¿El cambio del sacerdocio abolió el diezmo? Una respuesta bíblica

Algunos sostienen que el diezmo fue abolido juntamente con el sacerdocio levítico y que, por consiguiente, los cristianos no tienen ninguna obligación de diezmar. Para defender esta posición recurren a Hebreos 7:12, donde leemos: “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. Sin embargo, este argumento pasa por alto que el diezmo existía mucho antes del establecimiento del sacerdocio levítico, que Jesucristo confirmó su práctica y que el autor de Hebreos lo relaciona directamente con Melquisedec, figura del sacerdocio eterno de Cristo.

En Hebreos 7:8 leemos: “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive”. Algunos argumentan que los hombres mortales mencionados eran exclusivamente sacerdotes judíos y que, por lo tanto, el pasaje no demuestra la continuidad del diezmo entre los cristianos. Sin embargo, esta interpretación requiere examinar el contexto histórico de la iglesia primitiva.

La iglesia cristiana estuvo constituida inicialmente por judíos convertidos que continuaban participando en la vida religiosa de Israel. Los primeros creyentes perseveraban en el templo (Hechos 2:46), Pedro y Juan acudían al templo a la hora de la oración (Hechos 3:1), y miles de judíos que habían creído continuaban siendo celosos de la ley (Hechos 21:20). Además, los cristianos frecuentaban las sinagogas, donde también se proclamaba el evangelio (Hechos 13:14; 18:4).

Por consiguiente, no existe fundamento para suponer que aquellos primeros cristianos abandonaron automáticamente el diezmo después de aceptar a Jesucristo. Aunque el Nuevo Testamento no especifica dónde entregaban sus diezmos, la continuidad de sus prácticas religiosas, unida a las enseñanzas de Jesús, permite cuestionar seriamente la afirmación de que el diezmo desapareció inmediatamente de la comunidad cristiana.

En Mateo 23:23, Jesús declaró: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.

Obsérvese que Jesús no condenó el diezmo. Por el contrario, declaró expresamente que debía practicarse sin descuidar los principios más importantes de la ley. La expresión griega μὴ ἀφιέναι, “no dejar de hacer”, refuerza la instrucción de no abandonar aquella práctica.

Si Jesús consideraba que el diezmo debía desaparecer, resulta significativo que no lo condenara ni anunciara su abolición, sino que exhortara a sus oyentes a no descuidarlo. Es cierto que estas palabras fueron pronunciadas antes de su muerte y dentro del contexto religioso judío. Sin embargo, quienes afirman que el diezmo quedó posteriormente abolido deben presentar evidencia bíblica de esa abolición, en lugar de darla por sentada.

Por otra parte, cuando Jesús declaró: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21), estableció el principio de reconocer las obligaciones correspondientes tanto a la autoridad civil como a Dios. ¿Y qué pertenece a Dios en relación con nuestros recursos materiales? Levítico 27:30 declara: “Y el diezmo de la tierra… de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová”.

Aunque Mateo 22:21 no menciona expresamente el diezmo, el principio establecido por Jesús es compatible con el reconocimiento de que una porción de nuestros recursos pertenece a Dios.

Génesis 14:20 declara que Abraham entregó los diezmos a Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo. Este acontecimiento ocurrió siglos antes del establecimiento del sacerdocio levítico y de la entrega de la ley en el Sinaí.

El autor de Hebreos retoma precisamente este acontecimiento para demostrar la superioridad del sacerdocio de Melquisedec sobre el de Leví. En Hebreos 7:9, 10 argumenta que Leví, por decirlo así, pagó los diezmos por medio de Abraham, porque todavía estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec salió a recibirlo.

Surge entonces una pregunta fundamental: Si el diezmo era exclusivamente una institución del sacerdocio levítico, ¿cómo pudo Abraham entregarlo a Melquisedec siglos antes de que existiera ese sacerdocio?

La respuesta es evidente: el diezmo no tuvo su origen en el sistema levítico. Por consiguiente, la desaparición de ese sistema no demuestra necesariamente la desaparición del diezmo.

Hebreos 7:12 enseña que el cambio de sacerdocio implica también un cambio de ley. Sin embargo, el contexto se refiere a las disposiciones que regulaban el sacerdocio, particularmente al requisito de pertenecer a la tribu de Leví. Cristo, siendo de la tribu de Judá, ejerce un sacerdocio superior conforme al orden de Melquisedec (Hebreos 7:13-17).

El autor no declara que el diezmo haya sido abolido. Por el contrario, lo utiliza como parte de su argumentación acerca de la superioridad de Melquisedec, cuyo sacerdocio prefigura el de Cristo.

