Don de Perdonar

«No somos criaturas perdonadoras. No tenemos la tendencia en el corazón para perdonar a otros sus ofensas… Si no sabemos perdonar Dios no podrá perdonarnos.»

La parábola de los dos deudores ilustra: un deudor de 10.000 talentos (unos 208 millones USD) es perdonado, pero luego no perdona una deuda de 100 denarios (386 USD).

Así también nosotros: «incapaces de perdonar cuando aparentemente tenemos deudas supuestamente saldadas con Dios que son muchísimo, pero muchísimo más grandes.»

No Juzgar

«Para algunas personas inclusive es un deporte apasionante disecar los caracteres de otras personas y encontrar sus fallas. Se espacian en los defectos de las personas.» Pero Jesús advierte: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados» (Mateo 7:1,2).

Preparado por Federico Salvador Wadsworth

Pensamiento de hoy

- Elena G. White

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