Recursos Bíblicos

Tres Grandes Sorpresas cuando lleguemos al Cielo

Martín Lutero, el gran reformador del siglo XVI, en una de sus reflexiones, supuso que en el Cielo habría tres grandes sorpresas. La primera sería él mismo estar allí, la segunda sería encontrar personas que él nunca imaginó que estarían allí, y la tercera sería no encontrar a la gente que él imaginó que estarían. Al analizar estas tres grandes sorpresas del cielo propuestas por Martín Lutero, encontramos respaldo bíblico y en el Espíritu de Profecía.

La primera gran sorpresa – la de estar allí

Numerosos cristianos afirman correctamente, sobre la base de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, que pagó la deuda de nuestros pecados (Juan 3:16, 1Co 13: 3, 1 P. 2:24), que tienen absoluta certeza de la salvación en Cristo Jesús. Pero, a lo largo de su jornada cristiana, tropiezan y caen algunas veces. Reconocen que, aun teniendo una experiencia con Jesús, todavía son limitados como seres humanos, luchando contra todo pecado y las pasiones y debilidades, por lo tanto son pecadores, mentirosos, avaros, codiciosos, egoístas, egocéntricos, miserables, pobres … que… y esto hace que algunas veces duden de su salvación y se sientan indignos de entrar en el cielo.

De hecho, será una gran sorpresa nuestra llegada al Reino de los Cielos! Cuando lleguemos, miraremos a un lado y al otro, y finalmente sorprendidos y sin creer mucho, hemos de constatar que finalmente llegamos a los cielos. ¡Será emocionante percibir que completamos la carrera y conquistamos el premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús, y poder contemplar cara a cara al Señor!

¿Qué es la felicidad del Cielo si no es ver a Dios? Qué mayor gozo puede obtener el pecador salvado por la gracia de Cristo que el de mirar el rostro de Dios y conocerle como Padre?{8TI 279.5}

La Segunda gran sorpresa – encontrar personas que nunca imaginaria que estarían en el cielo

Será difícil ocultar el espanto al encontrar personas que, según nuestra evaluación, jamás deberían estar allí. Una de esas personas espantadas es el profeta Isaías. Él acaba de descubrir que el rey Manasés, hijo del rey Ezequías, está entre los salvos. Manasés, como sabemos, fue un rey impío, que erigió altares para practicar la idolatría, mandó sacrificar a uno de sus propios hijos, persiguió a los que eran fieles al verdadero Dios y, según la tradición, mandó a aserrar al medio al profeta Isaías. Imagino el asombro del profeta Isaías con la presencia de Manasés entre los salvos. “¿Cómo habría ocurrido esto? ¿No habría habido algún error?” Esteban, el primer mártir, es otro que no esconderá su admiración. No muy lejos de allí, sentado a la mesa, está alguien que ya había visto antes. Con un pequeño esfuerzo de memoria él recordará que, poco antes de morir, vio un joven sosteniendo las capas de aquellos que lo apedreaban. ¡Sí, es él mismo, Saulo, el feroz perseguidor de los cristianos! “¿Cómo llegó él?”, Se preguntará esteban. Esta segunda sorpresa nos remite al texto sacro:

“No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.” (1 Samuel 16: 7)

En realidad, seremos sorprendidos cuando lleguemos al Cielo. Elena G. de White afirma:

” A menudo consideramos sin esperanza a los mismos a quienes Cristo está atrayendo hacia sí. (…) En el cielo habrá muchos de quienes sus prójimos suponían que nunca entrarían allí. El hombre juzga por la apariencia, pero Dios juzga el corazón.” (Parábolas de Jesús, págs. 71 y 72)

Creo que muchas personas que no profesan la fe cristiana, pero con corazones puros, sinceros y piadosos, alcanzarán misericordia y redención divina. El Salvador dijo:

“Y les digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a comer con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos,” (Mateo 8.11)

¿Qué decir del ladrón en la cruz que horas antes estaba perdido blasfemando contra el Señor Jesús. Pero en un momento de lucidez, convencido por el Espíritu, en los últimos minutos de su vida, se entrega al Salvador.?