Esto no significa que Hebreos 7 establezca explícitamente una nueva legislación sobre el diezmo cristiano, sino que la abolición del sacerdocio levítico no constituye por sí misma una demostración de que el diezmo haya quedado abolido.

Otro elemento que merece consideración es la enseñanza de Pablo acerca de la generosidad cristiana. En 2 Corintios 9:8 declara: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”.

Posteriormente añade: “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia” (2 Corintios 9:10).

Finalmente afirma: “Para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios” (2 Corintios 9:11).

Estas declaraciones presentan una notable semejanza temática con Malaquías 3:10, donde Dios promete bendiciones abundantes a quienes le entregan fielmente los diezmos: “Traed todos los diezmos al alfolí … y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

En ambos pasajes encontramos el principio de que Dios bendice la fidelidad y la generosidad de sus hijos, proporcionándoles recursos para continuar participando en su obra. Malaquías habla de bendiciones que sobreabundan, mientras que Pablo afirma que Dios puede hacer abundar su gracia, multiplicar la sementera y enriquecer a los creyentes para toda liberalidad.

¿Estaba Pablo aludiendo a Malaquías 3:10? Es posible, aunque no puede afirmarse categóricamente. La semejanza conceptual es significativa, aunque Pablo no cita expresamente ese pasaje. Además, en 2 Corintios 9:10 utiliza lenguaje procedente de Isaías 55:10, y en el versículo 9 cita el Salmo 112:9.

No obstante, resulta interesante que Pablo conserve el principio de la abundante provisión divina en el contexto de las contribuciones religiosas. Para el apóstol, la generosidad cristiana no empobrece espiritualmente al creyente, sino que constituye una oportunidad para experimentar la gracia y la provisión de Dios.

Es importante reconocer que 2 Corintios 8 y 9 tratan específicamente de una colecta voluntaria destinada a los creyentes necesitados, no de una legislación explícita sobre el diezmo. Por consiguiente, estos pasajes no deben utilizarse como si Pablo estuviera ordenando directamente diezmar. Su importancia consiste en demostrar la continuidad del principio de la mayordomía cristiana, la generosidad y la bendición divina.

El argumento de que el diezmo desapareció automáticamente con el sacerdocio levítico no resiste un examen completo de las Escrituras. Abraham diezmó antes de que existiera Leví; Jesucristo confirmó el diezmo en Mateo 23:23; los primeros cristianos, inicialmente judíos convertidos, continuaron participando en la vida religiosa de Israel; y el autor de Hebreos relacionó el diezmo con Melquisedec, figura del sacerdocio eterno de Cristo.

Además, Pablo enseñó que Dios bendice abundantemente la generosidad de sus hijos, utilizando expresiones que guardan afinidad temática con la promesa de Malaquías 3:10.

La conclusión es clara: el cambio del sacerdocio no equivale necesariamente a la abolición del diezmo. El sacerdocio levítico terminó, pero el sacerdocio de Cristo, conforme al orden de Melquisedec, permanece para siempre (Hebreos 7:17, 24, 25). Quienes sostienen que el diezmo fue abolido deben demostrar esa conclusión mediante las Escrituras, no simplemente deducirla de la desaparición del sacerdocio levítico.

Si bajo el antiguo pacto retener el diezmo constituía robar a Dios (Malaquías 3:8, 9), ¿significa que bajo el nuevo pacto ahora está permitido robarle? Dios mismo declaró: “Porque yo Jehová no cambio” (Malaquías 3:6).

Además, el diezmo antecede por siglos al sacerdocio levítico, pues Abraham entregó los diezmos a Melquisedec (Génesis 14:20), cuyo sacerdocio prefiguraba el sacerdocio eterno de Jesucristo (Hebreos 7:1-17). Por consiguiente, el diezmo no puede considerarse una institución exclusivamente levítica, ya que aparece antes de ese sacerdocio y ocupa un lugar importante en la exposición del sacerdocio de Cristo, establecido según el orden de Melquisedec.

Jesús mismo confirmó que el diezmo no debía descuidarse (Mateo 23:23). Por lo tanto, quienes afirman que el diezmo fue abolido deben demostrar bíblicamente cuándo y dónde Dios revocó lo que había declarado suyo. El cambio del sacerdocio levítico no constituye prueba de semejante abolición.

Escrito por Rafael Montesinos

Pensamiento de hoy

“Si acudes a Dios con corazón humilde y creyente para buscar dirección en medio de tu perplejidad, tendrás el privilegio de depositar tu caso en sus manos. El cielo y la tierra pasarán, pero sus promesas no fallarán” (CD 184).

- Elena G. White

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