Escrito por Valter Dobelin
Todas las cosas en este mundo, cualesquiera que sean, están ligadas al reino de Dios o al reino de Satanás. Todo está ligado a quién adoramos. En la manera en que adoramos, fortalecemos uno u otro reino.
«Hay solo dos lugares donde podemos depositar nuestros tesoros: en las manos de Dios o en las manos de Satanás, y todo lo que no es ofrecido al servicio de Cristo es contado para el lado de Satanás, y va a fortalecer su causa». – Mayordomía y Prosperidad, pág. 35.

Dios quiere que usemos todos los medios posibles para la edificación de Su reino. Es importante que se diga aquí que, desde la época de los patriarcas, Dios ha bendecido a personas y pueblos, a fin de que Su reino sea establecido en la tierra.
Los reyes de Israel tuvieron la promesa de bendición, pero la mayoría de ellos «hizo lo que era malo ante el Señor». Algunos pocos dependieron de Dios y fueron ricamente bendecidos.
Uno de esos reyes fue Josafat, y de la vida de este rey queremos sacar una lección preciosa para un área de nuestra vida a la que, la mayoría de las veces, no le damos el debido valor o no entendemos debidamente el asunto. Vamos a tratar sobre las asociaciones que hacemos, ya sea en el área financiera, conyugal, social, etc.
Veamos el ejemplo de un hombre que vacilaba entre hacer la voluntad de Dios y hacer una asociación indebida, en 2 Crón. 17:5: Junto a la confirmación del reino de Judá, encontramos la expresión: «El cual tuvo riquezas y gloria en abundancia». Josafat, rey de Judá, procuró andar en los caminos del Señor, y esa es la razón por la que Dios confirmó su reino, dándole muchas riquezas.
Estas vinieron de diversas formas, inclusive de manos de los árabes y de los filisteos. Josafat se estaba engrandeciendo cada día, y esto venía del Señor. «Vino el terror del Señor sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, de manera que no hicieron guerra contra Josafat».
«Algunos de los filisteos traían presentes a Josafat, y plata como tributo; también los árabes trajeron ganado menor. Josafat se engrandeció en extremo continuamente; y edificó fortalezas y ciudades de almacén en Judá». – 2 Crón. 17:10-12.
Alianza Desastrosa y la Reprensión
Al cabo de algunos años, Josafat fue a ver a Acab, rey de Israel, y a invitación de este, el rey de Judá prometió ir a la guerra contra Ramot de Galaad. En esa ocasión hizo la siguiente promesa: «Seré como tú eres, mi pueblo como tu pueblo». – 2 Crón. 18:3.
Esta fue una declaración desastrosa, porque Josafat había sido engrandecido y había recibido muchas riquezas, pero estas no debían ser usadas para apoyar proyectos no bendecidos por Dios. Josafat sabía cuál era la voluntad de Dios, pero por haber dado su palabra a Acab, subió con él a la guerra y habría muerto si Dios no hubiera ido en su socorro.
Dios demostró Su desagrado por esta asociación a través del profeta Jehú: «Salió el profeta Jehú, hijo de Hanani, al encuentro del rey Josafat y le dijo: ¿Debías tú ayudar al impío y amar a los que aborrecen al Señor? Por eso ha caído sobre ti la ira de parte del Señor». – 2 Crón. 19:2.
Parece que Josafat entendió el mensaje y tomó varias medidas, entre ellas la de servir al Señor de todo corazón. En esa ocasión hizo una advertencia a los líderes: «Así andad en el temor del Señor con fidelidad y con corazón íntegro». – 2 Crón. 19:9.
En una situación que exigía plena confianza en Dios, Josafat insta al pueblo: «Creed en el Señor vuestro Dios, y estaréis seguros; creed en sus profetas, y prosperaréis». – 2 Crónicas 20:20.
Ellos creyeron en el Señor y gozaron de seguridad. Era de esperarse que Josafat, después de una grandiosa victoria como la descrita en el capítulo 20, hubiera aprendido a obedecer y depender totalmente de Dios. La seguridad, dijo él, viene de confiar en el Señor, y la prosperidad, de confiar en Sus profetas.
Alianza Prohibida
Después de la muerte de Acab, subió al trono su hijo Ocozías en el reino de Israel. Josafat ahora visita al sucesor de Acab y se asocia a él en un proyecto de construcción de una flota de naves para ir a Tarsis. Este acto tuvo consecuencias desastrosas. Aquello que había sido construido por la bendición de Dios fue destruido porque el rey no escuchó la palabra del profeta. Y la prosperidad implica creer en las palabras de los profetas.
Josafat pudo haber pensado: «Esta vez es diferente. Nos estamos uniendo solo en negocios. Yo y mi pueblo (judío) adoramos a Dios a nuestra manera, y él (Ocozías) y su pueblo (Israel) adoran a su manera». También diría el rey al recordar la reprensión del profeta Jehú: «En aquella ocasión empeñé mi palabra diciendo que yo y mi pueblo seríamos como él y su pueblo, pero esta vez nuestra asociación será solo comercial».
Josafat había puesto su confianza en Dios y gozaba de gran prosperidad. Dios estaba estableciendo su reino, haciendo conocido su nombre, pero, en un momento determinado, Josafat hace sociedad con quien no está preocupado por el Reino de Dios. Ocozías estaba preocupado por sí mismo. Estaba procurando el culto de sí mismo y no respetaba la voz de los profetas de Dios.
En el corto período que Ocozías reinó en Israel, hizo lo que era malo ante los ojos del Señor, siguiendo los caminos de su padre, Acab, y repitiendo las acciones de su madre, Jezabel, y adorando los mismos ídolos que Jeroboam introdujo cuando dirigió la separación como nación independiente de Judá. Respetaba las malas tradiciones de su propia historia familiar y seguía las costumbres de su pueblo.
Sus proyectos parecían de gran progreso humano y de fantástica creatividad. Grandes ganancias podrían obtenerse con el comercio de Tarsis. Sin embargo, aunque esto pudiera hacerse realidad, no era la voluntad de Dios la asociación de Josafat con Ocozías. ¿Por qué?
Porque Dios quiere poner riqueza en manos de aquellos que quieren participar en la edificación de Su Reino. Y si Dios ponía riquezas en la mano de Josafat, también las estaría poniendo en las manos de su socio Ocozías, quien hacía prosperar la obra de Satanás.
¿No es esto lo que ocurre con nosotros hoy? Al inicio de este capítulo vimos los dos bandos que estarán siempre en oposición: adoración a Dios o a Satanás. El reino de Dios o el reino de Satanás. Fortaleceremos uno u otro. Es cierto que el reino de Dios será, a su debido tiempo, establecido completamente. Pero Dios le dio oportunidad al hombre de participar en esta tarea para su propio beneficio.
De esta forma, cuando nos asociamos con alguien que no está comprometido con el reino de Dios, perdemos la bendición y aún corremos el riesgo de perder la propia vida, colocándonos al lado de aquellos cuyos proyectos fortalecen la causa de Satanás. El apóstol Pablo advirtió a los corintios:
«No os pongáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué sociedad puede haber entre la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión, la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía entre Cristo y el Maligno? ¿O qué unión del creyente con el incrédulo?» (2 Corintios 6:14-15)