“Durante su agonía sobre la cruz, llegó a Jesús un rayo de consuelo. Fué la petición del ladrón arrepentido. (…) En Jesús, magullado, escarnecido y colgado de la cruz, vió al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La esperanza se mezcló con la angustia en su voz, mientras que su alma desamparada se aferraba de un Salvador moribundo. “Señor, acuérdate de mí—exclamó,—cuando vinieres en tu reino.” Prestamente llegó la respuesta. El tono era suave y melodioso, y las palabras, llenas de amor, compasión y poder: De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso. (El Deseado de todas las naciones, pág. 698)

No se espanten si encontramos en el Cielo a personas que confesaban una fe diferente a la nuestra. ¿Cuán grande es la sorpresa encontrar a personas que se decían espíritisas, budistas, musulmanes, judíos, hindúes … Muchos de ellos no conocieron a Cristo y nunca tuvieron contacto con el evangelio, pero que, bajo la influencia del Espíritu Santo, sintieron necesidad de liberación y han actuado de acuerdo con eso, serán salvas. Es lo que sugiere esta cita de Elena G. de White:

“Entre los paganos hay quienes adoran a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por un instrumento humano, y sin embargo no perecerán. Aunque ignorantes de la ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la naturaleza e hicieron las cosas que la ley requería. Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios.” (El Deseado de todas las naciones, pág. 593)

La salvación es por la gracia y es un don divino (Ef. 2: 8-10). Sólo el Señor Dios conoce todas las cosas y sondea nuestros corazones. Sólo el Señor Dios puede saber la intención de un corazón en su último suspiro de vida !!!

“Algunos de entre los remidos habrán aceptado a Cristo Cristo en las últimas horas de la vida, y en el Cielo se impartirá instrucción a los que, al morir, no comprendían perfectamente el plan de la salvación. Cristo guiará a los redimidos junto al río de la vida y les revelará todo lo que, cuando en la Tierra, no pudieron comprender. “(Comentario Bíblico Adventista, vol. 5, p.1156)

La Tercera gran sorpresa – no encontrar a las personas que imaginaba que estarían en el cielo

Después de ser presentados unos a otros, durante las bodas del Cordero, los salvos notarán que no se encuentran presentes muchas personas que estaban seguros de encontrar allí. Hay una porción de personas ausentes, y les gustaría saber por qué no están allí, ya que frecuentaban regularmente las reuniones de la iglesia, daban el diezmo fielmente, eran vegetarianas, hacían muchas obras de caridad y tenían apariencia de piedad. ¿Qué pasó con tales personas? Jesús afirmó:

“»No todos los que me dicen: “Señor, Señor”, entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial.Aquel día muchos me dirán: “Señor, Señor, nosotros comunicamos mensajes en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros.” Pero entonces les contestaré: “Nunca los conocí; ¡aléjense de mí, malhechores!”” (Mateo 7: 21-23)

Estas y otras dudas serán contestadas durante el milenio (juicio milenial), cuando todas nuestras dudas serán sanadas al abrir los libros de registro y verificar que Dios fue absolutamente justo en cada caso. Tal juicio deshacer toda la duda de la mente de los redimidos acerca de la malignidad del pecado y la justicia y el amor de Dios, de modo que el carácter de Dios quedará vindicado ante el Universo, y la comprensión de Su justicia garantizará la estabilidad eterna de la creación.

Queridos, que la primera gran sorpresa del Cielo se haga realidad en nuestras vidas y en las personas a las que amamos. Jesucristo vino para salvar a todos, pero para conocer las sorpresas del cielo, hay que hacer la elección de servir a Dios y hacer su voluntad. ¿Cuál es tu elección?

“El carácter que manifestaremos ahora decidirá nuestro futuro destino. Encontraremos la felicidad del cielo poniéndonos en conformidad con la voluntad de Dios, y si los hombres se convierten en miembros de la familia real en el cielo, será porque para ellos el cielo comenzó en la tierra.” (Hijos e Hijas de Dios, pág. 361)

“Nadie, ni siquiera Dios, puede llevarnos al cielo a menos que hagamos de nuestra parte el esfuerzo necesario. Debemos enriquecer nuestra vida con rasgos de belleza. Debemos extirpar los rasgos naturales desagradables que nos hacen diferentes de Jesús. Aunque Dios obra en nosotros para querer y hacer su beneplácito, debemos obrar en armonía con él. La religión de Cristo transforma el corazón. Dota de ánimo celestial al hombre de ánimo mundanal.” (Testimonios para la Iglesia 5, página 324)

“Nuestra tarea ahora es alistarnos para aquellas mansiones que Dios está preparando para los que lo aman y guardan sus mandamientos… El Señor Jesús aumentará la capacidad de cada mente y corazón para que puedan recibir el Espíritu Santo.”—Alza Tus Ojos, 149

Deja tu comentario